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lunes, 10 de septiembre de 2012

La Batalla Contra el Pecado

CJ Mahaney

En su libro titulado A Nation of Victims: The Decay of American Character [Una nación de víctimas: El desmoronamiento del carácter americano], el autor Charles Sykes hace la siguiente observación: “A través del siglo pasado, el triunfo del pensamiento terapéutico ha sido tan completo que con frecuencia se pasa por alto; lo que comenzó con el Dr. Freud es ahora lo básico de los programas de charla por la televisión durante el día, rutina en la política, casi reflexivo en asuntos de justicia criminal y ética”.[1]
Ya que haya oído o no haya oído la frase, sin duda se ha encontrado con el pensamiento terapéutico. Se ve en la sala tribunal cuando el abogado del asesino en serie pide lenidad a base de que su cliente fue rutinariamente abusado por su padre alcohólico. Dice que la mayoría de nosotros nos criamos en familias “disfuncionales”, ofreciendo así una explicación y excusa por nuestro comportamiento. En vez de enfatizar la responsabilidad personal, subraya la manera en que hemos sido psicológicamente afectados por nuestro ambiente. Como nota el científico social Dr. James Deese, el pensamiento terapéutico “está tan arraigado en las actitudes americanas modernas que apenas se puede desafiar.”[2]
Medita en Colosenses 2:8. ¿Cómo podemos protegernos para no ser tomados cautivos?
Sorprendentemente, la única institución que está mejor equipada para desafiar la tendencia terapéutica en realidad ha contribuido a su popularidad. Hablo de la Iglesia. En vez de exponer los errores de la psicoterapia, la Iglesia americana en la mayoría de los casos ha dado una aceptación sin crítico...aunque hay algunas francas excepciones. En su libro Biblical Medical Ethics, el Dr. Franklin Payne comenta, “La psicoterapia, como psicología y psiquiatría, necesita el más crítico y detallado examen por los cristianos evangélicos...Muchos cristianos son más influenciados por los conceptos de los psicoterapistas seculares que por la Palabra de Dios.”[3]
Los cristianos evangélicos y carismáticos tienen fronteras sin protección por las que las ideas psicológicas se deslizan fácilmente.[4]
—William Kilpatrick
He conocido a muchos de los cristianos que el Dr. Payne está describiendo. No hace mucho se me pidió que predicara en un retiro de hombres en otra iglesia. Al final de una sesión se me acercó un hombre que se me presentó y luego comenzó a hablarme de su situación difícil. Se había criado en una familia disfuncional. Era co-dependiente. Padecía de muy baja autoestima. En el espacio de los primeros dos minutos usó casi todas las palabras psicológicas de moda que existen.
Fue un encuentro incómodo. Yo no estaba ansioso por discrepar con él. Nunca lo había conocido antes, y quería que él experimentara mi cuidado e interés. Pero a medida que seguía y seguía parecía obvio que él daba por hecho de que yo estaba de acuerdo con él. Y no era así. ¿Por qué? Aunque él hablaba un impecable psicoparloteo, su diagnosis omitía toda referencia a la palabra con “P”. . . .
1¿Qué cosas en la vida de Jesús podrían hacer que un asesor le recomiende que se una al movimiento de recuperación?





Pecado.
Dichas omisiones lamentablemente son la norma hoy en la literatura cristiana popular y en los programas de charla por la radio. Vamos tras una comprensión más profunda de nosotros mismos (como la define el movimiento de recuperación) en vez de una convicción más profunda del pecado (como la define la Escritura). Nos interesamos más en nuestras propias necesidades y sentimientos que en el carácter y los mandamientos de Dios. No es de sorprender que no estamos madurando como Él quiere.

Nuestro Problema Más Serio

Escribiendo hace un siglo, J.C. Ryle ofreció una aguda pero sencilla explicación por las deficiencias que observó en la Iglesia: “Las confusas o indistintas opiniones sobre el pecado son el origen de la mayoría de los errores, herejías, y falsas doctrinas de los días presentes...yo creo que una de las principales necesidades de la Iglesia en el siglo diecinueve ha sido, y es, una enseñanza más clara, más plena sobre el pecado.”[5]Si esto era cierto durante su generación, cuánto más cierto es hoy.
Pero hemos ido un paso más allá. La enseñanza contemporánea sobre la autoestima ha reemplazado a la doctrina del pecado. Considera esta declaración de un autor bien conocido:
No creo que se haya hecho nada en el nombre de Cristo ni bajo la bandera del cristianismo que haya probado ser más destructivo para la personalidad humana, y por tanto contraproductivo al esfuerzo evangelístico, que la no cristiana, inculta estrategia de tratar de hacer que la gente se dé cuenta de su condición perdida y pecaminosa.[6]
Decir que nuestra primera necesidad en la vida es aprender sobre el pecado podría sonar extraño, pero en el sentido deseado es profundamente cierto. Si tú no has aprendido sobre el pecado, no puedes entenderte a ti mismo, ni a los demás, ni el mundo en que vives, ni la fe cristiana. Y no le podrás encontrar sentido a la Biblia. Porque la Biblia es una exposición de la respuesta de Dios al problema del pecado humano, y a menos que tengas ese problema claramente ante ti, seguirás perdiendo el punto de lo que dice...por lo tanto, está claro que necesitamos fijar nuestra mente en lo que nuestros antepasado hubieran llamado ‘claras opiniones sobre el pecado’.[7]
— J.I. Packer
Este pastor dice que llamar al pecado “rebelión contra Dios” es “superficial y un insulto al ser humano”.[8] Su convicción acerca del inherente valor del hombre lo lleva a la singular conclusión de que una nueva “reforma” está en orden. Mientras que el énfasis de Martín Lutero en la salvación por gracia a través de la fe transformó a la Iglesia en el siglo dieciséis, dice él, las iglesias de hoy deben reconocer el derecho sagrado de autoestima que tienen todas las personas.
Yo no pongo en duda la sinceridad del hombre, pero sus declaraciones son falsas. De hecho, son falsa doctrina. El énfasis moderno en la autoestima se ha convertido en una alternativa inaceptable para las doctrinas bíblicas de justificación y santificación.
Justificación. Jesús no murió en la cruz para mejorar nuestra autoestima. Él murió para expiar por nuestro pecado. Y aún así la cruz nos enseña una crucial lección sobre nuestro valor: Cada uno de nosotros merecemos la ira de Dios. Como manifestación de la inmerecida misericordia de Dios, la cruz revela la profundidad y la seriedad de nuestro pecado. Anthony Hoekema señala esto:
Para más estudio: La NIV Complete Concordance ofrece una lista de 466 veces en las que aparece la palabra “pecado” (o un derivativo) en la Escritura. Para un entendimiento bíblico de este vital tema...simplemente comienza a leer.
En el mundo de hoy hay poco énfasis en la doctrina bíblica del pecado. Pero la persona con un frívolo sentido del pecado y de la ira de Dios contra nuestro pecado ni sentirá la necesidad de ni comprenderá la doctrina bíblica de la justificación. Cuando el pecado se ignora, se minimiza, o se redefine ya no vivimos conscientes de nuestra desesperante necesidad de Jesucristo ni apreciamos lo que Él hizo en la cruz por nosotros.[9]
A menos que comprendamos la naturaleza del pecado y cuán ofensivo es a Dios, jamás entenderemos por qué la cruz fue necesaria. Jamás nos maravillaremos ante la gracia.
Con frecuencia he oído decir, ‘Si yo hubiera sido la única persona en la tierra, Jesús con todo hubiera muerto por mí’. Aunque nuestro Señor hubiera dado su vida por solamente una persona, ciertamente no hubiera sido porque esa persona fuera tan valiosa, sino porque Dios es clemente. Por lo tanto, algo así apenas debe considerarse como una fuente de orgullo o de valor propio. Que yo arguya que Jesús hubiera muerto por mí aunque yo fuera la única persona en la tierra simplemente indica que solamente mis pecados, sin el resto de ustedes para contribuir su parte, eran suficientes para exigir el severo castigo que Jesucristo asumió en mi lugar. Ante esa realidad, debemos llorar por el desinteresado sacrificio de nuestro Señor en vez de encontrar en ella una oportunidad más para sentirnos bien con nosotros mismos.[10]
—Dan Matzat
Santificación.Un claro entendimiento de la doctrina del pecado también es imperativo para la santificación. La Escritura revela que nuestro estorbo más serio para el crecimiento es el pecado contra Dios. El movimiento de recuperación, por otro lado, insiste en que las necesidades sin atender, el dolor, las emociones dañadas, o la baja autoestima son la raíz de nuestras dificultades. Las dos conclusiones están irreconciliablemente opuestas.
Para más estudio: Muchas de las referencias que hace la Biblia a la compasión de Dios se pueden encontrar en los Salmos (9:12,18; 34:18; 147:3) y en Isaías (49:13; 61:1).
No estoy negando la realidad ni la severidad del dolor que experimentamos cuando los demás pecan contra nosotros. Es crítico que no se me entiendas mal aquí. La Biblia hace numerosas referencias a los que están afligidos y oprimidos. Pero por favor comprende: El dolor no es nuestro problema principal. Jesús dijo, “Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona” (Mr 7:21-23; ve también Stg 1:14-15).
Demasiados de nosotros “sentimos la realidad de nuestras heridas más que el hecho de nuestro pecado”.[11] Pero si nosotros genuinamente queremos conformarnos a la imagen de Jesucristo, esto tendrá que cambiar. Nuestra libertad y madurez dependen de ello. El modelo terapéutico da un mal diagnóstico de nuestro problema principal, y por tanto prueba ser incapaz de ofrecer una solución eficaz. Pero una vez que reconocemos el pecado como la fuente de nuestro problema, de repente tenemos una solución bíblica y esperanza bíblica para cambiar. Esta se llama la doctrina de la santificación.

Poda Tu Propio Césped

La santificación es un proceso de arrepentimiento que dura toda la vida (no de recuperación) y obediencia (no sanidad interna) que resulta en santidad (no integridad) para la gloria de Dios (no la satisfacción personal). Esta doctrina es sucintamente expresada en Colosenses 3:1-17. Si todavía no lo has hecho, por favor toma un minuto para leer ese pasaje antes de continuar.
Medita en Colosenses 1:15-20. Juzgando por esta descripción, ¿crees que Jesús es suficiente para regenerarte y redimirte?
Es importante ver la transición que Pablo hace en este tercer capítulo. Los primeros dos capítulos de Colosenses enfatizan la supremacía y suficiencia de Cristo. Él enfatiza esto otra vez al comienzo del capítulo 3. Pablo conscientemente evitó enseñar a los colosenses sobre la santificación antes de que primero entendieran la obra de Cristo por ellos y dentro de ellos. Hasta que captaran lo que significa ser reconciliados con y regenerados por Dios, él sabía que no serían debidamente motivados por la gracia.
Ni nosotros tampoco. Esto es porque el segundo y el tercer capítulos de este libro subrayan la regeneración y nuestra unión con Cristo. También hemos escrito un libro sobre la doctrina de la justificación llamado This Great Salvation [Esta gran salvación]. Como Pablo, queremos motivar por gracia. Una vez se ha establecido ese fundamento, entonces podemos ir tras la santidad sin desviarnos hacia el legalismo o el libertinaje.
Pablo define el proceso de la santificación con dos sorprendentes frases: Debemos “abandonar” el pecado y “revestirnos” de rectitud (Col 3:8,12). Es sólo por lo que Cristo ha logrado en la cruz y el milagro de regeneración que podemos obedecer estos mandamientos. Y sin embargo esos dos imperativos sobrenaturales ahora nos dejan sin excusa. Si la gracia no resulta en santidad, entonces no hemos entendido correctamente lo que es la gracia. Dios totalmente espera que cambiemos, crezcamos, y maduremos. Como exhorta F.F. Bruce, “Ahora sean (en práctica de verdad) lo que saben que son (por un acto divino)”.[12]
Aunque el poder para tener un carácter santo viene de Cristo, la responsabilidad de desarrollar y exhibir ese carácter es nuestra. Este principio parece ser uno de los más difíciles de entender y aplicar. Un día sentimos nuestra responsabilidad personal y tratamos de vivir una vida santa en la fortaleza de nuestra propia fuerza de voluntad. El próximo día, dándonos cuenta de la futilidad de confiar en nosotros mismos, lo entregamos todo a Cristo y renunciamos a nuestra responsabilidad que está fijada en la Escritura. Necesitamos aprender que la Biblia enseña total responsabilidad y total dependencia en todos los aspectos de la vida cristiana.[13]
— Jerry Bridges
Por favor fíjate que Pablo dice que debemos “abandonar” y “revestirnos”. Tenemos el privilegio y la responsabilidad de participar en el cambio. Aunque la santificación no es una obra menos sobrenatural del Espíritu Santo que la regeneración, hay una diferencia fundamental: en la santificación tenemos un papel crítico. “Dios obra en nosotros y con nosotros”, dijo el gran pastor puritano John Owen, “no en contra de nosotros ni sin nosotros”.
Para más estudio: ¿Cómo contestarías a alguien que concluyera que “todo esfuerzo es malo” después de leer Zacarías 4:6?
Frases como “Deja de tratar y comienza a confiar” o “Desiste y deja que Dios” se prestan para imprimir en placas populares pero expresan una mala teología. Los que dicen que “Todo esfuerzo es malo” se equivocan tristemente. En realidad, la Biblia nos instruye a que busquemos “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12:14). Esta es esfuerzo motivado por gracia, por supuesto, no obstante es esfuerzo. Dios no nos ha dicho que oremos o que simplemente confiemos en Él para recibir santidad; Él dice, “ejercítate en la piedad” (1Ti 4:7). Hemos de obedecer en el poder del Espíritu Santo.
Pablo clarifica esta combinación de la obra de Dios con nuestra responsabilidad cuando escribe, “lleven a cabo su salvación (no trabajen para) con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Fil 2:12-13). Aunque nuestro esfuerzo aparte de la obra de Dios sería inútil, la santificación no se puede delegar a Dios. Cada uno de nosotros debe podar su propio césped.
¿Qué forma toma nuestra responsabilidad? ¿Cómo cumplimos con el mandamiento bíblico de deshacernos del pecado? La Escritura ofrece una estrategia de dos partes.

Estrategia #1: Atacar el Pecado

Me encanta la postura ofensiva contra el pecado del Nuevo Testamento. En ninguna parte es eso más evidente que en el mandamiento terso del apóstol Pablo a los colosenses: “Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal” (Col 3:5). En la batalla por la santidad personal, la agresividad es tanto un mandamiento como una necesidad. Debemos ser implacables. Debemos ir al ataque.
Necesitamos cultivar en nuestro propio corazón el mismo odio al pecado que tiene Dios. El odio al pecado como pecado, no sólo como algo inquietante o destructivo para nosotros, sino como algo desagradable a Dios, yace en la raíz de toda santidad.[14]
— Jerry Bridges

Pablo usa aquí una violenta metáfora no simplemente para captar nuestra atención sino para subrayar un aspecto crítico de la santificación. Hemos de matar cualquiera y toda manifestación de pecado en nuestro corazón. Debemos tomar la iniciativa para matar el pecado a diario.
Jesús llegó hasta decir, “si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno” (Mt 5:29). Él también recomendó amputarse una mano por la misma razón. ¿Jesús ordenaba una mutilación de verdad aquí? Yo creo que no, porque la mano o el ojo no es la causa principal. Jesús a propósito usó imágenes vivas para decir: Debemos reconocer la seriedad del pecado y tratar decisivamente con él. Resistir el pecado cuando somos tentados no es suficiente. Debemos dar pasos drásticos para atacar y matar el pecado en nuestra vida. John Owen nos exhorta a ir tras “una victoria sobre él, e ir tras una conquista completa... el pecado no morirá de otra manera, sino sólo al ser gradual y constantemente debilitado; si lo excusas, él sana sus heridas y recobra fuerza”.[15]
La disciplina espiritual de dar muerte al pecado, de otra manera conocida como mortificación, es una área muy descuidada de la verdad. La mayoría de nosotros tenemos tanta familiaridad con este tema como con las letrinas. “Nuestros padres hablaban de mortificar el pecado”, nota Sinclair Ferguson.[16] And J.I. Packer laments, “It is a theme on which no contemporary writing of significance seems to be available.”[17] Eso no es sorprendente, pero es revelador. ¿Puedes imaginarte un libro titulado ¡Muerte al pecado! como un éxito de librería?
Podemos tomar consuelo para nuestra alma si sabemos algo de la lucha y el conflicto interno. Es el invariable compañero de la genuina santidad cristiana...¿Encontramos en lo más profundo de nuestro corazón una lucha espiritual? ¿Sentimos algo de la carne que codicia contra el espíritu y el espíritu contra la carne...? ¿Nos damos cuenta de dos principios dentro de nosotros que contienden para dominar? ¿Sentimos algo de la guerra en nuestro hombre interior? Bueno, ¡demos gracias a Dios por ello! Es una buena señal. Muy probablemente es evidencia de la gran obra de la santificación...Evidentemente no somos amigos de Satanás...El mero hecho de que él nos asalta debe llenar nuestra mente de esperanza.[18]
— J.C. Ryle
Medita en 2 Corintios 10:3-5. En términos de guerra espiritual, ¿Pablo era un “halcón” o una “paloma”?
La mortificación no es popular porque tiende a ser difícil. Pregunta a la persona que está tratando de someterse alegremente a un jefe que repetidamente le ha negado un ascenso bien merecido. Pregunta a la pareja de recién convertidos, que están sin casarse y que ahora deben controlar los deseos sexuales que han gratificado por años. Pero escucha: esto no es un fin de semana de golf. Esta es una guerra. La santidad y el discipulado son guerra.
Atacar el pecado no es algo complejo. Y aunque yo quiero decir esto con sensibilidad, también quiero decirlo con firmeza: Tu habilidad para atacar el pecado no depende de tu pasado. No tenemos ninguna excusa aceptable para el pecado. Nunca se considera como una debilidad comprensible.
Vivir como cristiano quiere decir vivir en las trincheras. Sinclair Ferguson lo dice tan bien como lo podría decir cualquiera:
¿Qué es, entonces, esto de matar el pecado? Es la constante batalla contra el pecado que debemos llevar a diario - negarse a permitir que el ojo desvaríe, que la mente contemple, que los afectos vayan tras cualquier cosa que nos apartará de Cristo. Es el deliberado rechazo de todo pecaminoso pensamiento, sugerencia, deseo, aspiración, hecho, circunstancia o provocación en el momento en que nos damos cuenta de su existencia. Es el consistente esfuerzo por hacer todo lo que está en nuestro poder para debilitar el apretón que tiene el pecado en general, y sus manifestaciones en nuestra propia vida en particular. No se logra con sólo decir “no” a lo que es malo, sino con una determinada aceptación de todas las buenas y espiritualmente nutritivas disciplinas del evangelio.[19]
Medita en Gálatas 5:16-17. ¿Por qué todo cristiano genuino experimenta inquietud interna?
¿Describe esto tu actitud? ¿Hacia cuál fin están dirigidas principalmente tus energías, recreación o justicia? ¿Indulgencia a sí mismo o control de sí mismo? ¿Estás preparado para hacer lo que sea necesario para ganar la guerra? Si así es, ¿cuál es tu estrategia para atacar el pecado en tu vida ahora mismo?

Estrategia #2: Evitar el Pecado

Atacar el pecado no es todo lo que incluye el proceso de santificación. Debemos también evitar el pecado. Como seguidores de Jesucristo, somos llamados a una vida que se distingue de la cultura que nos rodea: “Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación” (2Co 7:1). ¿Cuáles son estas promesas que nos motivan a purificarnos y a buscar la santidad? La propia oferta de Dios de estar singularmente presente entre su pueblo a medida que nos separamos del mundo: “Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2Co 6:16).
Para más estudio: Lee Santiago 1:27. ¿Puedes escribir dos o tres maneras específicas en las que el cristiano podría ser “corrompido por el mundo”?
En un sentido, sería más fácil si Dios nos dijera que nos separáramos físicamente de la cultura. Pero Dios específicamente prohíbe eso (1Co 5:9-10), y por el contrario nos nombra embajadores (2Co 5:18-20). Ningún embajador trabaja con efectividad si está aislado. Hemos de relacionarnos con nuestra cultura sin reflejar nuestra cultura, siempre navegando entre lo secular y lo justo.
Nuestra carne constantemente nos ruega que seamos indulgentes, pero Pablo nos dice “no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa” (Ro 13:14). Eso quiere decir distanciarnos de todo lo que nos pueda tentar para pecar. Pablo dijo lo mismo a los corintios en términos más claros: “Huyan de la inmoralidad sexual” (1Co 6:18)...no dijo luchen con ella.
Aunque José vivió mucho antes que fuera escrito el Nuevo Testamento, él es un ejemplo de la manera en que debemos evitar el pecado (Gn 39:6-20). Por algún tiempo la esposa de su amo había tratado de seducirlo. Por fin, frustrada por la integridad de él, ella lo asió del manto y le dijo, “¡Acuéstate conmigo!”.
2 Cuando la tentación llega, tenemos dos reacciones básicas: luchar o huir. Marca lo que tú crees que sería la correcta reacción ante cada una de las tentaciones de la lista siguiente: Repentino temor de que alguien se meterá a robar en tu casa
❏Luchar ❏Huir
Curiosidad por el número de la revista Playboy sobre la política del Medio Oriente
❏Luchar ❏Huir
Deseo de “entrar en hibernación” cuando los amigos te decepcionan
❏Luchar ❏Huir
Fuerte sentido de ira cuando tu hijo derrama tu café
❏Luchar ❏Huir
Deseo de pasar por el bar (cantina) “sólo para ver a los viejos amigos”
❏Luchar ❏Huir
Ahora, José pudo haber visto esto como una cita divina. Pudo haber pensado: “Esta podría ser la oportunidad ideal para compartir con ella lo que Dios ha hecho en mi vida”. Pero él no coqueteó con la tentación. Ni siquiera lucho con ella. Simplemente huyó, dejando a la esposa de Potifar con el manto en la mano.
Me puedo imaginar uno de los criados caminando afuera de la casa cuando de repente, ¡gush! Una borrosa imagen humana sale por la puerta como un relámpago a una velocidad increíble.
-¿Qué fue eso?
José. El hombre de Dios. Corriendo para salvarse la vida.
-¡Señor!- dice sin aliento después de correr media milla. -¡Ayúdame!-
-Te estoy ayudando. Sólo sigue corriendo. Aléjate de esa mujer lo más que puedas-.
Es algo inteligente huir de la tentación. Es algo idiota quedarse ahí parado y tratar de vencerla con una mirada intensa. Sin embargo, algunos hubieran respondido a la situación de José de esta manera:
Esforzarse por conocer las maneras, tretas, métodos, ventajas, y ocasiones del éxito del pecado es el comienzo a esta guerra.[20]
— John Owen
-Dios, siento que la tentación comienza a desarrollarse. Clamo a ti, Señor. Por favor líbrame de esta situación.-
-Yo voy a librarte,- dice Dios. -¡Corre!-
-Señor, confío en que tú me librarás. Líbrame ahora mismo de sentir esta lujuria.-
-Esto no sucederá hasta que yo no vuelva, y no voy a volver en los próximos cinco minutos. Así que ¡a correr, Don Cabeza de Papa!-
-Señor, te doy gracias. Tú me has hecho nacer de nuevo, y yo sé que tu poder obra en mí. Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo.-
-Sí, así es, y el Mayor te está diciendo, ‘¡Muévete!’ ¡Mueve el cuerpo y muévelo ya!-
Si tomas en serio la santificación, no estarás tratando de ver cuánto te puedes acercar a la orilla de la acera. Estarás preparado para conducir al otro lado de la calle, si es necesario, para evitar el pecado. Y en las áreas en las que sabes que eres vulnerable, estarás obedeciendo el mandamiento de Jesús: “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación” (Mt 26:41).
Medita en 1 Timoteo 6:11. ¿Cuánto tiempo te toma, como promedio, para huir de la tentación una vez la has reconocido?
Necesitamos cultivar la habilidad de discernir dónde es que nos inclinamos más a pecar. De esa manera podremos desarrollar una estrategia para evitar la tentación. Las áreas de vulnerabilidad serán diferentes, pero cuidarse no es una opción para ninguno de nosotros.
¿En qué área(s) necesitas desarrollar una estrategia para evitar? Quizás puedas comenzar con cualquier cosa que hayas estado pensando al leer esta sección.

Una Nueva Mudada de Ropa

Como vimos anteriormente en Colosenses, quitarnos el pecado es sólo la mitad de la ecuación. Pablo nos exhorta, “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Col 3:12). No sólo debemos quitarnos el pecado, sino que debemos revestirnos de justicia (Ef 4:22-24).
“Estos dos factores”, escribe Jay Adams, “siempre deben estar presentes para poder efectuar genuino cambio. El quitarse no será permanente sin el revestirse. Revestirse es algo hipócrita y temporal, a menos que vaya acompañado de quitarse...La santificación continúa mientras el creyente a diario se aparta del pecado / a la justicia”.[21]
Para más estudio: Lee Apocalipsis 3:4-6. ¿Puedes identificar cuatro promesas en este pasaje?
Por ejemplo, si Dios ha expuesto el materialismo o la avaricia en tu corazón, arrepiéntete y luego comienza sistemáticamente a reemplazarlo con la generosidad. Comienza con pagar fielmente el diezmo a tu iglesia local; añade a eso las ofrendas, y busca oportunidades de dar en secreto también. Quizás tiendes a criticar a los demás. Si así es, confiesa el pecado de orgullo y conscientemente enfócate en animar y honrar a los demás. Si el egoísmo es un tema recurrente, ponte en situaciones que te exijan servir.
Lo que debe ser inmediatamente obvio es que el carácter no se puede desarrollar ni refinar en el aislamiento. Para cultivar una vida de justicia y fructífera necesitamos el contexto de una iglesia local. Por ejemplo, puedo ser un modelo de paciencia...con tal que esté solo. Puedo pasar días estudiando el tema de la compasión sin nunca encontrarme con alguien que necesite cuidado. A menos que tenga interacción con los demás soy simplemente incapaz de juzgar dónde es que necesito crecer.
El hecho es que hay muy pocos rasgos como los de Cristo que podemos desarrollar aparte de las relaciones en la iglesia. ¡Necesitamos gente para practicar! Si deseamos cambiar, nos comprometeremos con una iglesia donde los individuos toman en serio las exhortaciones bíblicas de animar y corregir.
3 Después de leer Colosenses 3:12-17, elige el rasgo de carácter cristiano que se menciona ahí (humildad, amabilidad, etc.) que más te gustaría desarrollar. Durante la próxima semana o dos, aparta tanto como cinco momentos devocionales para meditar sobre las Escrituras que subrayan esa área. También, pide a Dios maneras específicas de aplicar lo que aprendas. Character Trait:


Día uno:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día dos: Two:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día tres:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día cuatro:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día cinco:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación




Como quizás ya habrás percibido hasta ahora, luchar contra el pecado no sucede sin esfuerzo. Incluye la genuina confesión, el arrepentimiento, la obediencia a la Escritura, la responsabilidad ante los demás, y la consistente práctica de las disciplinas espirituales. También necesitarás valor y perseverancia. “No hay caminos rápidos ni fáciles hacia la madurez espiritual”, dice R.C. Sproul. “El alma que busca un nivel más profundo de madurez debe estar preparada para una larga, ardua tarea”.[22]
Es parte de la sana experiencia cristiana gozar de un continuo grado de liberación de los pecados...Pocas cosas dan al cristiano tanto alivio y ánimo como el recuerdo de pecados que una vez lo dominaban, pero que ha conquistado por el poder el Espíritu de Dios.[23]
— J.I. Packer
Pero ¿sabes cómo se siente crecer? ¿Sentir el placer y la presencia de Dios? ¿Oír su voz? ¿Saber que estás contribuyendo al avance de su reino? Nada se compara con esa experiencia. Y esta es la admirable recompensa de Dios para todos los que están dispuestos a quitarse el pecado y revestirse de justicia.
Permíteme impartir nueva esperanza en ti. No importa lo que hayas experimentado en el pasado, - por la gracia de Dios - puedes cambiar. Por medio de una determinada estrategia para atacar y evitar el pecado y al revestirte de justicia, puedes ser una persona dramáticamente distinta para estos días el próximo año.

Dicusión Grupo

1. Imagínate que estás en el jurado enjuiciando al asesino en serie que se menciona en la página . Está claro que el hombre fue golpeado con frecuencia por su padre que era alcohólico durante la niñez. ¿Cuánto influenciaría eso tu veredicto?
2. “Nos hemos interesado más por nuestras propias necesidades y sentimientos que por el carácter y los mandamientos de Dios”, dice el autor. (Página ) ¿Cuál es un ejemplo?
3. ¿Qué significa para ti autoestima?
4. ¿El mensaje de la cruz te hace sentir más o menos seguro respecto a tu identidad?
5. ¿Por qué es que el movimiento de recuperación es incapaz de subsanar nuestras necesidades más profundas?
6. Identifica el problema que está en la raíz de cada una de las siguientes situaciones:
-Desde que fue violada en la universidad, a Ana le han disgustado y ha desconfiado mucho de los hombres
-Guillermo quiere un divorcio porque su esposa le demuestra muy poco afecto
-Cuando está bajo intensa presión, María alienta pensamientos de suicidio
-Roberto, que creció visitando a su padre solamente los fines de semana, es un adicto al trabajo
7. . ¿Cuál es la mayor distinción entre la santificación y la regeneración?
8. ¿Por qué es que las relaciones en la iglesia son tan esenciales para el crecimiento del carácter?
9. . ¿En qué área de tu vida necesitas más una “nueva mudada de ropa”?

Recommended Reading

The Pursuit of Holiness por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1978)
The Practice of Godliness por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983)
Holiness por J.C. Ryle (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1979)
The Enemy Within por Kris Lundgaard (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 1998)

Referencias

  1. Charles J. Sykes, A Nation of Victims: The Decay of the American Character (New York, NY: St. Martin’s Press, 1992), p. 33.
  2. Idem.
  3. Franklin E. Payne, Jr., M.D., Biblical/Medical Ethics: The Christian and the Practice of Medicine (Milford, MI: Mott Media, Inc., 1985), p. 155.
  4. William K. Kilpatrick, Psychological Seduction: The Failure of Modern Psychology (Nashville, TN: Thomas Nelson, Inc., 1983), p. 24.
  5. J.C. Ryle, Holiness (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1979), p. 1.
  6. Robert Schuller, citado por Michael Scott Horton en Made in America: The Shaping of Modern American Evangelicalism (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1991), p. 78.
  7. J.I. Packer, God’s Words (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981), p. 71.
  8. Citado en Anthony A. Hoekema, Created in God’s Image (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1986), p. 106.
  9. Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 153.
  10. Dan Matzat, et al., Power Religion: The Selling Out of the Evangelical Church?, Michael Scott Horton, ed. (Chicago, IL: Moody Press, 1992), p. 256.
  11. Larry Crabb, Men and Women (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1991), p. 114.
  12. F.F. Bruce, The New International Commentary on the New Testament: Colossians, Philemon, and Ephesians (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1984), p. 140.
  13. Jerry Bridges, The Practice of Godliness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983), pp. 75-76.
  14. Jerry Bridges, The Pursuit of Holiness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1978), p. 32.
  15. Citado en Packer, God’s Words, pp.184-185.
  16. Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p. 158.
  17. J.I. Packer, God’s Words, p. 182.
  18. J.C. Ryle, Holiness, p. 55.
  19. Sinclair Ferguson, The Christian Life, p. 162.
  20. John Owen, Temptation and Sin (Evansville, IN: Sovereign Grace Book Club, edición reimpresa, 1958), p. 31.
  21. Jay E. Adams, The Christian Counselor’s Manual (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1973), pp. 177, 179.
  22. R.C. Sproul, The Soul’s Quest for God (Wheaton, IL: Tyndale House, 1992), p. 7.
  23. J.I. Packer, God’s Words, p. 185.
Recursos

Vivir Para Ese Día Final

C.J. Mahaney
Traducción por Covenant Life Church
¿Cuándo fue la última vez que oíste un sermón sobre el infierno? El cielo es un tema mucho más popular, pero aún eso se ignora en estos días. La tendencia en la predicación contemporánea es enfocarse no en nuestro eterno futuro, sino en nuestras presentes “necesidades percibidas”. Y aunque pueda que esos mensajes atraigan a las multitudes, no logran desarrollar madurez ni dar formación a la Iglesia. Escucha esta excelente observación por Darius Salter de su libro What Really Matters in Ministry:
Ha sucedido algo sorprendente entre los cristianos occidentales. Muchos de nosotros habitualmente pensamos y nos comportamos como si no hubiera eternidad - o como si lo que hacemos en esta vida presente no tuviera nada que ver con la eternidad...Vivir ajenos a la eternidad nos hace expertos en lo insignificante y novatos en lo significante. Podemos nombrar esa melodía, nombrar a los jugadores de fútbol, nombrar el estreno de la película de tal actor, nombrar el principal producto de exportación de tal país, y detallar las diferencias entre modelos de computadoras o tipos de automóviles. Ninguna de estas cosas es mala, por supuesto, pero es ciertamente revelador cuando consideramos que la mayoría de los cristianos, cuanto menos el público en general, ni siquiera tiene una idea correcta de lo que la Biblia dice que nos sucederá después de morir. Nuestra asignatura principal es lo momentáneo y la secundaria es lo trascendental.[1]
— Randy Alcorn
La falta de raíces en lo eterno puede ser el mayor defecto de la predicación evangélica que atrae a grandes números de personas...El principal propósito de predicar no debe ser acumular beneficios en esta vida para los feligreses sino preparar a los individuos para que comparezcan ante la presencia de Cristo. No hay propósito ni motivación más grande que saber que todos nosotros nos dirigimos a la eternidad, y muy en breve.[2]
Si alguien fue enraizado y motivado por lo eterno, éste fue Pablo. Sin descuidar las necesidades prácticas de aquellos a quienes servía, él constantemente llamaba la atención de ellos a la vida que estaba por venir. Y nos dice por qué en su segunda Epístola a los Corintios: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2Co 5:10).
Este versículo revela uno de los incentivos más apremiantes de la Escritura - y el que se pasa por alto con más frecuencia - para la santificación. Habla de un día cuando seremos juzgados por la manera en que hemos vivido como respuesta a la gracia de Dios. A base de esa evaluación, Cristo dará a cada creyente “lo que se merece”. Uno no necesita meditar mucho tiempo sobre las implicaciones de ese versículo para desarrollar un apetito para llevar una vida santa. Tenemos una vida corta en la que podemos determinar nuestras recompensas eternas...o nuestra pérdida eterna. Es esta urgencia que Pablo buscaba impartir a las iglesias a las que servía.

Vivir Según un Calendario de Dos Días

De modo que, como prisionero para el Señor, te recomiendo encarecidamente que lleves una vida digna del llamado que has recibido. (Ef 4:1)
Para más estudio: Lee Efesios 2:6-7. ¿Cuál dice Pablo que es el propósito del llamado de Dios en nuestra vida?
Todo cristiano genuino ha recibido un llamado de Dios. Este llamado fue concebido en la eternidad pasada. Antes de crear el mundo, Dios ya nos había escogido para ser suyos (Ef 1:4). En el momento de nuestra regeneración experimentamos el efecto de esa decisión. Esto no es un resultado del esfuerzo humano, ni tampoco es una recompensa por las buenas obras - es totalmente una obra de gracia. Sin embargo, en respuesta al llamado de Dios tenemos la responsabilidad de vivir de cierto modo.
Este es un asunto que con frecuencia se entiende mal, así que por favor síguelo con cuidado: Nunca fuimos ni nunca seremos dignos de su llamado. Pablo no nos está exhortando a que de alguna manera cualifiquemos para nuestro llamado. Eso sería imposible y sería una negación de la gracia. Él lo describe a los efesios como un llamado “que Dios nos dio” - no algo que ellos habían logrado. “Las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia” (Ef 1:7-8) incondicional y libremente por medio de la elección, la adopción, la redención, y la regeneración.
Medita en 2 Tesalonicenses 1:11. Nos da gran seguridad saber que las expectaciones de Dios de una vida digna se cumplen porque Él nos da el poder para vivir según lo exige ese llamado.
Todo cristiano necesita cultivar una confianza de y seguridad en este llamado. No obstante es nuestro privilegio y responsabilidad construir sobre ese fundamento por medio del proceso de santificación. Como Pablo dijo de sí mismo, “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa” (1Co 15:10). Habiendo recibido un llamado del que no éramos dignos, ahora somos responsables de vivir como dignos de ese llamado.
Pablo vivía intensamente consciente de que todos nosotros un día apareceríamos ante Cristo para dar cuenta de la manera en que hemos respondido a su llamado. Pero para algunos esto quizás parezca una contradicción. Si Cristo nos ha perdonado y nos acepta, ¿de qué se trata esto de un juicio?
1 Lee la segunda mitad del versículo mencionado arriba (1 Corintios 15:10). ¿Cómo describe Pablo el efecto que tuvo la gracia en él? ❏Lo hizo sentirse mejor sobre sí mismo
❏Le ayudó a relajarse en vez de sentirse presionado
❏Lo aseguró de la aceptación de Dios
❏Le evitó esforzarse
❏Lo motivó a trabajar duro para el reino
Como cristianos, no seremos juzgados por nuestros pecados en el día del juicio. Jesucristo ya ha sido juzgado en nuestro lugar. Por su expiatorio sacrificio a favor nuestro ya hemos sido salvados de la ira de Dios. “Y ahora que hemos sido justificados por su sangre [de Cristo],¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!” (Ro 5:9; ve también Ro 8:1).
Pero ¿seremos juzgados por las obras que hemos hecho - o que hemos dejado sin hacer - desde la conversión? Definitivamente. Todos nosotros daremos cuenta a Dios y nuestra vida será evaluada. Pablo presenta esto en términos muy vívidos:
Medita en Job 34:11-12. ¿Cómo es que las recompensas - tanto buenas como malas - revelan la justicia de Dios?
Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno...pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego. (1Co 3:12-13,15)
Es crítico que captemos esta distinción. Aunque nuestra reconciliación con Dios ha sido asegurada, nuestras recompensas (o pérdida de las mismas) serán determinadas por el punto hasta el que hemos buscado la santidad en respuesta a su llamado. No es que Dios esté obligado a recompensarnos - esto, también, es un acto de pura gracia, como Jerry Bridges tan bien lo describe:
Para más estudio: ¿Qué apremiante motivación tuvieron en común Moisés y Jesús? (Lee Hebreos 11:26, 12:2)
Esta es una asombrosa historia de la gracia de Dios. Dios nos salva por su gracia y por su gracia nos transforma más y más en la semejanza de su Hijo. En todas nuestras pruebas y aflicciones, Él nos alienta y nos fortalece con su gracia. También nos llama por gracia a desempeñar nuestra propia y única función dentro del Cuerpo de Cristo. Luego, de nuevo por gracia, da a cada uno de nosotros los dones espirituales necesarios para cumplir con su llamado. A medida que lo servimos, Él hace ese servicio aceptable a sí mismo por gracia, y luego nos recompensa cien veces por gracia.[3] Pero yo creo que es seguro decir que la mayoría de los cristianos tiene la actitud que dice que si tan sólo logro pasar por la taquilla ya me las he arreglado para la eternidad. Suponen que todos terminarán en los “asientos generales”. Pero eso simplemente no es bíblico. La Escritura enseña claramente que las recompensas variarán. Pasar por alto esta verdad es descuidar uno de los principales incentivos para la santificación.
Habrá grandes recompensas, menores recompensas, y - para algunos - ninguna recompensa. Por lo tanto habrá mucha diversidad, aunque todos compartiremos de la bendición del mundo venidero. Tal es la gracia y justicia del buen Señor.[4]
J. Rodman William
Martín Lutero dijo que sólo había dos días en su calendario: “hoy” y “aquel Día”.[5] Cada día nos acerca más a ese Día. Será un día de regocijo sin paralelo cuando veamos a nuestro Señor cara a cara. Pero también será un día de intenso escrutinio y examen. Y como explica Randy Alcorn, “Somos nosotros, por virtud de las decisiones que tomamos cada hora y cada día, quienes determinaremos lo que suceda en ese día”.[6]
Dios preguntará: “En vista de lo que has recibido, en vista de la gracia que yo te extendí a pesar de tu falta de mérito, ¿dónde invertiste tu vida? ¿Cuáles fueron tus prioridades y valores? ¿Me serviste o me usaste? ¿Llevaste una vida digna de tu llamado?” De nuevo, nuestras respuestas a esas preguntas no determinarán nuestra reconciliación con Dios, pero tendrán todo que ver con si recibiremos o no las recompensas que Dios con tanta ansiedad desea darnos.
En su excelente libro Money, Possessions and Eternity, Randy Alcorn escribe sobre este tema que tan raramente se considera hoy día. Yo encuentro su perspectiva útil en extremo y muy motivadora:
Medita en Efesios 5:16. ¿A qué crítico “hábito de estudio” nos anima este versículo?
El cielo será un lugar maravilloso. Pero lo que rara vez consideramos es que en el punto de entrada al cielo la Escritura claramente nos dice que hay un juicio de los creyentes que determinará por toda la eternidad nuestro lugar o estado en el cielo...la Escritura simplemente no enseña lo que la mayoría de nosotros parece dar por sentado-que el cielo nos transformará a todos en seres iguales con posesiones iguales y responsabilidades iguales y capacidades iguales. No dice que nuestra vida anterior carecerá de eterna importancia. Dice exactamente lo opuesto...
Se nos ha dado justa advertencia de que a cada uno de nosotros nos espera, al final del curso, un examen final. Será administrado por el director más justo y más estricto del universo. Cuán en serio tomamos esta clara enseñanza de la Escritura se demuestra con cuán en serio nos estamos preparando para ese día.
Cuando tomamos nuestras clases en la universidad nos preguntamos a nosotros mismos y a otros sobre el profesor: “¿Cómo son sus exámenes? ¿Toma asistencia? ¿Es estricto para calificar? ¿Qué espera en las composiciones?” Si voy a salir bien en la clase, debo saber lo que el instructor espera de mí. Debemos estudiar el programa de clase, la Palabra de Dios, para saber las respuestas a estas preguntas. Y cuando las sabemos, debemos tener cuidado de trazar nuestra vida de acuerdo a ellas - en vista del largo mañana.[7]
2 ¿Cómo podría el examen final de Dios ser diferente a los procesos de prueba comunes en las universidades hoy? ❏No se nos calificará en una curva
❏No podremos hacer trampa
❏No podremos apelar la nota
❏No podremos estudiarlo todo a última hora
❏Todo lo anterior
El regreso de nuestro Señor era un día que Pablo anticipaba añorante. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. Seguros en el hecho de que estamos justificados ante Él, debemos dedicarnos a las buenas obras que Él ha preparado de antemano, cumpliendo su eterno propósito en el contexto de la iglesia local. Entonces podremos compartir la confianza de Pablo de que “me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día” (2Ti 4:8). Pero las coronas cuestan mucho. Pablo había vivido digno de su llamado. Ahora veamos a alguien que no lo hizo.

El Tonto Más Sabio

Examinar la vida privada de figuras prominentes puede hacernos reflexionar mucho. Después de estudiar cien de los líderes mejor conocidos de la Escritura, el autor Robert Clinton encontró que menos de 25% de ellos terminó el curso de la vida con su reputación y su liderazgo intactos. Quizás el más trágico de esos fracasos fue Salomón.
Salomón comenzó con tanto potencial y promesa. Pronto después de nacer, el profeta Natán anunció que Dios tenía un nombre específico y especial para él: Jedidías, que quería decir “amado por Dios” (2S 12:25). Cada vez que alguien usaba su apodo especial era un nuevo recordatorio del afecto de Dios. (Nos podemos imaginar que a los hermanos de Salomón a veces se les hacía difícil crecer a su lado.)
Resuelto, nunca hacer nada que temería hacer si esa fuera la última hora de mi vida.[8]
— Jonathan Edwards
Como el sucesor de David, Salomón heredó el trono de un próspero reino. Al principio demostró genuina humildad. Una noche después de ofrecer mil holocaustos, Dios se le apareció en un sueño y le dijo, “Pídeme lo que quieras”. Salomón, conciente de sus limitaciones como también de sus responsabilidades, respondió, “No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme...te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?” (1R 3:7-9). Dios se agradó tanto con la petición que prometió hacer a Salomón el hombre más sabio (aparte de Jesús) de la historia y prosperarlo y honrarlo sobre todos los demás reyes. Con la unción de Dios, Salomón pudo dirigir a Israel hacia una prosperidad sin antecedente ni paralelo.
Pero en el análisis final, Salomón desperdició su llamado. No estamos preparados para la evaluación final que la Escritura hace de su vida:
Para más estudio: Lee Hebreos 6:7-8. ¿Qué será de la persona que absorbe la gracia de Dios sin dar ningún fruto?
Entonces el SEÑOR, Dios de Israel, se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado de él...el SEÑOR le dijo: Ya que procedes de este modo, y no has cumplido con mi pacto ni con los decretos que te he ordenado, puedes estar seguro de que te quitaré el reino y se lo daré a uno de tus siervos. (1R 11:9,11)
¿Qué sucedió? ¿Cómo podía un hombre con el singular llamado de Salomón acarrearse para sí una disciplina tan fuerte? La Biblia no nos deja especulando: “Sus mujeres le pervirtieron el corazón...y no siempre fue fiel al SEÑOR su Dios como lo había sido su padre David” (1R 11:4). Aunque amado, llamado, y singularmente dotado por Dios, Salomón desarrolló un patrón de desobediencia que lo llevó a su gradual deterioro espiritual. Faltó en obedecer su propio sabio consejo: “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Pr 4:23).
3 Salomón dejó que sus muchas esposas apartaran su corazón del buen camino (1 Reyes 11:3). ¿Hay algo que evite que tu corazón esté totalmente dedicado al Señor tu Dios?











En la misericordia de Dios, Salomón se arrepintió antes de morir. Pero el perdón de Dios no pudo aliviar la agonía de remordimiento cuando meditaba en lo que su vida pudo y debió haber sido.
Sus reflexiones se encuentran en el libro de Eclesiastés, las dolorosas memorias de un viejo que se dio cuenta que había pasado mucha de su vida en vano. Antes que vivir digno de su llamado, Salomón fue tras toda forma de placer personal (Ec 2:10) y encontró que no ofrecía lo que anunciaba. Hay mucho que podemos aprender de sus palabras finales:
El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto. (Ec 12:13-14)
Medita en Hebreos 6:11-12. Un adelanto en la carrera de la fe no es garantía de éxito; lo que vale es cómo la termines.
Mientras Salomón se preparaba para morir, yo creo que estaba dolorosamente conciente de que no oiría las palabras “Hiciste bien” del capítulo 19 de Lucas. Sólo los que han hecho bien las oirán. Pero su vida ha sido preservada como una advertencia para que podamos evitar una experiencia similar. No hay razón para que nosotros terminemos nuestra vida con remordimiento. Al dedicar nuestra vida al proceso de la santificación, podemos probar ser más sabios que Salomón.

Cómo Hacer las Preguntas Correctas

Un día estaremos ante Dios - no en grupo, sino solos. Entonces Él evaluará todo lo que ha sucedido en nuestra vida desde la conversión. La Escritura nos da una imagen de ese momento: “Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (1Co 4:5).
En los términos más gráficos, en el día del juicio Dios preguntará, ‘¿Qué hiciste?’ Él no preguntará, ‘¿Qué te sucedió?’[9]
— David Powlison
Dios anhela presentar recompensas eternas a cada uno de nosotros. Para hacer esto posible, Él nos ha llamado y nos ha regenerado, ha preparado buenas obras para que nosotros andemos en ellas, y nos ha puesto en la iglesia local donde podemos aplicar y obedecer la enseñanza bíblica. Sin embargo, debemos estar concientes de que Él es un Dios justo...y que califica objetivamente. Cuando venga ese día, no habrá una segunda oportunidad.
La historia nos habla de un individuo que recibió una segunda oportunidad, más o menos. Randy Alcorn relata la historia:
Medita en 1 Corintios 3:8. ¿Puedes encontrar la frase en este versículo que indica cómo seremos recompensados?
Alfred Nobel era un químico suizo que hizo su fortuna al inventar la dinamita y otros poderosos explosivos, que fueron comprados por los gobiernos para producir armas. Cuando murió el hermano de Nobel, un periódico accidentalmente imprimió el obituario de Nobel por equivocación. Fue descrito como un hombre que se hizo rico al hacer posible que la gente se matara unos a otros en cantidades sin precedente. Desconcertado por este juicio, Nobel resolvió usar su fortuna para recompensar los logros que beneficiaran a la humanidad, incluso lo que ahora conocemos como el Premio Nobel de la Paz.
4 ¿Cuáles son tres cualidades o logros que te gustaría que resaltaran en tu propio obituario? •


Nobel tuvo una rara oportunidad - ver el juicio de su vida al final, cuando todavía estaba vivo y tenía la oportunidad de cambiar ese juicio.
Pongámonos en el lugar de Nobel. Leamos nuestro propio obituario, no como lo escribirían hombres no informados o con prejuicios, sino como lo escribiría un ángel desde el punto de vista del cielo. Mirémoslo detenidamente. Luego usemos el resto de nuestra vida para editar ese obituario hasta que llegue a ser lo que en realidad queremos que sea.[10]
Editar nuestro obituario comienza con estar dispuestos a hacer ciertas preguntas penetrantes. De hecho, todos los días de nuestra vida deben estar marcados por un escrutiñador juicio bíblico:
“¿Está aumentando mi conocimiento de y pasión por Dios?”
“¿Está aumentando mi conocimiento de y pasión por Dios?”
“¿Pueden los demás confirmar que estoy creciendo en carácter?”
“¿Estoy comprometido con y estoy sirviendo en la iglesia local?”
“¿Esta actividad es digna del llamado que he recibido?”
“¿Qué es lo que estoy haciendo que hace una diferencia eterna?”
Ninguna decisión ni actividad debe estar libre de esta clase de cuestionamiento. “La realidad de nuestro futuro eterno debe dominar y determinar el carácter de nuestra vida presente, hasta nuestras palabras y nuestro comportamiento”, escribe Alcorn.[11] 11 Si Dios va a evaluar todos los aspectos de nuestra vida, así debemos hacerlo nosotros. Esto transformará la manera en que vemos el trabajo, la diversión, la participación en la iglesia, y las relaciones. Y asegurará que mucho menos arda en llamas en aquel día final.
Debe ser el negocio de todos los días prepararnos para nuestro último día.[12]
El escritor de Hebreos nos exhorta diciéndonos “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Heb 10:24-25). Confío en que este capítulo te haya permitido ver el Día que inevitablemente se acerca. Y oramos que este libro te haya animado y provocado en el proceso de la santificación.
Medita en Apocalipsis 22:12,14. Como Martín Lutero, hagamos de éste el día más importante de nuestro calendario...y comencemos a vivir como si así lo fuera.
No es un camino fácil el que has escogido. La santificación será difícil, desafiante, y dolorosa - aunque nada como el dolor de la desaprobación de Dios. Pero cuando venga el Día y oigas a Dios decir, “Hiciste bien”, todo sacrificio palidecerá ante tu eterna recompensa. Comparado con eso, no hay nada más que en realidad sea importante.
Nada.

Discusión en Grupo

  1. Darius Salter escribe, “El predicador que mejor prepara a sus oyentes para hacer frente a las presiones de la sociedad norteamericana quizás no sea el predicador que mejor prepara a su gente para el cielo”.[13] Divide al grupo en dos partes: los de “mente terrenal” y los de “mente celestial”. Permite que cada grupo piense en tres títulos relevantes para un sermón que refleje su perspectiva, y luego comparen notas.
  2. ¿Cómo podemos demostrar que somos dignos de su llamado? (Advertencia: Esta es una pregunta engañosa.)
  3. ¿Debemos temer aparecer ante el Trono del juicio de Cristo?
  4. Antes de leer este capítulo, ¿creías que en el cielo todos terminaríamos en los “asientos generales”? Explica.
  5. ¿Cuál es la diferencia entre ir tras las recompensas y tratar de ganarnos la salvación?
  6. ¿Es algo subespiritual ser motivado por las recompensas?
  7. ¿Cuáles fueron los puntos salientes de tu obituario? (Página 90)
  8. ¿Cómo vas a responder a este capítulo?

Lectura Recomendada

Money, Possessions and Eternity by Randy Alcorn (Wheaton, IL: Tyndale House, 1989)

Referencias

  1. Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity (Wheaton, IL: Tyndale House, 1989), pp. 138, 139.
  2. Darius Salter, What Really Matters in Ministry (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1990), pp. 123, 124.
  3. Jerry Bridges, Transforming Grace (Colorado Springs, CO: NavPress,1991), pp. 169-170.
  4. J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume 3: The Church, the Kingdom, and Last Things (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1992), p. 457.
  5. Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, p. 151.
  6. Idem.
  7. Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, pp. 144, 149, 150-51.
  8. Jonathan Edwards—Representative Selections, with Introduction, Bibliography, and Notes, Clarence H. Faust y Thomas H. Johnson, ed. (New York, NY: Hill and Wang, revised edition, 1962), p. 38.
  9. David Powlison, “Crucial Issues in Contemporary Biblical Counseling” in Journal of Pastoral Practice, Vol. IX, No. 3, 1988, p. 61.
  10. Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, p. 151.
  11. Idem., p. 139.
  12. Idem., p. 137.
  13. Darius Salter, What Really Matters in Ministry, p. 121.

Los Frutos de la Justificacion (II)

En el capítulo anterior hablamos brevemente de la relación especial de la que ahora gozamos. Hablo del hecho de que Dios se ha convertido en nuestro Padre. ¿Recuerdas a nuestro amigo que miraba tristemente por la ventana de su celda abierta? Si tan solo él pudiera darse la vuelta vería más que una puerta abierta. Vería a un Padre que lo espera para recibirlo.
Puedo recordar vívidamente un sábado por la mañana con mi padre. Los dos nos encontrábamos sentados a la mesa de la cocina cuando sonó el teléfono. Yo era un joven en ese entonces y estaba apartado de Dios. Al contestar el teléfono, se me heló la sangre. El que llamaba se identificó como un detective del Departamento de Policía del Condado de Montgomery, Estación Glenmont. En palabras policíacas, me informó que me habían observado usando una sustancia controlada (marihuana) en una residencia en particular la noche anterior (lo cual era cierto). Me informó que iba ha ser arrestado y me pidió que me entregara.
Mi padre podía ver, por mi expresión, que sucedía algo muy malo. “¡¿Qué pasa?!” preguntó.
Yo sólo pude contestar vagamente, “Me agarraron.”
Lo que siguió fueron carcajadas al otro lado de la línea. Unos “amigos” míos me estaban jugando una broma pesada. El tonto infractor de la ley también era un tonto ingenuo. No se me había ocurrido que la policía no arresta a las personas por teléfono. Como cortesía, lo hacen en persona.
Aunque jamás olvidaré esa broma pesada, lo que más me impresionó fue la reacción de mi Papá. El pudo haberme regañado por ser la desgracia que ciertamente yo era. Pero lo primero que hizo fue afirmar su amor y apoyo. Eso me afectó profundamente. No tengo ninguna duda de que, de ser posible, Papá hubiera tomado mi lugar y mi castigo. Su lealtad era lo contrario de lo que yo merecía.
“Tú nos has creado para Ti mismo, oh Dios, y nuestro corazón está inquieto hasta que encuentra su descanso en Ti.” – Agustín
Jesús contó una historia de otro hijo necio que, después de exigir egoísta y prematuramente su parte de la herencia de la familia, prosiguió a malgastarla. Cuando finalmente se le acabaron todos los recursos, el hijo pródigo decidió regresar a la casa de su padre y pedir la oportunidad, no de ser restituido como hijo, sino de ser empleado como siervo. “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros” (Lc. 15:18-19). El padre tenía todo el derecho de ridiculizar y rechazar al hijo; el sólo aceptarlo como trabajador hubiera sido una señal de verdadera generosidad. Pero al contrario, él esperaba ansiosamente su regreso, y recibió a su hijo con regalos y un banquete. La misericordia de Dios se presenta en esta historia como el padre colma de regalos a su hijo con amor, perdón, y aceptación – algo muy distinto a lo que el hijo esperaba o merecía.
Medita en Juan 8:1-11. ¿Qué castigo merecía esta mujer por su pecado? ¿Qué recibió?
Hasta aquí, nuestro estudio de la justificación ha rendido evidencia indiscutible de que ésta en realidad, es una gran salvación. Hemos aprendido a cómo combatir la influencia persistente de la acusación y la adversidad. Hemos navegado los temas serios de nuestro propio pecado, de la santidad y la ira de Dios. Hemos examinado mas de cerca a la Cruz, en la que nuestro Salvador padeció la condena que nosotros merecíamos, para que podamos ser justificados ante Dios. En ella El obtuvo para nosotros paz con Aquel que había sido el objeto de nuestra hostilidad; el perdón de Aquel contra el que habíamos pecado; y una unión con El que nos da poder en nuestra lucha contra el mal.
Ahora concluimos con dos aspectos finales de nuestra herencia en Cristo: la adopción y la esperanza de una gloria futura.

Revelando al Padre

“¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y los somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.” – Juan el Apóstol
La teología Bíblica nos enseña a esperar una revelación progresiva en la Escritura.[1] Por ejemplo, el misterioso mensaje de Génesis 3 sobre la simiente de una mujer que hiere la cabeza de una serpiente, se hace claro y evidente en la declaración del Nuevo Testamento de la crucifixión y posteriormente la resurrección de Jesús. De forma parecida, el Antiguo Testamento sólo nos da los bosquejos más generales de algo que es una revelación central en el Nuevo Testamento: la paternidad de Dios. Para estar seguros, hay pasajes que se refieren a Israel como el hijo primogénito de Dios y también otras pequeñas indicaciones de esta verdad. Pero aún la idea se refiere regularmente a un sentido nacionalista. El es el Padre de la nación de Israel, no de los individuos. Primordialmente, el Antiguo Testamento presenta a Dios no como nuestro Padre, sino como un Rey grandioso y santo.
Por supuesto que Dios siempre ha sido Padre, y Jesucristo siempre ha sido Dios el Hijo. Pero era necesario que Jesús viniera y nos revelara a Dios como Padre porque, como explica Juan en su evangelio, El era el único capacitado para hacerlo: “A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer” (Jn. 1:18).
Medita en Juan 17:25-26.¿Qué propósito tenía Jesús al dar a conocer al Padre?
En este versículo, “dado a conocer” en el griego, es la palabra de la que se deriva “exégesis”. “Exégesis” quiere decir explicar o repasar los hechos sobre algo. Por ejemplo, hacer exégesis de un pasaje de la Escritura es enseñarlo de una manera que revela su significado. Jesús, quien está al lado del Padre, un lugar de intimidad y ternura, está en la posición perfecta para conocerlo completamente. Y una parte importante del ministerio de Jesús es dárnoslo a conocer. El impartió muy bien esa verdad a sus discípulos, y los evangelios siguen impartiéndola a nosotros hoy.
Tu iglesia se siente orientada a alcanzar una tribu en una isla remota en el Sur del Pacífico. Debido a que tú eres el único que habla el dialecto polines, te encuentras descendiendo en paracaídas a un campo rodeado de aldeanos curiosos. ¿Cuáles son los primeros atributos de Dios (por ejemplo, su poder o su bondad) que tú “darias a conocer” (exégesis) a esta tribu? • ___________________________________
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Cada vez que Jesús se refería a Dios como su Padre, hacía lo que en ese tiempo era una declaración revolucionaria. No todos lo apreciaban. Los fariseos en particular se molestaban porque Jesús, al hablar de Dios como su Padre, él insinuaba que era igual a Dios. Pero el versículo anterior hace claro que Jesús tenía el derecho de “dar a conocer” al Padre (hacer exégesis). Ciertamente, hubiera sido imposible para El no hacerlo. Por el hecho de que era de la misma esencia del el Padre y del Espíritu, Jesús manifestó la identidad de Dios al revelarse a sí mismo.
Este último punto merece que salgamos por una breve tangente. ¿Cuál es la relación entre Dios el Padre y Dios el Hijo? Agustín, el teólogo con más influencia de la Iglesia primitiva, clasifica en tres grupos la enseñanza de la Escritura sobre los diferentes aspectos de esta relación:
• Los versículos que revelan que Jesús es inferior a su Padre por su encarnación. El voluntariamente se despojó de su gloria (Fil. 2:5-8) y nació como bebé. Consecuentemente experimentó hambre, sed, fatiga, y otras debilidades que su Padre jamás ha conocido. En su condición humana Jesús sabía que su Padre era más grande, y estuvo dispuesto a buscar y someterse a la dirección de su Padre. Encontramos otro claro ejemplo de esto en el Getsemaní: “Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: ‘Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú’” (Mt. 26:39).
• Los versículos que enseñan que Jesús, desde el principio del mundo, era uno con el Padre pero era distinto a El. “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn. 1:1). “Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes se remontan hasta la antigüedad,desde los dias de la eternidad” (Mi. 5:2).
• Los versículos que muestran que el Padre y el Hijo no son Dioses separados, sino que son de una misma esencia. “El Padre y yo somos uno” (Jn. 10:30).[2]
Para más estudio:Lee Deuteronomio 6:4 y comprenderás por qué los fariseos acusaron a Jesús de blasfemia cuando dijo que Dios era su padre. ¿Qué versículos puedes encontrar en el Nuevo Testamento que imparten luz a la Trinidad?
¿Quieres conocer al Padre? Mira a Jesús. La noche de la última cena Felipe dijo: “-Señor. . .muéstranos al Padre y con eso nos basta.” Jesús le dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:8-9, énfasis nuestro). ¿Quieres conocer los caminos del Padre? Mira a Jesús. “Ciertamente les aseguro que el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosa que hace el padre, la hace también el hijo” (Jn. 5:19). ¿Quieres aumentar tu conocimiento del Padre? Mira a Jesús. “El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es” (Heb. 1:3).
Jesús redefinió nuestra relación con Dios. En un momento privado con sus discípulos poco antes de su muerte, Jesús dijo: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes” (Jn. 15:15). Por medio de la enseñanza de la Ley, el pueblo judío aprendió a reverenciar a un severo y distante Amo. Por medio de la vida y muerte de Jesús hemos sido reconciliados a un amoroso e íntimo Padre.

Adopción: Nuestro Antídoto para La Angustia

“¿Qué es un cristiano? La pregunta puede ser contestada de muchas maneras, pero la respuesta más significativa que conozco es que un cristiano es uno que tiene a Dios por Padre.”[3] – J.I. Packer
Esta relación única entre Dios y todos los que han sido justificados se explica en la doctrina de la adopción, a la que también nos referimos como un “status de hijo”. Señala nuestro lugar como hijos de Dios y se refiere al medio por el que nos hacemos sus hijos. Ser adoptado a la familia de Dios toma lugar no por nacimiento, sino por renacimiento. Ocurre no por maduración, sino por regeneración. No es natural, es sobrenatural.[4]
La adopción es un regalo de gracia que se hace nuestro al recibir a Jesucristo. “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Jn. 1:12). Toma nota de la condición: Dios no es el padre universal de toda la humanidad. Esa es una noción presuntuosa y humanística. Dios es el creador de todos, pero es el Padre sólo de los que han recibido a Cristo.
La palabra “adopción” se encuentra en la Biblia usada exclusivamente en las escrituras de Pablo. Habiendo crecido en Tarso, él estaría familiarizado con la costumbre según existía en el imperio romano. La adopción en ese entonces era diferente de nuestro concepto presente en por lo menos dos puntos importantes. Primero, los griegos y los romanos adoptaban a los adultos, no a los infantes. En vez de ser entregado para adopción, un bebé despreciado (casi siempre una niña) típicamente era desechado y se le dejaba a la intemperie para que muriera. La documentación de esos tiempos refleja la realidad de esta práctica inhumana con un tono escalofriante y cruel.
Segundo, debido a que éste era primordialmente un arreglo legal, la adopción en el mundo Gentil carecía del caluroso amor sin egoísmo con el que la asociamos hoy. Era algo pragmático – una transacción de negocios. Si a alguien le faltaba un heredero, adoptaba a un varón mayor de edad para pasarle la herencia y los bienes de la familia. La adopción servía como una forma de seguro social. Según un comentarista, “El hijo adoptado pasaba inmediatamente a recibir los derechos del padre y se encargaba de los ingresos asignados para mantener a este y a su familia hasta el fin de sus vidas. . .Entonces, la adopción era una manera de asegurarse en la vejez.”[5]
Aunque Pablo sin duda, se daba cuenta del modelo de adopción romano, es más probable que su conocimiento de la historia del Antiguo Testamento y del pueblo judío formara su perspectiva sobre la adopción. Aunque la palabra “adopción” nunca aparece en el Antiguo Testamento, el concepto ciertamente sí ocurre. Y es ahí que encontramos la bondad, el gozo, y el amor de sacrificio que nosotros (junto con Pablo) relacionamos con la adopción. William Hendriksen escribe, “Cuán totalmente diferente (del modelo romano) es la naturaleza de la adopción según se practicaba en el Antiguo Testamento. . .¿Acaso la hija del Faraón no ‘adoptó’ a Moisés (Ex. 2:10), aunque era, hablando humanamente, sólo un niño indefenso? ¿Acaso Mardoqueo no crió a su prima, una niña llamada Ester (Est. 2:7)?”[6]
Frecuentemente, las escrituras de Pablo emplean palabras del lenguaje común y les imparten un profundo significado espiritual. Hendriksen sugiere que su referencia a la adopción sigue ese patrón: “Cuando en Romanos 8:15 y en Gálatas 4:5 Pablo usa la palabra “adopción”, la palabra y el término legal fueron prestados de la práctica romana, pero no la esencia de la revelación divina en el Antiguo Testamento.”[7]
Medita en Juan 14:1-4. En vez de abandonarte a una existencia sin significado, Dios está preparando un lugar sólo para ti, ¡y es un lugar muy lujoso!
La adopción toca una profunda necesidad humana, una inseguridad universal. El Nuevo Testamento habla de “todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” (He. 2:15). Por supuesto que muchos afirman no tener miedo. Pero toda la raza humana lucha bajo lo que un filósofo alemán del siglo veinte ha llamado “angst” [angustia]”, una molestosa ansiedad que acecha bajo la superficie del alma. Esta no es una ansiedad que se puede trazar a ninguna causa específica. Es incierta y está llena de sombras – pero es muy real. Algunos han descrito esta ansiedad como la sensación de ser lanzado a una brutal e incomprensible existencia, o de ser abandonado por los padres.
La salvación por medio de Jesucristo es la única solución para este temor. “Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ‘¡Abba! ¡Padre!’” (Ro. 8:15). Quizás la única manera de captar el vívido lenguaje de este versículo es con una historia verdadera.
“[La adopción] otorga a sus beneficiarios no sólo un nuevo nombre, un nuevo lugar legal, y una nueva relación familiar, sino también una nueva imagen, la imagen de Cristo (Ro. 8:29). Los padres terrenales pueden amar mucho a un hijo adoptado. Sin embargo, hasta cierto punto, son incapaces de impartir su espíritu a ese hijo; pero cuando Dios adopta, El nos imparte el Espíritu de su Hijo.”[8] – William Hendriksen
Tengo un amigo que adoptó a una niña en Seúl, Corea. El describe lo difícil que fue estar en el orfanato entre tantos niños necesitados y despreciados. Todos ansiaban recibir atención, y se acercaban a él esperando recibir un toque de su mano o una sonrisa. Ver sus caritas desesperadas le hizo querer llevárselos a todos. Pero tan doloroso como fue tener que rechazar a los demás, él recuerda ese momento radiante cuando eligió a su futura hija René y la tomó en sus brazos.
Entonces, cuando René lucha con las inseguridades típicas de la niñez, lo único que tiene que hacer es preguntar: “Papá, ¿de verdad me amas?” Debido a que fue adoptada, su padre puede contestarle en una forma única. “René”, puede decirle, “no me obligaron a quererte. Yo no tuve que traerte a mi familia por obligación. Yo no estaba bajo ninguna exigencia , sino que yo lo quise, René. Yo te quería tanto que viajé al otro lado del mundo a buscarte, sólo para que seas mi hija. Yo te escogí a propósito, René, y yo siempre, siempre te amaré .”
Describe brevemente tres cosas que cambian la vida de un niño con la adopción humana, luego describe los cambios correspondientes que ocurren con la adopción divina. Adopción Humana / Adopción Divina
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Jesús no tenía que dejar el cielo y venir a la tierra. El no estaba bajo ninguna obligación. ¿Por qué vino? Para poder mirarte fijamente a los ojos y decir: “¡A ti! ¡Te escojo a ti! Ya no estarás alejado, ya no serás mi enemigo. Yo voy a cambiarte. Voy a estar reconciliado contigo. ¡Tú serás mi hijo!”
Para estar seguro de que comprendamos todo lo que implica la adopción, Pablo usa la palabra aramea “Abba”. Es una palabra informal que reside en el vocabulario de cualquier niño pequeño – la traduciríamos como “papi”. Es así como Jesús se dirigió a Dios mientras sudaba gotas de sangre en el Getsemaní. No se acercó a su Padre con el tono de voz seria y cortés que se podría esperar de un alumno de buena conducta. En su pasión El oró: “¡Abba! ¡Papi!” Pablo dice que la adopción evoca un gemido de nuestro corazón, una palabra muy fuerte. Y oye las palabras de Martín Lutero en el siglo dieciséis sobre esta frase:
Esta es una palabra muy pequeña, pero a pesar de eso, incorpora todas las cosas. La boca no habla, pero el afecto del corazón habla de esta manera. Aunque yo esté oprimido, rodeado de angustia y terror por todos lados, y aunque parezca abandonado y totalmente expulsado de Tu presencia, con todo soy tu hijo, y Tu eres mi Padre gracias a Cristo: Yo soy amado gracias al Amado. Por lo tanto esta pequeña palabra, Padre, concebida enérgicamente en el corazón sobrepasa toda elocuencia de Demóstenes, Cicerón, y de los más elocuentes oradores que han existido en el mundo. Este asunto no se expresa con palabras, sino con gemidos. Estos gemidos no pueden ser expresados con ninguna palabra de elocuencia, pues ninguna lengua los puede expresar.[9]
Para más estudio:Según Gálatas 4:1-7, aunque éramos herederos de una rica herencia, algo tenía que tomar lugar antes de que pudiéramos ganar nuestra herencia. ¿Qué era?
La palabra “Abba” indica libertad, confianza, reconocimiento gozoso, respuesta dulce, gratitud irresistible, y confianza filial.[10]En esta palabra encontramos nuestro antídoto a la angustia. El Espíritu que hemos recibido, en vez de producir temor y esclavitud, nos ha hecho libres para clamar a Dios de la manera más íntima posible.
Mi parte favorita del día es cuando llego a casa después del trabajo para el deleite de mis cuatro hijos, que repetidamente dicen: “¡Papito! ¡Papito!” mientras me cubren de besos y abrazos. Tan simple e informal como es este saludo para ellos, es maravilloso y satisfactorio para mí. No dudo que nuestros clamores afectan a nuestro Padre celestial de una manera similar.

Sintiendo el Cuidado del Padre

En más de un punto en este libro hemos visto que la justificación es una realidad objetiva que no es afectada por el estado cambiante de nuestras emociones. Los sentimientos son una base deficiente para nuestra comunión con Dios, y lo emocional con frecuencia es contra productivo. Pero discutir contra los sentimientos y definir la fe solamente en términos de hechos y acciones es quitar el corazón del amor de Dios. Si las emociones son tan fáciles de reconocer y apreciar en las relaciones humanas, ¿por qué hemos de eliminarlas de nuestra relación con Dios?
A cualquier árbol que confunda su fruto con sus raíces se le hará difícil crecer. Eso también es cierto con los cristianos. Con la ayuda del siguiente diagrama, identifica cinco raíces (en Romanos 8:29-30, ve las páginas 3-4 para recordar) y nueve frutos (en Gálatas 5:22) de la vida cristiana. Frutos 1. _______________
2. _______________ 3. _______________
4. _______________ 5. _______________
6. _______________ 7. _______________
8. _______________ 9. _______________
Raíces 1. _______________
2. _______________ 3. _______________
4. _______________ 5. _______________
Hay un elemento subjetivo en el conocimiento de Dios, y esto es a lo que Pablo se refiere en Romanos 8:16: “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.” El sentido interno de la presencia de Dios, el conocimiento emocional de su Espíritu amoroso es un fruto importante (aunque no una raíz) de la justificación. Creer de otro modo es algo sub-cristiano.
Una de las funciones más importantes del Espíritu Santo es bendecirnos con la seguridad de que en verdad somos hijos de Dios. Como dijo una vez el filósofo Blas Pascal: “El corazón tiene razones que la razón desconoce.”[11]
No es mi intención sugerir que uno debe convertirse en un místico para gozar de la experiencia del amor de Dios. De hecho, entre más conocimiento adquirimos sobre lo que dicen las Escrituras de la paternidad de Dios, más cuenta nos daremos de su continua presencia.
El hecho de que somos parte de la familia de Dios es algo maravilloso, aunque a primera vista quizás eso no sea evidente. Después de todo, la mayoría de nosotros nos criamos dentro de una familia y no lo apreciamos. Quizás fallamos en apreciar debidamente el alcance del amor de sacrificio de mamá y la provisión de papá. La gratitud no viene automáticamente. Lo triste es que si no aprendemos a ser agradecidos por estas bendiciones, llegamos a esperarlas como algo que nos merecemos. De la misma manera podemos dejar de apreciar la bondad de nuestro Padre. Aquí nos encontramos, huérfanos trasladados de los callejones más inmundos al palacio mismo del Rey, y con todo, nuestra tendencia es protestar y quejarnos. Cuán afortunados somos de tener un Padre cuyo amor es sobrepasado sólo por su paciencia.
Medita en Salmos 145:15-16. Toma un momento para dar gracias a Dios por la manera en que El te ha abierto su mano.
Un breve recorrido a algunas de las muchas maneras en que nuestro Padre cuida de nosotros nos puede ayudar a apreciar de su amor más plenamente. Para comenzar, no pasemos por alto su cuidado providencial. Todos sabemos que El hace que caiga la lluvia tanto sobre el injusto como sobre el justo, pero eso no lo hace menos maravilloso. Detente y piensa en todas las cosas “comunes” que no apreciamos lo suficiente como el alimento, albergue, familia, y amigos. Estos regalos de un Padre amoroso no son con menos gracia que la profecía y las palabras de sabiduría.
El lenguaje es un poco arcaico, pero Sir Robert Grant capta muy bien la maravilla de la providencia de nuestro Padre en su himno titulado O Worship the King [Oh adorad al Rey]:
Tu abundante cuidado, ¿qué lengua puede recitar? Respira en el aire, brilla en la luz. Fluye de los montes, desciende a la pradera, Y dulcemente destila en el rocío y la lluvia.
“Estar bien con Dios el juez es algo grande, pero ser amado y cuidado por Dios el padre es algo más grande.”[12] – J.I. Packer
Estas expresiones de la cariñosa consideración de nuestro Padre se merecen el uso de la poesía. ¡Y el meditar en esos beneficios tiene la gran ventaja de ponernos exactamente en nuestro lugar! No hay lugar para el orgullo cuando vemos cuán dependientes somos de la provisión providencial de nuestro Padre.
Los ingleses son gente de muchos títulos. Abundan los señores y las damas, los duques y los condes. Un título muy interesante es “Señor Protector”. El rey Edward era sólo un niño cuando heredó el trono de su padre, Henry VIII, así que le tocó al Señor Protector encargarse del joven rey como también de los asuntos del reino. Dios es nuestro Señor Protector. El se encarga de nuestros asuntos, para nuestro bien y nos protege de peligro efectivamente.
Para más estudio: Para un profundo análisis del cuidado paternal de Dios hacia su pueblo inmerecido, ve Oseas 11:1-4 (también Deuteronomio 33:27).
Por naturaleza soy una persona muy pacífica, no soy dado en lo absoluto al mal genio (excepto en el campo de golf). Pero he notado cierto coraje o enojo justo que se desata dentro de mí cuando algo amenaza a mi esposa y a mis hijos. Parece algo casi instintivo. Yo creo que Dios me lo ha dado, y aunque estoy seguro de que podría expresarlo pecaminosamente, no tiene que ser así – es para la protección de mi familia. Tener un Padre celestial que nos protege nos permite descansar en una confianza como la de un niño, tal como mi padre humano me sirvió de refugio durante una experiencia difícil hace varios años.
El primer embarazo de mi esposa terminó en la muerte del bebé antes de nacer. Fue un tiempo de mucho sufrimiento. Pero ninguno de nosotros estaba preparado para el peligro que siguió. Debido a que perdimos al bebé a la medianoche, el doctor nos dijo que fueramos al hospital temprano por la mañana. Clara sangraba profusamente, pero supusimos que eso era normal. . .hasta las 6:00 a.m., cuando se desmayó y entró a un estado de shock. Yo luchaba tratando de llamar a una ambulancia y al mismo tiempo cuidar de ella. Aunque por un tiempo fue cosa de vida o muerte, por fin la llevamos al hospital donde su condición se estabilizó. ¡Qué alivio!
Lee Salmos 18:1-19 y luego contesta las siguientes preguntas: • ¿Qué títulos usa David para referirse a Dios? (v. 1-2)

• ¿A quién llamó David cuando estaba en dificultad? (v. 3, 6)

• ¿Por qué Dios nos rescata? (v. 19)


Parte del trabajo de un pastor es manejar responsablemente los tiempos de crisis, así que durante toda la mañana me encargué de los formularios para internarla y otros detalles y mantuve bajo control mis emociones. Luego llegó el momento de hacer llamadas telefónicas para comunicar a los demás lo que había pasado. Todo iba bien hasta que llamé a mis padres y mi padre contestó el teléfono.
-Papá, perdimos al bebé. Clara perdió al bebé anoche.
-Ay, Rob, realmente siento mucho escuchar eso.
Cuando él pronunció esas pocas palabras, sencillas y sinceras, algo se desmoronó dentro de mí y rompí en llanto. Me sorprendí de la intensidad de mi éste y lo rápido que me había sobrevenido. Luego me di cuenta de que en la presencia de mi padre yo no tenía que estar a cargo. Estaba libre para soltar la emoción que se había acumulado dentro de mí. Podía ser su hijo. Bajo la sombra de protección de nuestro Padre celestial estamos libres de ser vulnerables y de expresar nuestras emociones más profundas. (¡Por supuesto también es cierto que si el llanto dura mucho tiempo, Papá te animará a que dejes de lloriquear y que sigas con tus asuntos!)
Hay una cantidad sin límite de mineral espiritual que podemos sacar de la mina que es la revelación de Dios como nuestro Padre. Y no importa cuántas cualidades divinas podamos ver en nuestros padres terrenales, están muy, muy lejos de ser como nuestro Padre celestial.

Contemplando el Futuro

“Los que nacen una sola vez, mueren dos veces. Experimentan una muerte temporal y una muerte eterna. Pero los que nacen dos veces, mueren una sola vez; pues la muerte segunda no tiene ningún poder sobre ellos.”[13] – William S. Plumer
¿Qué hizo que Dios nos diera el incomparable privilegio de pertenecer a su familia? Pablo contempla el pasado eterno para darnos una respuesta: “Dios nos escogió en El antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” (Ef. 1:4-5). Fue el amor de Dios lo que trajo esta gran salvación. Ten la seguridad de que tu propio mérito individual (o falta del mismo) nunca fue un factor. Dios, en la maravilla de su amor, decidió adoptarte antes de la creación del mundo.
Qué gran consuelo es saber que el hecho de que Dios nos haya escogido no tuvo nada que ver con cuán atractivos, listos, o buenos seamos. Si así fuera el caso, ¡quizás se sentiría tentado a cambiarnos por un mejor modelo! No nos ganamos la adopción por medio de nuestras obras y no permanecemos en ella por obras. La adopción es un regalo de gracia que se originó en el corazón de Dios al comienzo del tiempo.
¿Cuál de los siguientes indicará el regreso del Señor? (Marca todos los que aplican) ❏ El sonido de una trompeta
❏ Una venta “especial del rapto” de sepulturas usadas
❏ La resurrección de los muertos justos
❏ Casas, automóviles, y zapatos deportivos abandonados
❏ Una reunión en las nubes
❏ La 77ª edición (revisada y actualizada) de Por qué el Rapto tendrá lugar el. . .
Contemplar la el pasado eterno provoca un fluir de gratitud, pero es igualmente emocionante contemplar el futuro eterno. Todavía nos queda por ver el cumplimiento de todo lo que conlleva la adopción. Pablo habla por todos los cristianos cuando expresa su gran anticipación del futuro: “También nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo” (Ro. 8:23).
A pesar de nuestro presente estado como hijos e hijas de Dios, nuestra adopción no será totalmente consumada hasta el día en que Dios redima, o resucite, nuestros cuerpos. En la iglesia, pocos temas han provocado tanta especulación y emoción como éste. Todos tenemos un deseo de comprender lo que nos espera al final de los tiempos. Aunque para la mente natural estas cosas están envueltas en misterio, las Escrituras nos dan los bosquejos generales de lo que podemos esperar que suceda.
La Biblia revela que hay tres etapas en la existencia del hombre. Primero está el estado natural, que abarca el tiempo desde nuestra concepción hasta la muerte física. El cuerpo y el alma se unen. Esta es la vida según la conocemos en el mundo presente. A pesar del hecho de que este estado involucra mucho temor y sufrimiento, unos cuantos nos apresuramos para entrar en la segunda etapa – el estado intermediario. Este período se extiende desde el momento de nuestra muerte hasta el regreso de Jesucristo y se caracteriza por una separación entre el cuerpo y el alma o espíritu (estoy usando las palabras intercambiadamente). La parte física de nosotros volverá al polvo mientras que la parte que no es material, el espíritu, “volverá a Dios, que es quien lo dio” (Ec. 12:7). El espíritu de todos los que han muerto en Cristo está actualmente con Cristo. No encontrarás mejor hogar que éste. Pablo, sabiendo que se enfrentaba con la verdadera posibilidad de la muerte, hizo muy claro el hecho de que el estado intermedio le parecía superior al natural: “Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor” (Fil. 1:23).
Medita en Eclesiastés 3:11. ¿Dónde se originó nuestro interés en el futuro?
Mientras colgaba de la Cruz, Jesús prometió al ladrón arrepentido que ese mismo día estaría con El en el paraíso (Lc 23:43). Una comparación de esto con 2 Corintios 12:1-4 muestra que “cielo,” “paraíso,” y “estar con Jesús” se refieren al mismo lugar. En este estado intermedio no estaremos inconscientes (“alma dormida”) ni tampoco prestaremos ningún servicio temporal en el purgatorio, las cuales no son doctrinas bíblicas. Seremos instantáneamente transformados a la imagen de Jesús, dando así por completa nuestra santificación. Ya no seremos acosados por la presencia del pecado. Lo mejor de todo es que gozaremos de comunión con el Señor sin interrupción. Eso es lo único que me interesa. Mientras esté con El, no tendré ninguna ansiedad sobre ningún detalle no resuelto.
“El hecho de que viviremos otra vez, ciertamente no es más maravilloso o misterioso que el hecho de que estamos vivos ahora. La verdadera maravilla más bien parece ser que después de no haber existido por una eternidad pasada, ahora existimos. . .Ciertamente es mucho más increíble pasar del estado de no haber sido a ser, que el de pasar de ser a continuar siendo”.[14] – Loraine Boettner
Aunque este estado intermedio será grandioso, no es el estado final de nuestra existencia. Viene el momento cuando “sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados” (1 Co. 15:52). Esto también se conoce como el estado glorificado y dará comienzo al regreso de nuestro Señor. Ese día los muertos serán resucitados y reunidos con su cuerpo glorificado. Una vez más es Pablo quien describe lo que traerá este día: “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. El transformará nuestro cuerpo corruptible para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20-21).
El capítulo más largo de todas las epístolas de Pablo, 1 Corintios 15, se concentra casi exclusivamente en nuestra resurrección venidera. El escribió el capítulo en respuesta a ciertos miembros de la iglesia en Corinto que consideraban la resurrección algo inconcebible y no necesario. En caso de que tengamos alguna tendencia corintia, notemos los puntos sobresalientes de la instrucción de Pablo en este capítulo:
• La resurrección es esencial para el cristianismo. Si se quita la resurrección de Jesús, se quita la base para el perdón (v. 12-19).
Aquí está un inventario abreviado de las cosas que tendremos que dejar atrás cuando tomemos nuestro estado glorificado. Selecciona las que preferirías llevarte a la eternidad. ❏ Tensión
❏ Demasiado peso
❏ Depresión
❏ Suspiros y tristezas
❏ Computadoras que no funcionan bien
❏ Impuestos
❏ Acné
❏ Temor
❏ Enfermedades y dolencias
❏ Confusión sobre la voluntad de Dios
• Jesucristo es la primicia de los que resucitarán; su resurrección garantiza la resurrección de todos los que están en Cristo (v. 20-22).
• La muerte, nuestro último y peor enemigo, será vencida por medio de la resurrección. Porque Jesús murió y resucitó, El ya no está sujeto a la muerte. La misma realidad espera a los que son suyos. Aunque todos tenemos una aversión natural a la muerte, la Palabra de Dios, el ejemplo de Jesús, y la presencia del Espíritu Santo son suficientes para pastorearnos aún por ese oscuro valle tenebroso. En vez de devorar al cristiano, la muerte en sí es devorada por la victoria – la victoria de Jesucristo (v. 54-56).
• ¿Cómo serán estos glorificados cuerpos de resurección? Pablo dice que tendrán cierto parecido a nuestros cuerpos presentes pero que también se diferenciarán de maneras significativas. La relación entre una bellota y un roble puede servir como una buena metáfora para describir la diferencia. También podemos verla al estudiar las apariciones de Jesús después de su resurrección. Nuestro nuevo cuerpo será imperecedero, poderoso, glorioso, y de una naturaleza principalmente espiritual (v. 35-44).

Acaba con la Basura y el Estiércol

Tratar de cerrar este capítulo final me da una nueva apreciación por Pablo, cuyos largos tributos a la gracia y misericordia de Dios hicieron de las oraciones largas una forma de arte. ¿Dónde se puede parar? La doctrina de la justificación no tiene paralelo en su alcance y su belleza. No es coincidencia que los cuatro seres vivientes proclaman continuamente la santidad del Señor, y que con cada declaración los veinticuatro ancianos se postran en continua adoración ante el glorificado Cordero de Dios (Ap. 4:8-11).
Para más estudio: Considera estas palabras de un viejo himno: “No puede el mundo ser mi hogar, soy peregrino aquí.” Con esa mentalidad de peregrino, lee 2 Corintios 5:1-5. ¿Dónde estaba la ciudadanía de Pablo? ¿Dónde está la tuya?
La parábola de Jesús del banquete de bodas nos deja con la perfecta mezcla de celebración y sobriedad (Mt. 22:2-14). Quizás conoces muy bien la historia. Un rey daba una fiesta de bodas para su hijo, y mandó invitaciones por todo su reino. Pero cuando sus invitados de honor rechazaron su invitación, el rey se negó a cambiar sus planes. “Vayan al cruce de los caminos e inviten al banquete a todos los que encuentren”, dijo el rey. Pronto los salones estaban llenos. Estos invitados de clase baja no estaban acostumbrados a la etiqueta real, así que es probable que el rey los vistiera con ropas dignas para la ocasión.
En medio de la celebración el rey entró al salón para ver a sus invitados, y es aquí que encontramos el punto crítico de la parábola: “Notó que allí había un hombre que no estaba vestido con el traje de boda. ‘Amigo, ¿cómo entraste aquí sin el traje de boda?’ le dijo.”
“La mejor porción de la existencia de todo cristiano está [todavía] por delante.”[15] – William S. Plumer
Al tratar de comprender la indignación del rey, algunos han supuesto que era costumbre en los tiempos de Jesús que el anfitrión ofreciera a sus invitados ropas de boda, especialmente a los invitados de pocos medios. Este invitado mal vestido no era una víctima inocente de la pobreza; él obviamente había despreciado la generosa provisión de su anfitrión. El rey, sin dudarlo ordenó que fuera atado de pies y manos y echado a la oscuridad.
El Dios Todopoderoso nos ha recogido del cruce de los caminos y nos ha ofrecido un lugar en la fiesta de bodas de su Hijo. El nos ha dado mantos de justicia en lugar de nuestros trapos de inmundicia. Nos espera una tremenda, eterna celebración. Pero observemos el código de vestimenta. Las ropas cosidas a mano, sin importar con cuánta diligencia o esmero hayan sido confeccionadas, insultarán al Señor del banquete. Sólo el regalo gratuito de la justificación, la obra consumada de nuestro Señor Jesucristo, nos puede introducir al favor y a la presencia de Dios.
“Si yo tuviera toda la fe de los patriarcas”, dijo un santo del siglo diecinueve, “todo el celo de los profetas, y todas las buenas obras de los apóstoles, todo el santo sufrimiento de los mártires, y toda la resplandeciente devoción de los serafines; yo lo desecharía todo, en punto de dependencia, y lo consideraría basura y estiércol, al ponerlo en competencia con la muerte infinitamente preciosa, y la justicia infinitamente digna del Señor Jesucristo.”[16] Salvos de la ira de Dios y justificados por su gracia, sólo hemos comenzado a comprender la magnitud de esta gran salvación. Pero todavía tenemos un poco de tiempo. De hecho es una eternidad, aunque aun eso quizás no sea suficiente.


Discusión en Grupo

1. ¿Cuál es el mejor recuerdo que tienes de tu padre?
2. Habla de la “angustia” que describe el autor en la página 78. ¿Cómo se expresa esto en los que no han sido justificados en Cristo?
3. Habla de tu reacción a la historia sobre la adopción de René en las páginas 78-79.
4. Escribe tres adjetivos que te vienen a la mente cuando oyes la palabra “juez”. ¿Qué de la palabra “Padre”?
5. ¿Has tenido alguna experiencia con tu padre humano que te hace difícil el acercarte a tu Padre celestial?
6. “Qué gran consuelo es saber que el hecho de que Dios nos haya escogido no tuvo nada que ver con cuán atractivos, listos, o buenos seamos”, escribe el autor (página 84). Entonces, ¿qué fue lo que lo motivó para adoptarnos?
7. ¿Hay algo que te haría sentir incómodo al llamar a Dios “Papi” en tus oraciones?
8. ¿Cómo cuidó de ti tu Padre celestial la semana pasada?
9. ¿Cuál de los siguientes expresa mejor tu esperanza de gloria futura? A.) ¡No puedo esperar! B.) Me parece bueno. C.) No estoy listo. D.) ¿Un vuelo de ida a dónde?
10. Lee en voz alta Hebreos 11:13-16. ¿Qué caracterizaba a los individuos que se mencionan aquí? ¿Cómo podemos nosotros desarrollar un deseo parecido?


Lectura Recomendada

Inmortality por Loraine Boettner (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1984)
The Bible on the Life Hereafter por William Hendriksen (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1987)
The Atonement por Leon Morris (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1984)
The Glory of Christ por Peter Lewis (Chicago, IL: Moody Press, 1997)


Referencias

  1. Edmund P. Clowney, Preaching and Biblical Theology (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1961), p. 15.
  2. Gordon R. Lewis, Confronting the Cults (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966), p. 25.
  3. J.I. Packer, Knowing God (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1973), p. 181.
  4. Ibid.
  5. W. v. Martitz, Theological Dictionary of the New Testament, Vol. VIII, G. Kittle and G. Friedrich, Eds. (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1972), p. 398.
  6. William Hendrikson, New Testament Commentary, Romans - Chapters 1–8 (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1980), p. 259.
  7. Ibid.
  8. Ibid.
  9. F.F. Bruce, Tyndale New Testament Commentary, Romans (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1963), pp. 166–67.
  10. William Hendrikson, Romans Commentary, p. 258.
  11. D. Martyn Lloyd-Jones, Romans: An Exposition of Chapter 8:5-17 (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1974), p. 243.
  12. J.I. Packer, Knowing God, p. 188.
  13. William S. Plumer, The Grace of Christ (Philadelphia, PA: Presbyterian Board of Publication, 1853), p. 266.
  14. Loraine Boettner, Immortality (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing House, 1956, 1984), p. 59.
  15. William Plumer, The Grace of Christ, p. 404.
  16. Ibid., p. 236–37.