Historia del Concepto de la Iglesia
El tópico de la iglesia misma ha sido de interés intermitente en
la historia de la iglesia. En el siglo IV las discusiones de la iglesia
con los Donatistas fueron intensas, una controversia que se enfocaba
significativamente en la naturaleza de la iglesia. En la Edad Media las
discusiones sobre la autoridad del obispo de Roma contribuyeron a la
separación entre Oriente y Occidente y dieron lugar a intensas disputas
entre teólogos de Occidente. Más tarde, John Huss, John Wycliffe y otros
medievales anticonformistas publicaron una doctrina de la iglesia
invisible, en la cual, Cristo y no el papa era la Cabeza. Así como las
discusiones sobre el tema de la iglesia fueron y vinieron a lo largo del
tiempo, un número importante de asuntos fueron adquiriendo gradualmente
mayor claridad.
Las asambleas de cristianos, o iglesias locales nombradas en el
Nuevo Testamento, son ejemplos de iglesias visibles. Dios ha diseñado la
iglesia para ser un testimonio visible y apreciable por el mundo
circundante. Pero, ¿Es
visible la única forma en que puede
describirse la iglesia? Después de todo, Jesús expresó que la cizaña
había sido sembrada entre el trigo pero que la dos serían separadas el
último día (Mat 13:24-30). ¿Se puede hablar entonces de la iglesia
“invisible”, es decir, de la iglesia como Dios la ve, o como aparecerá
el último día?
La iglesia invisible es entonces la iglesia
formada por todos los verdaderos creyentes, estén o no en la iglesia
visible, y excluyendo a aquellos de la iglesia visible que no están
genuinamente convertidos. No hay dos iglesias separadas una visible y
otra invisible; hay dos aspectos de la verdadera iglesia.
[104]
Históricamente, los Protestantes han liderado la distinción entre
la iglesia visible y la invisible. Esta distinción ha sido usada para
explicar la ausencia visible de la unidad predicada por Jesús en Juan
17. Por su naturaleza, la iglesia invisible está unida; lamentablemente,
la iglesia visible está mezclada y dividida. En tanto que no hay
precisión al afirmar que la idea de la iglesia invisible comenzó con la
Reforma Protestante, ya que la idea se encuentra en Wycliffe, Huss y
hasta en Agustín, los Reformadores Protestantes hicieron uso particular
de esta idea.
[105]
Otra dicotomía con significativa historia de consideraciones teológicas en la iglesia ha sido la distinción hecha entre
la iglesia local y la iglesia universal
o católica. La iglesia que está formada por todos los cristianos a lo
largo de la historia, es la iglesia universal. Aunque la iglesia
universal nunca se ha congregado, un día lo hará, y todos los cristianos
son considerados por Dios parte de ese cuerpo elegido. Por otra parte,
la iglesia local es simplemente la congregación local de los cristianos.
Con una posible excepción (uso interesante de Lucas en Hechos 9:31), la
palabra
iglesia que se encuentra en las traducciones del Nuevo
Testamento, siempre se refiere tanto a la iglesia local (la mayoría de
las veces) o a la iglesia universal (algunas veces).
[106]
Los cristianos han aceptado históricamente ambos usos. Sin embargo, han
perdurado dos discusiones significativas respecto a esta dicotomía.
Primero, y la más significativa para la iglesia en todo el mundo,
ha sido la discusión acerca de si hay un orden y una forma de gobierno
prescritos para la iglesia universal tal como lo hay para la iglesia
local. La Iglesia Católica Romana sostiene que hay un orden universal.
La Iglesia Ortodoxa Griega y muchos grupos Protestantes sostienen que
hay estructuras que han sido desarrolladas que están permitidas y son
útiles, aunque no son un mandato de las Escrituras, tales como asambleas
nacionales, convenciones, arzobispados y así por el estilo. Por otro
lado, los Congregacionalistas, como los Bautistas, han mantenido que el
Nuevo Testamento no prescribe estructura alguna para la iglesia
universal. Se entiende que toda cooperación entre congregaciones es
voluntaria y consensual.
Una segunda controversia, de particular preocupación para los
cristianos Bautistas ha sido el tema de si uno puede, legítimamente,
referirse a algo como una iglesia si no han sido establecidas para ella
ni estructuras ni orden. Irónicamente, algunos Bautistas del siglo XIX y
sus herederos coincidieron con este aspecto del pensamiento Católico
Romano. Sin embargo, ellos agregaron la conclusión que en el Nuevo
Testamento nunca se discute sobre la iglesia universal. Esta
controversia fue conocida con el nombre de
Territorios Marcados [107] Este fue el texto de un sermón de J. M. Pendleton y la base del libro de J. R. Graves,
Antiguos Territorios Marcados: ¿Qué son?
(1854). Este libro se transformó en un manifiesto y ejerció una gran
influencia entre los Bautistas en ciertas partes de Estados Unidos.
[108]
Hay otra dicotomía que ha sido usada para describir diferentes aspectos de la iglesia es
la iglesia militante y la iglesia triunfante.
[109]
La iglesia militante se refiere a los cristianos vivos quienes están en
una batalla constante con el pecado, la carne y el mundo.
[110]
La iglesia triunfante se refiere a los cristianos que están en el
cielo, apartados de la guerra espiritual y totalmente victoriosos.
[111] La Iglesia Católica Romana también habla de
la iglesia sufriente
mediante la cual indican tanto la iglesia que está ahora en la tierra
como aquellos que están redimidos pero que todavía están siendo
purificados en el purgatorio.
El tópico de la iglesia vino a ser el punto focal del debate
teológico formal en la Reforma. Aquí, como en muchas partes del
desarrollo teológico de la iglesia, la cuestión de cómo distinguir lo
verdadero de lo
falso conduce a una definición más clara de la verdad.
Antes del siglo XVI, la iglesia era más asumida que discutida.
Era considerada como un medio de gracia, una realidad existente, y una
presuposición para el resto de la teología. La teología Católica Romana
comúnmente se refiere al “misterio de la iglesia” queriendo decir la
inagotable e inestimable profundidad de esta realidad de la iglesia. Por
eso, la Vulgata, en Efesios 5:32 se refiere a la unión de Cristo con su
iglesia como un
sacramentum (misterio). Prácticamente la Iglesia
de Roma argumentó que era la verdadera y visible iglesia de acuerdo a
la sucesión de Pedro a través del obispo de Roma establecida en base a
las palabras de Jesús a Pedro en Mateo 16.
Con la llegada de la Reforma, la discusión sobre la naturaleza de
la iglesia resultó inevitable. Para los Reformadores Protestantes, “no
la pretendida silla de Pedro sino las enseñanzas de Pedro eran la
verdadera señal de sucesión apostólica. La Reforma hizo del evangelio no
de la organización eclesiástica, el test de la verdadera iglesia”.
[112]
Calvino criticó la declaración de Roma de ser la verdadera iglesia en
base a la sucesión apostólica. “Especialmente en la organización de la
iglesia nada es más absurdo que asegurar la sucesión solo en personas
prescindiendo de las enseñanzas”.
[113]
Considerando que los atributos de la iglesia (una, santa, universal y
apostólica) han sido insuficientes para distinguir entre una iglesia
verdadera y una falsa, la Reforma introdujo la
notae ecclesiae, las características de la iglesia: la correcta predicación de la Palabra de Dios y la recta administración de las ordenanzas.
Comenzando con la Reforma, entonces, los Protestantes han creído
que una congregación individual, local, debe ser considerada como una
verdadera iglesia cuando la Palabra de Dios es correctamente predicada y
las ordenanzas de Cristo son justamente seguidas. La correcta
predicación de la Palabra de Dios es la
disciplina formativa que modela la iglesia (como opuesta a la
disciplina correctiva
que incluye medidas como la excomunión). El ministerio de la Palabra,
por tanto, es central y definitivo. La vía para distinguir entre una
verdadera iglesia y una falsa iglesia es preguntar si la adoración
pública consiste en la correcta predicación de la Palabra de Dios y la
justa aplicación de las ordenanzas de Cristo. Si ambas están presentes,
es una verdadera iglesia.
[114]
La Palabra que es correctamente enseñada debe llevar a la iglesia a la
justa administración de las ordenanzas de Cristo (lo cual también
implica que debe ser ejercida la disciplina).
[115]
Estrechamente relacionado con el concepto de la universalidad de
la iglesia está la idea de la unidad de la iglesia. Las primeras
iglesias cristianas mostraron su unidad como medio de defensa ante los
herejes e iconoclastas. Pero las mutuas excomulgaciones sobre asuntos
como el Nestorianismo, el Monofisismo o la supremacía papal desgarraron
la visible unidad de la iglesia. La iglesia fue adicionalmente dividida
durante la Reforma tanto por la comprensión Protestante del evangelio
como por su método de entender el evangelio mediante la transparencia y
suficiencia de las Escrituras en lugar de la mediación de la iglesia.
Los Católico Romanos han insistido en una visible unidad de la iglesia.
Los Protestantes han insistido, por el contrario, en la primacía de una
unidad en doctrina y espíritu.
Las denominaciones, tal como las conocemos hoy, surgieron
principalmente en el siglo XVII, aunque sus raíces son anteriores. Los
Protestantes no buscaron dividir superficialmente la iglesia sino que
los principios Protestantes de la claridad de las Escrituras
(precisión), y autoridad les daba la garantía, o aun les demandaba su
uso para separar las falsas enseñanzas. Como dijo Calvino “no
reconocemos unidad excepto en Cristo, ni caridad de la cual no sea Él la
garantía… por lo tanto, el punto principal para preservar la caridad es
mantener la Fe sagrada y entera”.
[116]
Esto significa que los Reformadores reconocieron que el costo de la
unidad al precio de la verdad era un mal negocio. Una correcta división
era preferible a una unión corrupta. Por estas razones varios grupos del
continente europeo batallaron libres del control de iglesias
establecidas y comenzaron a persistir en su propia comprensión de la
fidelidad de las Escrituras.
La mayoría de las denominaciones conocidas hoy en los Estados
Unidos comenzaron a crecer en el Reino Unido (aunque sus raíces se
remontan a todo el continente). Presbiterianismo, Congregacionalismo y
una creencia en el bautismo de los creyentes, son todas derivadas de la
Reina Elizabeth I de Inglaterra (1558-1603). Sin embargo, no le fue dado
un tolerante reconocimiento fuera de la iglesia establecida hasta
finales del siglo XVII, casi cien años después. Las denominaciones
pueden haber solidificado las divisiones en la iglesia, pero ellas
también facilitaron el despertar de las conciencias de muchos cristianos
precavidos del siglo XVII. La libertad de reunirse y adorar de acuerdo a
su propia conciencia fueron pasos fundamentales en el desarrollo de las
denominaciones tal como las conocemos hoy.
Las tres “antiguas denominaciones” como fueron llamadas, fueron los Presbiterianos, los Congregacionalistas y los Bautistas.
Estas tres juntas dieron lugar al establecimiento de los
Episcopalianos y a la denominación del siglo XVIII, los Metodistas,
abarcando a los religiosos de origen británico que se habían desplazado a
Norteamérica. Una vez más, otro significativo grupo étnico fue añadido
tales como las iglesias Reformadas Francesa y Alemana o los grupos
luteranos Ale manes y Escandinavos. América vino a ser el primer
laboratorio para evaluar la coexistencia de denominaciones de las
iglesias cristianas.
Estos grupos de iglesia retuvieron por largo tiempo sus doctrinas
y prácticas distintivas, y han surgido nuevas desde entonces.
Brevemente, el surgimiento de denominaciones representa el creciente
deseo por la fidelidad en la pureza antes que en la unidad.
[117]
Cada congregación decide cuales asuntos deben tener en común los
miembros antes de que puedan en sana conciencia experimentar y expresar
unidad con ellos.
Historia de la Ordenanzas de la Iglesia
Es tristemente irónico que muchas de las acciones que los
cristianos han sido llamados a compartir en común (reconocer “un solo
bautismo” [Ef 4:5]; celebrar la Cena del Señor juntos [1ª Co 11: 18, 21,
33]) hayan sido el foco de muchas disputas y divisiones a lo largo de
la historia de la iglesia. Las disputas se han centrado tanto en el
número como en la naturaleza de las ordenanzas a ser practicadas por la
iglesia.
Entre los teólogos que datan desde Agustín en el siglo V hasta
Hugo St. Victor en el siglo XII, no hubo acuerdo sobre el número de
sacramentos.
[118]
El número varía desde dos en total hasta treinta o más. Desde el siglo
XIII, la Iglesia Católica Romana ha reconocido siete sacramentos. Los
teólogos de los siglos XII y XIII, especialmente Hugo St. Victor, Peter
Lombard, Alexander de Hales y Tomás de Aquino, apoyaron intensamente la
posición de la Iglesia de Roma respecto al número y naturaleza de los
sacramentos. Junto con el bautismo y la Eucaristía, la Iglesia Católica
Romana también enseña que la confirmación, la confesión y penitencia, el
matrimonio, la ordenación al sacerdocio y la extremaunción (últimos
ritos), son sacramentos a ser observados por los cristianos como medios
de gracia ordenados por Dios.
Aunque puede argumentarse sobre bases bíblicas para estos últimos
cinco sacramentos, la Iglesia Católica Romana no cree en la suficiencia
de las Escrituras. En su lugar enseña, que la tradición de la Iglesia,
junto con la Escritura preservan la voluntad revelada por Dios para su
pueblo. Sin embargo, en el Nuevo Testamento no aparece desarrollado
ninguno de estos sacramentos en ninguno de los autores, pese a eso, la
teología de la Iglesia Católica Romana no se avergüenza.
Otros grupos tales como los Cuáqueros y el Ejército de la
Salvación han mantenido que hoy en día no deben observarse ordenanzas,
ni siquiera el bautismo y la Cena del Señor. Ellos enseñan que estas
acciones tuvieron significado para los primeros creyentes y que nunca se
pretendió una observancia continuada en la iglesia. No obstante, lo que
debe continuar son las realidades espirituales de entrar a la nueva
vida en Cristo y comunicarse con Dios quien viene de nuevo. Ambas cosas
fueron simbolizadas por el bautismo y la Cena del Señor.
Hablando acerca de George Fox, fundador de los Cuáqueros, Rufus Jones ha
escrito:
Su casa de adoración estaba desnuda excepto por las sillas. No tenía santuario, la shekinah
(la gloria o presencia de Dios) ocurriría en el corazón de cada uno de
los que adora. No hay altar, puesto que Dios no necesita calmarse ya que
él mismo ha hecho el sacrificio por los pecados. No hay fuente
bautismal porque el bautismo en su creencia no es otra cosa que una
inmersión permanente en la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, un descenso al significado de la muerte de Cristo y un elevarse a
la nueva vida con él. No había mesa de comunión porque él creía que la
verdadera comunión consiste en participar directamente del pan
espiritual del alma, el Cristo viviente. [119]
Ciertamente, la abstención de Fox del bautismo y la Cena del Señor es
consistente con su priorización de la luz interior (tomado de Juan 1:9)
sobre y por encima de la Palabra escrita de Dios.
Algunos cristianos han sostenido que el lavado de los pies
debería conservarse como tercera ordenanza. Entre estos hay grupos de
Antiguos Regulares y Bautistas Regulares, Bautistas Primitivos y
Hermanos de la Gracia y algunos otros grupos.
[120]
Citando la evidencia de Juan 13: 13-15 ellos construyen el ejemplo de
Jesús no como una lección acerca de la humildad. En vez de eso, ellos
interpretan que Jesús enseñó que este ritual debe ser continuado por los
cristianos. Ningún registro histórico sugiere que los cristianos
primitivos practicaran el lavado de los pies como una ordenanza de la
iglesia. Aún así, varios de estos grupos en el período post- Reforma han
reiniciado esta práctica.
Toda discusión respecto al número y la naturaleza de las
ordenanzas de Cristo podría verse como algo alejado de los intereses de
las iglesias cristianas actuales. El mandato de Cristo a bautizar es
ignorado o minimizado en la enseñanza de muchas iglesias, en los libros y
leídos generalmente por los evangélicos y en los requerimientos de
membrecía de tales iglesias. Además, la Cena del Señor es rara vez
celebrada en muchas congregaciones. Por todo esto, la doctrina Reformada
de
solo fide (solo fe) ha sido explotada para insanos
propósitos, siendo usada para relegar cualquier cosa no directamente
necesaria para la salvación al status de sin importancia. Pero
seguramente si Cristo ha ordenado algo, sus seguidores no tienen
autoridad para alterar su mandato ya sea añadiéndole cosas o
ignorándolo.
Históricamente, los Bautistas nunca estuvieron en peligro de
ignorar las ordenanzas de Cristo. Desde el nombre hasta la práctica, los
Bautistas se han caracterizado por una comprensión particular del
bautismo. Aún así tal forma de practicar el bautismo por los creyentes
no ha dado lugar a controversias con otras denominaciones. Más bien, el
bautismo de infantes ha causado muchos de los debates y divisiones en la
historia de las iglesias cristianas.
Han ocurrido debates muy acalorados en torno a cuando comenzó la
práctica de bautizar los infantes. Quienes lo practican en la actualidad
casi universalmente argumentan que los cristianos del primer siglo
realizaban el bautismo de infantes aunque deben admitir que la
referencia del nuevo Testamento es tangencial, por deducción. Otros han
sido menos competentes para encontrar sus orígenes en los primeros años
de la iglesia cristiana. De la
Historia del bautismo de infantes
de William Wall, la monumental defensa anglicana del siglo XVII hasta el
debate de mediados del siglo XX entre los eruditos Joachim Jeremias y
Kurt Aland, el consenso ha continuado eludiendo a los eruditos.
[121] La
Didache, la
Carta de Bernabé y El Pastor de Hermas,
son todos ellos documentos del siglo II que reflejaban la práctica de
la iglesia de esos tiempos; y en ninguno de ellos, se menciona el
bautismo de infantes. De hecho, en sus declaraciones sobre el bautismo,
todas presuponen el bautismo de creyentes. La declaración de Tertuliano
en
De Baptismo (escrito entre los años 200y 206 D.C.) atacando el
bautismo de infantes “constituye la primera mención expresa del
bautismo de infantes en la historia de la iglesia.”
[122]
Posteriormente, en la primera mitad del siglo III D.C., Orígenes se refiere al bautismo de infantes.
[123]
En este punto resulta poco creíble llamarlo una práctica universal. La
práctica del bautismo de infantes parece originarse con el surgimiento
de la comprensión
ex opere operato [124]
de sus efectos, se pensaba que el bautismo podía asegurar el perdón de
los pecados de todo aquel que se bautizara. Cuando el cristianismo se
hizo legal y se estableció, surgió la presión por extender la membrecía a
toda la congregación. A raíz del Concilio de Cartago del año 418 D.C.,
todo aquel que enseñara contra el bautismo de infantes era
anatematizado.
[125] En el siglo VI, el emperador Justiniano decretó la obligación del bautismo de infantes en todo el imperio romano.
Mientra los Católico Romanos, los Ortodoxos y varios grupos
disidentes continuaron practicando el bautismo de creyentes en el caso
de los convertidos, no hay un resurgimiento real de la práctica de
bautizar
solo creyentes hasta principios del siglo XVI, cuando
alguna gente, particularmente los evangélicos Anabaptistas, comenzaron a
rechazar la validez del bautismo de infantes.
[126]
No es un hecho fortuito que la naturaleza de la verdadera conversión
comenzó a ser clarificada al mismo tiempo que el evangelio de la
justificación solo por fe comenzó su resurgimiento. Antes de la Reforma,
la mayoría de los cristianos se llamaba a sí mismos cristianos en gran
parte para afirmar la familia, la feligresía, el pueblo y hasta la
nación a la cual pertenecían. La Reforma trajo una nueva apreciación de
la radical naturaleza de la conversión cristiana. La conversión no es el
resultado de un rito de la infancia ni de la membrecía en alguna
entidad política en particular. Es el resultado de la profesión de fe en
la obra justificadora de Dios en Cristo.
La reafirmación de la autoridad de la Escritura y la claridad del
evangelio condujo a un sorprendentemente rechazo mayoritario de la
autoridad del obispo de Roma. En la medida que se difundió el evangelio
de la justificación solo por la fe, la imposibilidad de justificación
sin fe cambió totalmente la práctica de administrar indiscriminadamente
el bautismo y la Cena del Señor a cualquiera que perteneciera a una
particular entidad política ya fuese ciudad, nación o feligresía. De
manera que, para fines de siglo, la relación que Constantino había
establecido con la iglesia cambió por completo. Más aun, los
Anabaptistas fueron los primeros en repensar la eclesiología y
reconstruir la relación entre el estado y la iglesia, como se verá en
breve.
En la Europa cristiana, reconsiderar lo que significa ser
cristiano requería reconsiderar los que significa ser ciudadano de una
ciudad o de una nación. Previamente, quizás un cristiano podía
imaginarse que fuera de su país vivían otros cristianos. Ahora, en
virtud de la eclesiología Bautista, era posible pensar en ciudadanos del
propio país que no fuesen cristianos, o al menos, no miembros de la
misma iglesia. Desde el principio, la eclesiología ha puesto a las
Bautistas aparte de los otros evangélicos. La doctrina de una iglesia
visible compuesta solamente por bautizados regenerados es el sello de
los Bautistas.
Retomar la imagen del Nuevo Testamento de una iglesia de
creyentes cambió los supuestos que la mayoría de los cristianos había
hecho desde la época de Constantino, particularmente, que el estado es
responsable de proveer para la iglesia y que la iglesia es responsable
de guiar al estado. Una fuerte conexión de este tipo entre iglesia y
estado prevaleció con los herederos de Constantino y en algunas áreas
del Oriente Ortodoxo. En el Oriente, lo que se llamó
caesaro-papism
trató a la iglesia como la responsable del gobierno; en efecto, veía al
César como el papa, de ahí el nombre. En el Occidente, ha existido una
relación menos centralizada y más amplia entre la iglesia y el estado.
Mientras el estado mantuvo la posición dominante en el Oriente, sobre
todo a partir del surgimiento del Islam, la iglesia ha predominado en el
Occidente, dada su organización más centralizada y de implementar una
jurisdicción episcopal sobre los gobernantes. Algunas veces, fueron
excomulgados emperadores y ciudades enteras fueron
puestas en entredicho [127] (algo impensable en el Oriente).
Durante la Reforma Protestante, los líderes teológicos
continuaron afirmando la tradicional comprensión de Occidente de la
relación entre iglesia y estado. Bien fuese desde perspectivas pasivas
(Luteranismo) o agresivas (Calvinismo), se tomó posición en torno a la
autoridad del magistrado y las sucesivas reformas introdujeron pequeños
cambios inmediatos en la relación entre la iglesia y el estado. Una
nación que enfrenta una reforma se enfoca en asuntos tales como cuál
iglesia reconocer y qué estructuras adoptar, dos cuestiones sobre la
teología y el liderazgo que no desestabilizan la unidad básica de la
feligresía europea. Las naciones protestantes tuvieron distintas
respuestas ante tales temas. Pero en ninguna reforma magisterial se
disolvió o reemplazó la congregación local.
[128]
Como se ha dicho, la desaprobación bautista del bautizo de
infantes puso en peligro el estado – iglesia constantiniana establecida
en la Europa Occidental.
[129]
El Bautista cree que la membrecía regenerada en la iglesia hace
las relaciones entre los ciudadanos y su iglesia, de modo que entre la
iglesia y el estado es voluntaria. Esto podría haber sido inimaginable a
principios y a mediados del siglo XVI. Por último, la eclesiología
Bautista proporciona la semilla para el nacimiento de las nociones
modernas de libertad de religión, en las cuales ninguna iglesia está
establecida y los derechos de los ciudadanos de cualquier religión están
asegurados. Como cristianos tratan de responder una simple pregunta
¿Quién debería ser bautizado? Y encuentran que la respuesta a tal
pregunta tiene efectos tremendos. Si concluyen que solo los creyentes
deberían ser bautizados, eso prohibiría tener una membrecía que fuese
extensiva a la población en general, y en efecto, excluiría tener una
iglesia establecida.
La Iglesia Católica Romana enseña que el bautismo en y por sí
mismo, transmite la gracia de Dios, perdonando todos los pecados, tanto
el original como los actuales. La Reforma Luterana enseñó que el
bautismo es ciertamente efectivo.
[130]
Lutero en su catecismo dijo, “el bautismo obra para el perdón de los
pecados, libera del diablo y de la muerte, y da salvación eterna a todo
aquel que cree esto, como las palabras y promesas que Dios declara.”
[131] Calvino, emulando a Agustín, llamó al bautismo “la Palabra visible.”
[132]
El Concilio de Trento (1545-1563) anatematizó a cualquiera que enseñara
que el bautismo confería gracia solo a aquellos que tenían fe y no
ex opere operato. Los Presbiterianos y los Reformados consideran al bautismo como una señal y un sello de la gracia de Dios.
[133]
Entre los Bautistas, el bautismo nunca ha sido tratado como un
conducto esencial a la gracia de Dios. Más bien, lo han interpretado
como una ordenanza dada a los nuevos creyentes, y por tanto, el medio
natural para celebrar y expresar su salvación. El bautismo es un sermón
visible, completamente dependiente del Espíritu de Dios para crear la
realidad espiritual que ilustra. En el bautismo de un creyente “Está la
bendición del favor de Dios que viene con toda obediencia, tanto como el
gozo que viene de la confesión pública de fe, y la certeza de tener una
representación grafica de la muerte y resurrección con Cristo y el
lavado de nuestros pecados.”
[134]
El bautismo no ha sido la única ordenanza asediada por la
controversia en la historia de la iglesia. La Cena del Señor es en su
naturaleza y efectos ha sido interpretada de diversas maneras. Estas
diferentes formas han ayudado a distinguir la teología Católico Romana
de la Protestante y también han establecido las diferencias entre los
protestantes. El foco de la discusión se ha centrado en la pregunta
¿Cuál es la relación de Cristo con Su Cena?
Desarrollada totalmente por Tomás de Aquino y confirmada por el Cuarto Concilio Laterano (1215),
[135] la doctrina de la
transustanciación
describe la Cena del Señor como una representación del sacrificio de
Cristo. Aquino argumentó que la esencia del pan en la celebración de la
Eucaristía, se transforma en el cuerpo físico de Cristo en tanto que la
esencia del vino se transforma en Su sangre física.
[136]
Entonces ¿Por qué el pan y el vino no cambian en apariencia? La
respuesta de Aquino se basa en una distinción filosófica, planteada por
Aristóteles, entre el accidente, o forma exterior y la sustancia, o
esencia interior, de un objeto. Solo la sustancia del pan y del vino
cambian dice Aquino, de ahí la palabra transustanciación. Los
accidentes, es decir, las características que influyen sobre los
sentidos humanos, permanecen inalterables.
La Eucaristía se interpreta como un real y efectivo “sacrificio
no sangriento.” Todo aquel que participe de ella, dejando a un lado a
los que hayan cometido pecado mortal, recibe la gracia de Dios.
Participar en una misa constituye un acto digno de tal gracia.
Generalmente, los participantes recibirán una galletita consagrada, la
cual se entiende, será el transustanciado cuerpo de Cristo. Desde el
–Concilio Vaticano II (1962-1965) se ha permitido que más personas
laicas participen de la copa. Los promotores de la transustanciación
siempre aplican las promesas de Cristo en Juan 6: 53-57 a la Cena del
Señor aún cuando Cristo no había establecido la Cena.
[137]
La
Consustanciación niega la transformación literal y
esencial del pan y del vino en la esencia de Cristo, pero propone que el
cuerpo y la sangre de Cristo se unan con (
con es el prefijo
latino para “junto a”) la sustancia del pan y el vino en la Cena del
Señor. Los teólogos luteranos han descrito el cuerpo y la sangre de
Cristo como “en, con y mediante” el pan físico y el vino.
[138]
El Pequeño Catecismo de Lutero enseña: ¿Qué es el Sacramento del Altar?
Es el verdadero cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo,
mediante el pan y el vino, para que los cristianos comamos y bebamos,
instituido por Cristo mismo”.
[139]
La visión de Lutero le permitió continuar manteniendo una profunda
reverencia hacia los elementos (y uno nunca debería subestimar el efecto
de la devoción popular sobre la teología) al tiempo que se libraba a sí
mismo de un problema lógico de la visión de Roma, a saber, que algo
pareciera ser lo que no era (tales accidentes y sustancias ya no
concordaban). Esta doctrina de la consustanciación continúa siendo
enseñada por los teólogos luteranos.
[140]
Juan Calvino enseñó que realmente Cristo está presente en su Cena
pero que su presencia no es física, como enseñan los Católico Romanos y
los Luteranos, sino espiritual.
[141] Esta
presencia espiritual
es percibida y aprovechada por medio de la fe en lugar de los sentidos
físicos. Aparte de la fe, entonces, la Cena no es efectiva. De acuerdo a
este punto de vista, “como contraprestación a la declaración de poseer
todas las riquezas en Cristo, los creyentes expresan su fe en Cristo
como Salvador y se comprometen a obedecerlo como Señor y Rey.”
[142]
La Confesión de Westminster establece que el cuerpo y la sangre de
Cristo están “realmente presentes en la fe de los creyentes, pero sólo
espiritualmente” Ellos “realmente han recibido, no carnal ni corporal
sino espiritualmente, y son sostenidos por Cristo crucificado, con todos
los beneficios de su muerte.”
[143]
De las cuatro visiones de la Cena del Señor detalladas aquí, solo la Cena como
in memoriam
ha sido aceptada universalmente. Los que abogan por las otras tres
posiciones van más allá de la Cena como memorial pero ninguno niega que
este sea un aspecto de la Cena del Señor. 1ª Corintios 11:26 es
contundente “Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa,
proclaman la muerte del Señor hasta que él venga”. De modo casi natural,
entonces, el lenguaje memorialista se encuentra en la historia de la
iglesia desde Clemente de Alejandría hasta Orígenes, desde Cirilo de
Jerusalén hasta Juan Crisóstomo. Hasta Agustín usa eventualmente tal
lenguaje. Esta visión se privilegia en la Reforma conjuntamente con la
negación de la presencia física de Cristo en la Cena.
Ulrich Zwinglio enseñó que la Cena del Señor es una
representación del sacrificio de Cristo pero solo en el sentido
simbólico de proclamarlo de nuevo.
[144]
Zwinglio señala las palabras de Pablo en 1ª Corintios 11:25 como el más
claro testimonio bíblico sobre cómo debe entenderse la Cena del Señor.
Desde Zwinglio muchos Protestantes, incluso muchos Bautistas, han
adoptado esta comprensión memorial, en primer lugar porque es
indudablemente bíblica y luego (quizás) porque evita cualquier
sugerencia del sacramentalismo de la posición Católico Romana. Es decir,
los Bautistas históricamente han usado un lenguaje tan rico sobre la
presencia de Cristo en la Cena del Señor para aquellos que vienen por fe
que poca diferencia es perceptible entre su posición y la idea
Reformada de la presencia espiritual de Cristo.
[145]
La mayor división acerca de la forma en que la Cena del Señor es
un medio de gracia en la vida de los cristianos es la misma división que
se encuentra en la comprensión del bautismo. La pregunta decisiva es
¿Qué es la relación de fe para la ordenanza? ¿Hace la fe del
participante a la ordenanza un medio de la gracia de Dios o concede
gracia la ordenanza independientemente de la fe? Entre los Bautistas, no
se considera la Cena del Señor como un conducto especial de la gracia
de Dios. Más bien, se considera un mandato para los nuevos creyentes, y
por tanto, el medio natural para distinguir a aquellos que han sido
separados del mundo y dados a la comunión con Cristo. Tal como en el
bautismo, la Cena del Señor presenta un sermón visible y es totalmente
dependiente del Espíritu de Dios para crear la comunión espiritual entre
Dios y los creyentes.
El catecismo de mediados del siglo XIX de C.H. Spurgeon ilustra
bien este punto de vista. En respuesta a la pregunta 80 ¿Qué es la Cena
del Señor? Spurgeon escribió:
La Cena del Señor es una ordenanza del Nuevo Testamento,
instituida por Jesucristo, de donde, al dar y recibir el pan y el vino,
de acuerdo a su señalamiento, se rememora su muerte (1ª Corintios
11:23-26), y los dignos receptores son, no de modo corpóreo o carnal
sino espiritual, hechos partícipes de su cuerpo y su sangre con todos
sus beneficios, para su alimentación espiritual y crecimiento en la
gracia.” [146]
Los Bautistas están en desacuerdo acerca de lo que implica el término
fidelidad en la exhortación que Pablo hace en 1ª Corintios 11:27-31.
Por cierto, hay un amplio espectro entre los cristianos Bautistas sobre
quiénes son los participantes adecuados en la Cena del Señor.
[147]
Esto se resume, básicamente, en tres posiciones (aunque hay un número
casi infinito de variaciones). La primera posición se llama comunión
“estricta” o “cerrada.” Muchos Bautistas, particularmente en los siglos
XVII y XVIII y entre los de los
Territorios Marcados en los
siglos XIX y XX, han enseñado que solamente los miembros de una
congregación local deben participar en la Cena del Señor cuando se
celebra en su iglesia. La comunión “Cercana” o “Familiar” se refiere a
una posición apoyada por la historia Bautista pero apoyada sobre todo a
finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en la oleada de
reavivamientos evangélicos que afirmaban que todos aquellos creyentes
que habían sido bautizados podían participar de la Cena del Señor. La
comunión “Abierta”, de nuevo, una posición apoyada por la historia
Bautista pero (por ejemplo por Juan Bunyan) pero que vino a ser
dominante solo en el siglo XX, sostiene que todos los que han creído en
Cristo para salvación, son bienvenidos a la Cena del Señor hayan sido
bautizados o no.
Historia de la Organización de la Iglesia
Más allá del rol de las ordenanzas, las mayores disputas en la
historia de la cristiandad han ocurrido sobre las formas de organización
de la iglesia. En particular, tres áreas ilustran mucho este
desacuerdo: membrecía, gobierno y disciplina. La tercera área estuvo tan
entrelazada con las otras dos en tiempos pasados que un trabajo que
abarcase todas las áreas podía llamarse simplemente una “disciplina”.
Alguien debe determinar quien está dentro y quien está fuera de las
comunidades terrenales (si la disciplina correctiva va a ser aplicada); y
eso necesariamente implica llegar a conclusiones respecto a quien tiene
el derecho y la responsabilidad, que procesos determinan la inclusión y
la exclusión de la comunidad y cuáles son los requisitos para estar
“dentro”.
Membrecía
Puesto que el Nuevo Testamento restringe el bautismo a los
creyentes, los Bautistas han establecido que la membrecía de la iglesia
se circunscribe a los individuos que han hecho una profesión pública de
fe. La profesión de fe debe incluir tanto el bautismo del creyente como
el hacerse responsable ante la congregación particular con la que se
reúne frecuentemente. Estas conclusiones llevaron tanto a los
Anabaptistas europeos a principios del siglo XVI y a los separatistas
ingleses en los siglos XVI y XVII a separarse de las iglesias
establecidas. En su lugar, ellos eran partidarios de una congregación
“reunida”, lo que de por sí era una idea revolucionaria. No todo el que
nazca en determinada área geográfica, decían ellos, debe ser bautizado y
confirmado como miembro de la iglesia local. Más bien, las
congregaciones deben estar formadas por los fieles que se reúnen
voluntariamente en virtud de su fe y deseando unirse con otros de su
misma área para formar una congregación.
En conjunto con estas nuevas asambleas voluntarias, comenzaron a
establecerse alianzas entre iglesias. Los cristianos habían establecido
compromisos entre sí en épocas anteriores pero con el advenimiento de la
Reforma Protestante se renovó la necesidad de tales acuerdos.
[148]
Si las fronteras de una feligresía ya no pueden definir quienes deben
ser incluidos en la membrecía de una congregación, ¿Qué podría hacerlo?
Para muchos cristianos, la respuesta está sujeta a un convenio eclesial.
Charles Deweese, ha definido un convenio eclesial como “una serie de
compromisos escritos basados en la Biblia que los miembros de la iglesia
hacen voluntariamente ante Dios y ante sí mismos para recordar sus
obligaciones morales y espirituales básicas y la práctica de su fe.”
[149]
Los Protestantes del siglo XVI, particularmente los Anabaptistas
continentales, los Reformadores escoceses, los ingleses Separatistas y
los Congregacionalistas, comenzaron a usar convenios eclesiales. Hasta
la confesión de Schleitheim de los Anabaptistas contiene elementos de un
convenio.
[150]
En el siglo XVII, los convenios eclesiales continuaron usándose
no solo entre las congregaciones independientes de Inglaterra y América
sino que también los Bautistas adoptaron su uso, especialmente, los
Bautistas Particulares. Del siglo XVII al XIX, los convenios eclesiales,
frecuentemente acompañados de una declaración de fe, actuaron como el
documento más básico de una congregación Bautista. Para finales del
siglo XIX era común que las congregaciones Bautistas celebraran
reuniones previas a la Cena del Señor para prepararse reafirmando juntos
sus convicciones. Sin embargo, a finales del siglo pasado, los
convenios eclesiales jugaban un pequeño rol en la vida de la mayoría de
las congregaciones bautistas. Las expectativas de los miembros (ya sea
expresada en acuerdos o por la práctica de la disciplina en la iglesia),
parecen fuera de lugar en una época en que las iglesias compiten entre
sí por conseguir miembros.
[151]
Si un convenio eclesial representa la agenda (las cosas que se
deben hacer) de una congregación local, la declaración de fe o
confesiones, representa el credo (lo que se debe creer). Desde los
primeros tiempos, los cristianos prácticamente han resumido el contenido
de su fe. Pedro hizo la primera declaración cristiana de fe cuando dijo
“Tú eres el Cristo” (Mr 8:29). Pablo escribió a los cristianos de
Corinto “Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo
recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que
fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, y que se
apareció a Cefas, y luego a los doce” (1ª Co 15:3-5). En la iglesia
primitiva, se desarrollaron formularios simples como el Credo de los
Apóstoles para tratar con los candidatos al bautismo. Y los cristianos
fueron apartados de las enseñanzas heréticas con declaraciones más
complejas y cuidadosas como el Credo Niceno (325-381 D.C.) y la
Declaración de Fe de Calcedonia (451 D.C.).
La Reforma Protestante generó muchas confesiones: La Confesión de
Augsburgo (Luterana), Los Treinta y nueve Artículos (Iglesia de
Inglaterra), La Confesión de Westminster (Reformada), y muchas más. Los
Bautistas también produjeron confesiones de fe. De hecho, los Bautistas
produjeron más declaraciones de fe que cualquier otro grupo debido a su
política de congregaciones descentralizadas. En 1611, por ejemplo,
Thomas Helwys, uno de los primeros Bautistas en Inglaterra, guió a un
grupo de cristianos a escribir una declaración de fe. Del siglo XVII en
adelante, ha sido usual que los Bautistas resuman el contenido de su fe
en una confesión, tanto para aclarar sus creencias a los extraños como
para establecer un piso común de unidad para los miembros de su propia
congregación.”
[152] Las confesiones de fe han jugado un papel vital en la historia de las congregaciones Bautistas.
[153]
J.L. Reynolds concluye “ El uso de una confesión de fe, en lugar de
menospreciar la autoridad de la Biblia, como un estándar, más bien la
exalta”.
[154]
Forma de Gobierno
Un segundo aspecto de la vida de la iglesia que se ha
desarrollado a lo largo de la historia es su forma de gobierno u
organización. Cada grupo debe determinar cómo será gobernado. La
iglesia, asimismo, debe tener procedimientos para determinar quien
pertenece a la iglesia y quien no, y quien es el último tribunal
terrestre bajo Dios para dar liderazgo, zanjar diferencias, y así por el
estilo. A estos distintos tópicos se le han dado respuestas diferentes.
Una de las primeras respuestas a la pregunta sobre quien debería
gobernar fue “el obispo”. Como se señaló antes, la palabra “obispo” (
episkopos)
se usa en el Nuevo Testamento intercambiándola con las palabras para
anciano y pastor. Las declaraciones del Nuevo Testamento que subrayan la
autoridad de los líderes de la iglesia (He 13:7, 17) señalan al pastor
como uno que tiene autoridad y responsabilidad en la iglesia. En el
siglo II, los pastores de las ciudades líderes y de pueblos habían
acumulado una autoridad creciente que a veces se ejercía sobre varias
iglesias vecinas y en áreas recientemente evangelizadas.
[155]
Del siglo II al siglo IV se desarrollo la diócesis (tomada de la
palabra latina que representaba a un distrito en la administración civil
romana) como un área eclesiástica con un solo obispo como directivo.
Aunque sus tareas y responsabilidades variaban, los obispos en este
sentido eran reconocidos por la mayoría de las iglesias incluyendo las
Iglesias Ortodoxas de Oriente, la Iglesia Católica Romana, Iglesias
Luteranas, Iglesias Anglicanas e Iglesias Metodistas. Las Iglesias
Ortodoxas de Oriente y la Iglesia Católica Romana reconocían este oficio
como algo divinamente establecido.
Por otra parte, las Iglesias Luteranas, Iglesias Anglicanas y
Metodistas simplemente aceptaban el oficio como útil y expedito. En los
dos últimos siglos muchas iglesias Episcopales han democratizado sus
estructuras, sometiendo a los obispos a las decisiones tomadas por
cuerpos representativos de clérigos y laicos. Al mismo tiempo, numerosos
grupos de congregaciones Pentecostales y Carismáticas comenzaron a
reconocer la autoridad extra congregacional de algunos obispos. Grandes
“redes apostólicas” han surgido alrededor de individuos particulares.
La Iglesia Católica Romana se distingue de otras congregaciones
cristianas por su sumisión y dependencia del obispo de Roma, el papa.
Mientras que papa (
papas) era una forma acostumbrada de dirigirse
a ciertos obispos en la iglesia primitiva, entre los siglos VI al VIII,
se fue restringiendo su uso para designar en exclusividad al obispo de
Roma, particularmente en Occidente. Roma, la capital formal del Imperio
Romano fue reconocida como la sede central y principal. Las iglesias de
Oriente y Occidente se separaron en el año 1054 debido a la insistencia
del obispo de Roma (especialmente Gregorio VII) de ser reconocido como
la cabeza principal de la iglesia universal. El Occidente mantuvo (y
mantiene) que Cristo declaró a Pedro el primero entre iguales (
primus inter paris)
y el jefe de los apóstoles según la confesión de Pedro en Mateo
16:18-19. Pedro vino a ser el primer obispo de Roma y quien lo reemplace
en esa sede hereda también su autoridad. Luego la Iglesia Católica
Romana reconoce al papa como el Vicario de Cristo, la cabeza de la
iglesia en la Tierra.
Con la llegada de la Reforma Protestante, vinieron vientos
frescos a las enseñanzas de la Biblia sobre la estructura de la iglesia.
La evidencia del Nuevo Testamento por la pluralidad de ancianos fue
redescubierta. Y grupos de ministerios (llamados consistorios) fueron
implementados como reemplazo adecuado de los obispos en los cantones
suizos que fueron reformados a inicios y mediados del siglo XVI.
Siguiendo el trabajo de Heinrich Bullinger en Zúrich y de Juan Calvino
en Ginebra, otros comenzaron a organizarse de acuerdo al sistema
Presbiteriano. Surgieron repentinamente congregaciones Reformadas en
Holanda, Escocia, Hungría, Alemania, Polonia y Francia. En Escocia, John
Knox, asumió el reto de reformar la iglesia establecida en toda la
nación siguiendo este sistema. La Asamblea General Nacional vino a ser
el árbitro final reconocido por la iglesia de Escocia. Tomás Cartwright
en Cambridge, Inglaterra, comenzó a enseñar presbiterianismo en 1570 en
base a sus lecturas del libro de los Hechos.
Aunque el Presbiterianismo fue una fuerza formidable para
reformar la iglesia establecida en Inglaterra a lo largo del siglo XVII,
nunca se convirtió en la forma de gobierno de la iglesia de Inglaterra.
Las estructuras presbiterianas llegan a Norte América mediante los
europeos provenientes de Escocia y Holanda donde se habían establecido.
Ellas también proliferaron alrededor del mundo desde Corea hasta África.
La mayoría de los cuerpos presbiterianos están conectados entre sí. En
los Estados Unidos, la asamblea general (nacional) de cualquier cuerpo
presbiteriano funciona casi siempre como la autoridad final en asuntos
eclesiásticos, con sínodos regionales y/o presbiterios por debajo de
ellos y con secciones (comités de ancianos) de una congregación local
entre ellos. Algunas iglesias independientes son presbiterianas en el
sentido que ellas están gobernadas por un grupo de ancianos pero no
tiene corte de apelación fuera de los propios ancianos de la
congregación. Los Presbiterianos enseñan que los principios de su
organización, no sus circunstancias, están enseñadas en las Escrituras.
[156]
En los tiempos de la Reforma, las iglesias que se congregaban no
por obedecer a un gobernante o magistrado sino por las convicciones
compartidas de cristianos individuales, comenzaron a organizarse,
reconociéndose a sí mismos como su propia autoridad final terrenal en
materia religiosa. En Inglaterra surgieron defensores de la forma de
gobierno congregacional en 1580 y años subsiguientes. En los libros
Un Tratado de Reforma sin Depender de Nadie (1582) de Robert Browne y
Una Verdadera Descripción de la Palabra de Dios en la Iglesia Visible
(1589) de Henry Barrow se establece una doctrina de gobierno que no
depende de estructuras por encima de la congregación local. En 1658, la
Declaración de Saboya (una adaptación de la Confesión de Westminster),
estableció principios congregacionales de gobierno de la iglesia. En
tiempos de la Revolución Norteamericana dos de cada cinco cristianos en
las colonias de América pertenecían a una iglesia congregacional de
algún tipo, fuese Congregacionalista o Bautista. Hoy, muchas iglesias
independientes son congregacionales en estructura. Las iglesias
Bautistas también son congregacionales. Tales iglesias congregacionales
suelen unirse voluntariamente en asociaciones locales y uniones
nacionales o convenciones.
Los defensores del congregacionismo sostienen que la Biblia
enseña que la congregación local es, en última instancia, la responsable
por la doctrina y la disciplina. Disputas entre miembros (Mat
18:15–17), asuntos de doctrina (Gal 1:8; 2ª Tim 4:3), disciplina de la
iglesia (1ª Co 5) y membrecía, son todos reconocidos como asuntos
congregacionales. Ninguna otra autoridad puede extralimitarse y ponerse
como la autoridad final en la congregación o que los revoque en tales
materias. La congregación no debe delegar esta autoridad en un anciano u
obispo o en cualquier otra estructura, por esa razón prorrogan su
propia responsabilidad delante de Dios por doctrina y disciplina.
Práctica de la Disciplina
La data histórica de la vida de la iglesia inmediatamente después
del período del Nuevo Testamento es parcial e intermitente. La iglesia
era, después de todo, un pequeño grupo, a veces, ilegal. Los escritos
sobre sus orígenes se multiplicaron después que se legalizó la iglesia
cristiana en todo el imperio romano bajo el mandato de Constantino.
Durante los mil doscientos años que transcurren entre Constantino y la
Reforma Protestante, la disciplina de la iglesia bien fuese de
excomunión individual o interdicto (prohibición de los sacramentos a
toda la población de una entidad política particular), era
frecuentemente usada más para proteger los intereses colectivos de la
iglesia contra las demandas del estado que para reclamarle a los
cristianos por sus pecados y para proteger el testimonio del evangelio.
Cuando los líderes de la Reforma comenzaron a rescatar un
concepto más bíblico de la predicación y de la administración de los
sacramentos como las dos características distintivas de la verdadera
iglesia, se recuperó la disciplina como evidencia de esta nueva
situación. Implícito a la correcta aplicación de los sacramentos estaba
la adecuada práctica de la disciplina de la iglesia. Después de todo, si
servir como señal para el mundo exterior es una de las características
de los sacramentos, entonces, la disciplina viene a ser el mecanismo
para reforzar tal mandato. La correcta disciplina de la iglesia pasó a
ser tan significativa que comenzó a presentarse como la tercera señal de
una verdadera iglesia.
[157]
El vigésimo noveno artículo de la Confesión de Bélgica (1561) dice:
Las características por las que se conoce una verdadera
iglesia son las siguientes: si la sana doctrina del evangelio es
predicada allí; si ella mantiene la administración pura de los
sacramentos tal como fueron instituidos por Cristo; si se ejerce la
disciplina para castigar el pecado; resumiendo, si todas las cosas son
manejadas de acuerdo a la pureza de la Palabra de Dios, se rechazan
todas las cosas en contrario y reconociendo que Jesucristo es la única
Cabeza de la Iglesia.[158]
En nuestros días, Edmund Clowney estas características “correcta
predicación de la Palabra; observancia adecuada de los sacramentos y
fiel ejercicio de la disciplina de la iglesia.”
[159]
Mientras algunos grupos Anabaptistas como los Menonitas
practicaron la proscripción o exclusión social, esto era excepcional no
la norma. El ejemplo más conocido de disciplina de la iglesia en la
historia americana (la “A” escarlata cosida en las ropas de Hester
Prynne) fue el producto de la imaginación del novelista Nataniel
Hawthorne y no un registro preciso ya sea de un evento histórico o de la
práctica general de la disciplina de la iglesia en la Nueva Inglaterra
colonial. En la amplia mayoría de los casos, bien sea en iglesias
Presbiterianas, congregacionales, Bautistas o Metodistas, la exclusión
congregacional significa que prohibirle la comunión al pecador, y en
última instancia, prohibirle la membrecía hasta que se arrepienta.
Los Bautistas estando comprometidos a regenerar la membrecía en
la iglesia visible fueron practicantes enérgicos de la disciplina de la
iglesia. La investigación de Greg Wills muestra que en Georgia, en la
pre Guerra Civil, “los Bautistas sureños excomulgaban, cada año,
alrededor del 2% de su membrecía” y aun así, la tasa de crecimiento de
la membrecía de la iglesia era el doble de la tasa de crecimiento
general de la población.
[160]
Aunque es ´til y beneficioso para el evangelio, el trabajo de
confrontar y disciplinar nunca fue fácil. Basil Manly Jr expresa su
propia “profunda pena” sobre un caso de disciplina en la iglesia que
pastoreaba.
[161]
Entonces, ¿Por qué terminó esta práctica? Wills argumenta convincentemente que la disciplina entre los Bautistas
Declinó en parte debido a que en muchas iglesias resultó una
labor agobiante. Los jóvenes Bautistas rechazaron en números crecientes
someterse a la disciplina por bailar, y las iglesias se abstuvieron de
excluirlos. Las iglesias urbanas, presionadas por la necesidad de
grandes edificaciones y el deseo de música afinada y de predicación,
subordinan la disciplina de la iglesia a la tarea de mantener solvente a
la iglesia… Ellas pierden el derecho a purgar a la iglesia de sus
miembros descarriados. Ninguna declara públicamente la muerte de la
disciplina. Ningún líder Bautista se levanto para anunciar el fin de la
censura congregacional. Ningún teólogo argumentó que la disciplina era
cuestionable en principio o práctica… simplemente desapareció, como si
los Bautistas estuviesen cansados de tener que rendirse cuentas unos a
otros. [162]
¿Y cuál fue el resultado? John Dagg lo dijo bien “Cuando la disciplina deja una iglesia, Dios se va con ella.”
[163]
En el siglo XX la ausencia de disciplina fue una constante y solo ocasionalmente fue considerada un problema.
[164] En 1944 el erudito griego H.A. Dana observó que
El abuso de la disciplina es reprensible y destructivo, pero
no más que el abandono de la disciplina. Dos generaciones atrás las
iglesias aplicaban la disciplina de manera vengativa y arbitraria por lo
que cayó justamente en descrédito; hoy el péndulo se ha movido hacia el
otro extremo la disciplina está casi totalmente abandonada. Es hora que
una nueva generación de pastores restaure esta importante función de la
iglesia a su correcto significado y lugar dentro de la vida de la
iglesia.[165]
Puede cuestionarse si la generación de pastores de la década de los
40 atendió el llamado de Dana. Sin embargo, como la cultura circundante
se ha hecho cada vez más abiertamente inmoral, las iglesias del siglo XX
muestran algunas señales de recuperar las prácticas que promueven la
pureza de la iglesia, incluyendo la práctica de la disciplina
correctiva.
Pese a todos los cambios a lo largo de los siglos, los cristianos pueden
tener plena confianza en que la supervivencia de la iglesia no depende,
en última instancia, de la fidelidad humana. Tanto en la parábola del
crecimiento de la semilla (Mr 4:27) en la cual Jesús enseña que ya sea
que el sembrador duerma o esté despierto, “la semilla brota y crece”
como en la promesa de Cristo que “las puertas del Hades no prevalecerán
contra ella” (Mat 16:18), Cristo ha dado la plena seguridad del éxito de
Su iglesia. En todo desde la obediencia de la iglesia hasta su vida y
organización, el amplio espectro de la historia de la iglesia es una
muestra de la fidelidad de Cristo a sus promesas.
¿Cómo se compagina todo esto?
Para ser fieles a lo que la biblia enseña acerca de la naturaleza,
modelos y perfiles de la iglesia debemos considerar tanto lo que los
cristianos han dicho en el pasado y las conclusiones sistemáticas que
han establecido a lo largo de la historia de la iglesia. Y podemos hacer
esto siempre en el contexto de someter tales descubrimientos a nuestro
propio estudio de las Escrituras.
Finalmente, encontramos que varios desafíos que ha enfrentado la
iglesia a lo largo de la historia han conducido a aclarar más y a
definir mejor el conjunto de afirmaciones y vinculaciones. Al afirmar la
suficiencia de las Escrituras y la necesidad de la fe para participar
en las ordenanzas, podemos concluir que una iglesia bíblicamente fiel es
una iglesia Protestante. Al afirmar la necesidad de la voluntad y el
consenso natural de la membrecía en una congregación local, podemos
concluir que una iglesia bíblicamente fiel es una iglesia es una iglesia
congregacional. Y al aseverar que el mandato de Cristo es a bautizar
solo a aquellos que creen y obedecen podemos concluir que una iglesia
bíblicamente fiel es una iglesia Bautista. En esta sección examinaremos
cada una de estas descripciones para ver como las enseñanzas de la
biblia se adecúan a la vida de la iglesia.
Una Iglesia Protestante: Juntando las Señales de la Iglesia
Si en efecto la Biblia enseña que Dios creó un pueblo para sí
mismo por medio de su Palabra, entonces, la predicación tiene un papel
central en la vida de la iglesia. Y si en efecto la Biblia enseña que el
bautismo y la Cena del Señor son señales visibles de la iglesia hacia
el mundo, entonces su correcta administración estará relacionada con la
fe en las promesas de Dios. Ambas proposiciones se encuentran plasmadas
en las enseñanzas de los Reformadores Protestantes.
El centro y origen de la congregación es la Palabra de Dios. Las
promesas de Dios a Su pueblo en las Escrituras crearon y sostienen Su
pueblo (Gen 15:4–6; Ro 10:8–11). Por tanto, la congregación es
responsable de asegurar que la Palabra de Dios sea predicada con
autoridad en sus cultos regulares.
En el siglo XVI la centralidad de la Palabra fue largamente
desplazada por los sacramentos, especialmente, por el sacramento de la
Eucaristía. Al enfrentar esta distorsión de alcance universal, los
Reformadores regresaron, de manera correcta, a las Escrituras buscando
un canon, una regla contra la cual medir las enseñanzas que en ese
momento hacía la Iglesia Romana. El papel central jugado por la Palabra
en la iglesia del Nuevo Testamento (Hech 2:40–47; 5:42; 2ª Tim 4:2), fue
recuperado en la vida y la enseñanza de los Reformadores Protestantes.
Si las Escrituras eran “la palabra de vida” como la llamó Pablo
en Filipenses 2:16, ellas debían generar y regular la vida de la
iglesia. Los cristianos se congregan para escuchar a alguien que le
transmita la Palabra de Dios a su pueblo. Por medio de la predicación
los cristianos llegan a conocer y a comprender tanto a Dios como su
Palabra. Es una palabra a la que en nada contribuyen los cristianos
excepto por el oírla y ponerle atención. Un sermón cristiano (en sí
mismo es una metodología) es una representación de la gracia de Dios.
Puesto que la fe viene por el oír (Ro 10:17); oír la Palabra de Dios en
lugar de ver la multitud debe ser la esencia de la asamblea congregada.
Los cristianos confían en la Palabra de Dios, luego, la Predicación de
la Palabra debe ser fundamental. Y la predicación que mejor la
ejemplifica es la predicación expositiva. Una predicación, en la cual,
el tema de un pasaje de las Escrituras es el tema del mensaje. La
Escritura es tanto autoritativa como suficiente y eso debe ser evidente
en las reuniones cristianas.
El redescubrimiento protestante de la verdad bíblica de la
justificación sólo por fe, fue un redescubrimiento del evangelio
bíblico. Como las congregaciones protestantes remplazaron el ritualismo
sacramental por la predicación de la Palabra, los sacramentos u
ordenanzas, asumieron otro propósito; más bien, retomaron su original
propósito bíblico (ser señales de la iglesia para el mundo y
proporcionar una imagen visible del evangelio aceptado por fe. Como
resultado, la iglesia quedó definida no por los individuos que eran
bautizados y daban testimonio a las masas sino por individuos que
personalmente creyeron las promesas establecidas en el bautismo y la
Cena del Señor, y por lo tanto, participaban en esos rituales. Ni
siquiera los protestantes que practicaron el bautismo de infantes
enseñaban que el bautismo producía salvación. Ellos enseñaban que era un
reflejo de la salvación y que la salvación venía solo si la persona
creía, sin importar si ocurría antes o después del bautizo. La fe, por
tanto, estaba presente de manera visible en las ordenanzas.
El rol de la fe es diferenciar la iglesia visible del mundo,
luego, es lo que hace a la iglesia protestante lo que es. La fe se
muestra a si misma, en principio, en la sumisión del creyente al
bautismo y luego, repetidamente, en su participación en la Cena del
Señor. Mientras la obediencia y la sumisión también son enfatizadas por
la Iglesia Católica Romana, las iglesias protestantes están marcadas por
adherentes quienes expresan su fe personal en Cristo, sin la que el
bautismo y la Cena del Señor serían inútiles.
El impulso protestante de colocar la fe en el centro mismo de las
ordenanzas se muestra de muchas maneras desde la presencia de numerosos
movimientos bautistas hasta la posición adoptada por el ministro
colonial americano Jonathan Edwards que solo los creyentes tomasen la
Cena del Señor.
Resumiendo, el cristianismo requiere una creencia consciente en
el evangelio. Cuando se enseña la Palabra autoritativa de Dios, debe ser
creída y confiada de manera consciente. Esta verdad, o fe, es la que
distingue al pueblo de Dios quien ha hecho una confesión inicial en el
bautismo y ha continuado confesándola mediante su participación en la
Cena del Señor. Cuando la suficiencia de la Escritura y la necesidad de
la fe en la práctica de las ordenanzas están afirmadas resulta claro que
una iglesia bíblicamente fiel es una iglesia Protestante.
Una Iglesia Reunida: Juntando la Membrecía de la Iglesia
Además de ser una iglesia Protestante, una iglesia bíblicamente
fiel es una iglesia congregada. Es la reunión voluntaria de los miembros
de la delegación sin estar limitada por nacionalidad, raza o por el
grupo familiar. El nacimiento no puede determinar la membrecía en una
iglesia bíblicamente fiel. En su lugar, una profesión de fe en Cristo y
la voluntad de someterse a la enseñanza y a la disciplina de una iglesia
particular es lo que regula la membrecía en una congregación.
La Reforma Protestante se llevó a cabo mediante reformadores que
eran magistrados y reformadores que no lo eran. Los Reformadores
magistrados fueron aquellos que usaron los oficios del estado, o la
magistratura, para llevar la reforma doctrinal a las iglesias, puesto
que la jurisdicción política se superponía con la jurisdicción
eclesiástica (excepto para grupos como los inmigrantes o los judíos).
Esencialmente la ciudadanía política no solo otorgaba derechos civiles
sino que además implicaba membrecía en la iglesia establecida.
Los magistrados Reformadores, tanto en sus elementos Luteranos
como Reformados, comenzaron movimientos con las iglesias establecidas.
Una vez que se recuperó el evangelio de la justificación por gracia
solamente por medio de la fe en Cristo, se desataron las fuerzas que
socavaron las doctrinas establecidas en las iglesias en ese momento.
Si participar en las ordenanzas no era salvífico
per se, una
persona bautizada podía permanecer como no creyente y no salvada. Esta
emergente comprensión trajo consigo mayor interés por la salvación
individual. La naturaleza del evangelismo y las misiones se desplazó de
la incorporación de individuos a la comunidad mediante rituales y
educación, como el trabajo misionero hecho por los Católico Romanos, a
persuadir y llamar a un compromiso deliberado. Eventualmente, los grupos
no magisteriales como loa Anabaptistas acordaron formar congregaciones
no necesariamente reconocidas por el estado. Más aún, ellas eran
siempre ilegales.
Incluso en iglesias protestantes legalmente establecidas, los sermones
se usaban para exhortar a la congregación a examinarse a sí mismos a
efectos de asegurar que la profesión de fe fuese verdadera.
Bíblicamente la fidelidad de las congregaciones no estaba
conformada tanto por las fronteras geográficas de las parroquias como
por las creencias y compromisos. Un individuo debía decidir unirse a una
congregación y luego debía tomar la decisión permanente de participar
mediante la atención, oración, actos de servicio, soporte financiero y
sumisión a la disciplina de la congregación. Finalmente, la iglesia se
reúne por la acción del Espíritu Santo. Como escribió Lucas de la
iglesia primitiva “cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo
salvos” (Hech 2:47). Esta acción divina encuentra una respuesta humana.
“Arrepiéntanse y bautícese” (Hech 2:38) ordenó Pedro. Aquellos que son
verdaderamente salvos se han arrepentido de sus pecados y creído en
Cristo. Como establece la Confesión de New Hampshire, arrepentirse y
creer son “la inseparable gracia realizada en nuestro corazón por el
Espíritu Santo de Dios”.
La decisión de arrepentirse y creer es expresada, entonces,
mediante la afirmación pública de la fe y el convenio que se establece
con una congregación específica. La congregación, además, debe afirmar
la credibilidad de la profesión de fe individual. No es simplemente la
decisión de un individuo de un irse o dejar una iglesia; más bien, la
decisión de un individuo de un irse o dejar una iglesia requiere de un
consenso mutuo entre el individuo y la congregación (excepto, por
supuesto, en el caso de muerte).
[166]
La congregación se reúne mediante la predicación de la Palabra y la
respuesta de fe. Cuando la naturaleza voluntaria y consensual de la
membrecía en una congregación local se afirma, es evidente que la
iglesia bíblicamente fiel es la iglesia reunida.
Una Iglesia Congregacional: juntando la Estructura de la Iglesia
En ninguna parte afirma la biblia un tipo de gobierno para la
iglesia universal, el conjunto de todos los cristianos en todas partes.
La única definición de Iglesia en el Nuevo Testamento es la asamblea
local. En tanto que no se incluye la constitución de una iglesia en los
documentos del Nuevo Testamento, la biblia contiene principios que
muestran la vida de la congregación. Y el Nuevo Testamento tiene
enseñanzas explícitas sobre la estructura de la iglesia. Tanto los
oficios como la forma de gobierno descritas en el Nuevo Testamento
llevan a la conclusión que la iglesia debe estar estructurada
congregacionalmente. Esto tiene implicaciones sobre como una
congregación se relaciona con otra congregación y como se relacionan los
cristianos de diferentes congregaciones. También tiene implicaciones
acerca de cómo se ejerce el liderazgo en la congregación. Una iglesia
congregacional reconoce a la congregación como la última autoridad
terrenal de apelación de los asuntos en disputa. Las reuniones de los
miembros están sujetas a que las decisiones se tomen por votación.
Naturalmente, se necesita un alto grado de consenso en las iglesias que
tienen otra forma de gobierno. Hay más responsabilidad en cada miembro, y
a su vez, cada miembro tiene más autoridad.
Tales congregaciones se suelen llamar independientes en oposición
a las asociadas como las iglesias episcopales y Presbiterianas. Las
iglesias congregacionalistas, no obstante, no son in dependientes unas
de otras en afecto, cuidado, asesoría o cooperación. Tanto en las
Escrituras como en la historia, las congregaciones han cultivado el
cuidado y el interés unas por otras. En los tiempos del Nuevo
Testamento, se dieron y tomaron colecciones, se enviaron misioneros y
maestros y se compartieron recomendaciones y advertencias entre las
congregaciones. Este patrón se ha repetido en las congregaciones
Anabaptistas y Bautistas, así como en muchas otras iglesias
congregacionales.
Tradicionalmente los Bautistas han usado asociaciones entre las
iglesias para ayudar a ministerios y congregaciones a consejos
recíprocos, para establecer conclusiones conjuntas, detener
controversias y trazar lineamientos doctrinales. Y las congregaciones
realizan libre y conjuntamente trabajos que exceden la capacidad y/o
recursos de una congregación como una educación ministerial o soporte
misionero. Las iglesias congregacionales son en un sentido estricto
independientes, pero más apropiadamente debe decirse voluntariamente
independientes.
Asociaciones voluntarias de congregaciones como la Southern
Baptist Convention, American Baptist Churches y la National Baptist
Convention hace mucho tiempo que están establecidas en la conciencia
popular americana como denominaciones. Muchas, si no la mayoría de las
otras denominaciones son iglesias asociativas, donde las decisiones
finales en asuntos de disciplina y/o doctrina, no pueden ser manejadas
por las congregaciones locales sino por asambleas reconocidas regional,
nacional o aún internacionalmente, o por cortes o por obispos de tales
instancias. En este sentido, las denominaciones de las iglesias
congregacionales son diferentes a las de otras denominaciones.
Se puede hablar en singular de la Iglesia Presbiteriana de los
Estados Unidos de América o de la Iglesia Metodista Unida en un sentido
en el que es incorrecto hablar de la “National Baptist Church” o de la
“Southern Baptist Church”. Mientras se entiende con facilidad lo que
tales expresiones significan, mantienen en la ignorancia la naturaleza
de las iglesias que dicen representar. Aun si los miembros de las
iglesias congregacionales algunas veces muestran una gran “lealtad
tribal” a su denominación, son actualmente miembros de una congregación
local que de manera voluntaria, y nunca por obligación, colaboran con
cuerpos nacionales o regionales. Sus congregaciones no necesitan estar
afiliadas a ninguna convención en particular para existir como
verdaderas iglesias.
Nada de lo antes dicho sobre el congregacionalismo debe ser
malinterpretado como una defensa de la anarquía sin liderazgo en las
iglesias. Reconocer a la congregación como la corte final de apelación
para los asuntos en disputas está en consonancia con el ejercicio de la
disciplina en la iglesia. Y otras formas de gobierno no congregacionales
incluyendo, Episcopales, Presbiterianos y hasta Católico Romanos, han
demostrado cierta inevitabilidad del congregacionalismo al reconocer
cuerpos representativos a varios niveles y hasta recomendando la
aprobación congregacional para la toma de muchas decisiones relevantes.
La forma más coherente de entender la presentación de la forma de
gobierno de la iglesia local en el Nuevo Testamento es reconocer el rol
tanto de los líderes individuales como de toda la congregación. Algunos
recomiendan un pastor que gobierne la iglesia como un Director
Ejecutivo. Pero esto contradice la enseñanza de las Escrituras sobre la
pluralidad de ancianos y deja de lado la evidencia escritural tanto de
la responsabilidad congregacional como el especial reconocimiento de los
ancianos y maestros como Timoteo en Éfeso (lo que puede describirse hoy
como “pastor principal”). Todavía otros recomiendan un fuerte
congregacionalismo que esté por encima de cualquier otra autoridad, ya
sea colectiva (pluralidad de ancianos) o individual (pastor líder).
Con mucha frecuencia estas variedades de congregacionalismos terminan enfrentadas entre sí.
[167]
Pero los tres aspectos de la autoridad vistos en el Nuevo Testamento
(individual, colectivo y congregacional), deben estar presentes en toda
congregación permitiendo alguna variación de congregación a
congregación. Un anciano sostenido por la iglesia y responsable por el
ministerio de la Palabra, pude ser reconocido como alguien que tiene una
posición principal para liderizar la visión y dirección de la iglesia.
Al mismo tiempo, una pluralidad de ancianos, pagados o no, pueden guiar
juntos a la congregación en asuntos de disciplina y doctrina. Y al mismo
tiempo, la congregación pude, en humildad, asumir la responsabilidad de
actuar como la corte final de apelaciones, sometida a Dios, en todas
las materias de disciplina y doctrina que surjan a ese nivel de
significación. Cuáles materias se tratan y con qué nivel de
significación, varía de congregación a congregación.
El Nuevo Testamento hace énfasis en el significado de la
aprobación congregacional tanto para las doctrinas que deben ser
enseñadas y creídas (Gal 1:6-9) como sobre quien es admitido o excluido
de la membrecía (1ª Co 5). No obstante, ninguno de estos aspectos de
liderazgo, enseñanza o juicio final puede ser delegado, en última
instancia, a un cuerpo u organismo exterior a la congregación local y
continuar siendo la congregación local una iglesia.
[168]
Cualquiera sea la combinación que adopten las partes, las enseñanzas
del Nuevo Testamento sobre la naturaleza de la congregación y el rol de
sus líderes, indican claramente que una iglesia bíblicamente fiel es una
iglesia congregacional.
Una Iglesia Bautista: ¿Deberían Haber Iglesias Bautistas Hoy?
Una excelente pregunta para los cristianos actuales es si
coincidiendo en que determinada materia no es esencial para la
salvación, ¿debemos considerarla como esencial para la membrecía de la
iglesia? Si la pregunta surge de una comprensión cada vez menor de la
verdad o al menos de una declinante voluntad de la definición y defensa
de la verdad (un simple esencialismo), entonces estamos en presencia de
algo más básico y peligroso que un simple mal entendido del bautismo.
Si, por otra parte, la pregunta surge de un deseo sincero por la unidad
del cuerpo de Cristo, es una pregunta noble y merece seria
consideración. Cualquiera sea la conclusión a la que arribe el lector,
los cristianos desde John Bunyan hasta D. Martyn Lloyd Jones, han
abogado por libertad en este punto. Ellos han abogado no se requieren
acuerdos sobre la legitimidad o ilegitimidad del bautizo de infantes
para la membrecía de la iglesia.
[169]
Esta posición de neutralidad sobre un asunto no vital para la
salvación está ganando popularidad. La cuestión esencialmente es, o al
menos con mucha aproximación, ¿Deberían continuar existiendo las
iglesias Bautistas? Si la pregunta es planteada en términos de amor
versus dogmatismo, la respuesta puede ser sencilla, pero el asunto
verdadero a destacar puede disimularse. Dos temas en particular no
pueden descuidarse. Primero, algunas cosas no son esenciales para la
salvación pero estamos de acuerdo en que son esenciales para que la
iglesia funcione. Uno piensa en asuntos tales como el gobierno de la
iglesia, calificaciones para la membrecía o mujeres sirviendo como
pastoras y ancianas. Pero finalmente cada congregación debe hacer una
cosa y no la otra. Una congregación reconocerá a las mujeres como
ancianas o no, a un obispo exterior como autoridad o no y a los infantes
como sujetos viables al bautizo o no. Si la decisión de tomarse en un
sentido u otro, ¿decidiremos contra las Escrituras en el tema de exigir
que los creyentes sean bautizados?
Esto nos lleva al segundo y más importante punto que no puede ser
soslayado: la fidelidad a las Escrituras. Si el bautismo no es esencial
para la comunión y la membrecía de la iglesia, es un asunto de juicio
individual. El deseo de integración doctrinal y de unidad en el
Espíritu, irónicamente, reduce la obediencia a un asunto de preferencia
subjetiva. Algunos, como John Bunyan, han argumentado que desobedecer un
mandamiento de Cristo, especialmente cuando se hace por ignorancia,
representa una simple pérdida de luz que debe llevarse por más que
represente una ofensa sancionable o un pecado.
Un pecado puede ocurrir por acción o por intención. Ciertamente
la intención de desobedecer a Dios es pecado. Pero una acción de
desobediencia a Dios también es pecado aunque el individuo, no tenga
intenciones de pecar. La Biblia enseña claramente que hay pecados no
intencionales (Lev 4–5; Num 15). Las intenciones son una consideración
importante en la naturaleza y gravedad del pecado, pero ellas no son la
única consideración. Uno de los efectos del pecado es dejar estupefacto
al pecador, entorpecer y nublar las facultades, pero la oscuridad no
mejora nuestras culpas. En la parábola de la oveja y las cabras en Mateo
25, Jesús enseña con absoluta claridad que la obediencia a Dios no
reposa en el ojo del observador a menos que el observador sea Dios
mismo. Muchas cabras pensaron que habían vivido vidas justas pero Jesús
dijo que no lo hicieron.
¿Cómo sabremos entonces lo que Jesús considera obediencia? Por su
propia autorevelación. ¡No hay guía más cierta y segura!. Si Cristo ha
ordenado a los cristianos que se bauticen, entonces contradecir tal
mandato, o la simple intención de sustituirlo, aun la intención sincera,
no es el mejor servicio que podemos ofrecerle. Su gloria se manifiesta
más cuando el bautismo representa tanto la membrecía en la iglesia de
los regenerados como el testimonio colectivo de la iglesia. Si
comprendemos que Cristo ordenó a la iglesia que se bautizaran sólo los
que se arrepintieron y creyeron, entonces parece evidente que una
iglesia bíblicamente fiel es una iglesia Bautista.
¿Cómo Impacta esta Doctrina a la Iglesia de Hoy?
¿Qué significado tiene una correcta eclesiología para la iglesia
de hoy? Una correcta eclesiología para temas tales como el liderazgo de
la iglesia, la membrecía, la estructura, la cultura y hasta el carácter.
Por último, una correcta eclesiología toca la misma gloria de Dios. La
iglesia no es solo una institución fundada por Cristo, es Su cuerpo. En
ella se refleja la propia gloria de Dios.
¿Cómo se conocerán la teología, la Biblia y hasta el mismo Dios
apartados de la iglesia? ¿Qué comunidad comprenderá y explicará al mundo
la creación y providencia de Dios? ¿Cómo serán explicados los estragos
causados por el pecado, exaltada la persona y obra de Jesucristo,
mostrado el trabajo salvador del Espíritu y proclamado el regreso de
Cristo a las nuevas generaciones si no es mediante la iglesia? La
teología expuesta en cada capítulo de este libro insta hacia afuera para
dar a conocer y exhorta hacia afuera a través de la iglesia. Por tanto,
tener la doctrina de una verdadera iglesia es beneficioso para la gente
puesto que la verdad acerca de Dios es más acertadamente conocida,
enseñada y modelada.
Sobre el Liderazgo de la Iglesia
Los pastores de las iglesias actuales deben recuperar la
comprensión de que su primera misión es predicar la Palabra de Dios.
Esto debe ocurrir tanto para el beneficio del rebaño como para alcanzar a
aquellos que están fuera de la manada.
El propósito de predicar la Palabra de Dios al pueblo de Dios es
construir, o edificar, la iglesia pues esa es la voluntad de Dios para
Su iglesia. Si el crecimiento numérico de cualquier congregación en
cualquier tiempo es el resultado de la predicación bíblica, la iglesia
de Cristo experimentará verdadero crecimiento mediante la enseñanza y la
instrucción. Con este propósito, los pastores también deben guiar a la
iglesia hacia la recuperación de la disciplina correctiva de la iglesia.
Esto será realizado sólo cuando el propio liderazgo entienda las
enseñanzas bíblicas sobre la iglesia y se dedique pacientemente a
enseñarlas a la congregación.
Siempre que los pastores recobren la centralidad de la
predicación en su ministerio, habrá efectos beneficiosos. Las
congregaciones estarán más alimentadas y saludables, y en consecuencia,
darán mejor testimonio en sus vecindarios. Con demasiada frecuencia los
líderes promueven el crecimiento de la iglesia exclusivamente mediante
el evangelismo pero fallan en no considerar que una iglesia que no está
bien alimentada ni sea muy saludable, por lo general, ofrece un pobre
testimonio. Y un pobre testimonio de la iglesia debilita el ministerio
evangelístico de la congregación. El pastor que persiste en alimentar
bien a su congregación los capacitará mejor para el evangelismo y el
crecimiento. Los organismos saludables crecen de modo natural.
El Espíritu de Dios crea creyentes mediante la predicación y el
oír la Palabra de Dios. Dios también tiene un propósito con aquellos
creyentes que están reunidos en la congregación que son puros y están
protegidos. Para este fin, los pastores deben tener gran cuidado al
evaluar a los candidatos para el bautismo y en estimular a la
congregación a autoevaluarse antes de compartir la Cena del Señor. Si el
bautismo funciona como el pozo de agua que separa la iglesia del mundo y
la Cena del Señor manifiesta la presencia constante de la iglesia,
entonces los pastores actuales deben recuperar la seriedad que cada
ordenanza requiere.
Hebreos 13:17 promete que los líderes rendirán cuenta por los que
estaban a su cargo. ¿Rendirán cuentas los líderes de hoy por haber
descuidadamente permitido lobos en el bautismo o la Cena del Señor? ¿Se
repetirán las condenas acumuladas sobre los pastores de Israel de
Ezequiel 34 sobre los subpastores de las iglesias de hoy que han dejado a
sus ovejas vagando dispersas y sin protección? Los líderes de nuestras
congregaciones deben recordar que la correcta predicación de la Palabra
de Dios y la sana administración del bautismo y la Cena del Señor forman
el llamado básico de sus vidas.
Sobre la Membrecía de la Iglesia
Una correcta eclesiología también tiene implicaciones para la membrecía de la iglesia.
[170]
Por lo tanto, las razones y los requerimientos para la membrecía deben
ser clara y ampliamente comprendidos. La mayoría de los cristianos
evangélicos actuales parecen tratar a sus iglesias como algo más que los
ayuda en su vida cristiana como también lo hace su estudio bíblico,
cierta música, determinados autores, el llevar un diario, etc. En otras
palabras, los cristianos conciben su vida espiritual fundamentalmente
como si estuvieran manejando su propio negocio, gerenciando mediante la
selección entre diversas ayudas. Esta visión contrasta con una más
antigua y más bíblica forma de pensar sobre la vida cristiana que es
modelada congregacionalmente, donde se materializan las demandas del
evangelio, particularmente, en la iglesia local (1ª Jn 4:20).
Ser miembro de una iglesia local debe verse como algo normal para
un cristiano. Las vidas que se viven con la obligación periódica de
rendir cuentas hacen del evangelio algo claro y transparente para el
mundo. Jesús dijo que el amor de los cristianos unos a otros permitiría
al mundo conocer a los cristianos como aquellos que seguían a Cristo (Jn
13:34-35). En este sentido, una práctica vigorosa de la membrecía de la
iglesia ayuda al evangelismo de la congregación. También ayuda a
reforzar en los cristianos la convicción de su propia salvación. Cuando
el cristiano observa, enseña, estimula y refuta a otro, la iglesia local
comienza a actuar como una cooperativa que corrobora la convicción de
la salvación. La membrecía de la iglesia es buena para los cristianos
débiles porque los lleva a un lugar de nutrición espiritual y de
rendición de cuentas. La membrecía de la iglesia es buena para los
cristianos fuertes porque les permite modelar lo que es la vida
cristiana.
La membrecía consagrada de la iglesia también es buena para los
líderes de la iglesia. ¿Cómo llevará adelante Dios su trabajo si los
cristianos no se organizan para servirle? ¿Y cómo recibirán los
cristianos los dones espirituales que Dios les da a sus líderes si no
hay rebaño delimitado que dichos líderes deban guiar? Por último,
practicar la membrecía de la iglesia glorifica a Dios. Cuando los
cristianos se reúnen para formar el Cuerpo de Cristo, se refleja y se
expresa Su carácter. Recuperar este concepto de la membrecía de la
iglesia debe ser uno de los principales deseos de
las congregaciones actuales.[171]
Antes de que alguien señale rápidamente que los ministerios
paraeclesiales persiguen los mismos objetivos, recuerde que los
ministerios paraeclesiales no tienen la misma obligación de proclamar
sistemáticamente todo el mensaje de Dios ni tienen los mecanismos del
bautismo, la Cena del Señor y la disciplina de la iglesia para trazar
una línea clara y brillante que le permita decirle al mundo “Aquí está
el pueblo de Dios”. Lo paraeclesial es y siempre será un subconjunto
particular de la iglesia, centrado en tareas compartidas.
La idea que la membrecía en una iglesia local solo requiere una
profesión de fe en Cristo es una idea muy pomún que puede ser
destructiva para la vida y testimonio de la iglesia. Históricamente, los
Bautistas se han dado cuenta que una profesión de fe debe ser evaluada y
considerada como creíble. Después de todo, una profesión de fe incluye
el arrepentimiento. La vida cristiana se revelará no solo por la
participación en el bautismo y la Cena del Señor sino también por la
asistencia periódica a las reuniones de la congregación y una sumisión a
la disciplina de la congregación. Esto incluye orar con frecuencia por
la congregación y el diezmo. Cuando las congregaciones no prestan
atención al modo de vida del arrepentimiento, la cristianidad nominal
rápidamente comienza a dar mal testimonio de la iglesia al mundo y a
mentir sobre el carácter de Dios. Toda congregación tiene la
responsabilidad de decidir cuál es el estándar de membrecía adecuado
para ella.
Una de las áreas que con mayor urgencia necesita reexaminarse en
las iglesias de hoy es la relación de los hijos de los miembros de la
iglesia. En las congregaciones protestantes No-Bautistas, esta relación
comienza con el bautismo de infantes y termina generalmente con la
confirmación a los doce años de edad. En las iglesias Bautistas,
tradicionalmente, se les reconoce a los niños un importante rol. Son
reconocidos como objeto de afectos naturales pero también como personas
confiadas a familias cristianas para ser educadas en el Señor. Las
conversiones pueden ocurrir en los primeros años, por supuesto, pero se
considera más sabio retrasar el bautismo hasta que la madurez confirme
la realidad de su conversión.
[172]
Los primeros Bautistas comprendieron que el tiempo es necesario para
discernir la evidencia de una vida cristiana, especialmente, en aquellos
que todavía no han madurado.
[173]
Parece haber pocas dudas que, al menos en las iglesias Bautistas del
Sur, el último siglo ha visto un incremento en nominalismo mientras que
la edad promedio del bautismo ha ido disminuyendo. Pareciera que las dos
estadísticas no tienen relación alguna.
Más aún, su relación con los falsos bautismos (llevando a un
número creciente de rebautismos) no se limita a los efectos adversos que
sufre la iglesia local cuando los paganos son bienvenidos a la
membrecía y llamados santos, sino que son mucho más graves.
[174]
Los efectos serán sufridos eternamente por aquellos no creyentes a
quienes pastores e iglesias dieron la falsa seguridad de salvación
reduciéndoles la imaginación y desestimulándoles el apremio por el
arrepentimiento y la nueva vida en Cristo.
Sobre la Estructura de la Iglesia
Una correcta doctrina de la iglesia no solo debe afectar a su liderazgo y su membrecía, también debe afectar su estructura.
La última generación se ha burlado muchas veces de la autoridad.
La autoridad pudiese ser, como titulaba un libro años atrás, “la idea
más malentendida en América” “Los americanos no diferencian autoridad,
lo cual es algo bueno, de autoritarismo, que es algo malo”.
[175]
Se sospecha de todo poder debido al abuso que han cometidos algunos
investidos de autoridad quienes han hecho un gran esfuerzo por deformar
el paradigma de la piedad cristiana representado por la sumisión de
Cristo en la cruz. En tanto que la humildad debe ser inherente a todo
ejercicio cristiano de autoridad, Dios también ha puesto líderes en el
cuerpo para enseñar, liderar y guiar, dar ejemplo y tomar decisiones
(Gal 6:1; Ef 4:11; He 13:17). Ejerciendo seguridad en casi toda esfera:
en el matrimonio, la familia, el trabajo, el estado o la iglesia para el
cristiano es, en última instancia, un reflejo de la confianza en Dios.
Las batallas denominacionales en la Convención Bautista del Sur
del siglo pasado, han dado lugar a violentas disputas que sugieren una
novedosa e ingenua postura Bautista caracterizada por ser
individualista, amargado y separatista. La rica doctrina Protestante del
sacerdocio de todos los creyentes,
[176]
formulada originalmente en oposición a la acción de intermediario de
los sacerdotes ordenados de la iglesia Católico Romana, ha sido
transformada en la frase simplista y terrenal del siglo XX “conocimiento
del alma” (E.Y. Mullins). El énfasis bíblicamente fiel de la única
mediación de Cristo (el énfasis de la Reforma) ha sido transformado
(¿deliberadamente?) en la defensa errónea de habilidades humanas.
A lo mejor, la idea de conocimiento del alma simplemente afirma
de otra manera el hecho que los cristianos fueron creados a imagen y
semejanza de Dios, que somos seres espirituales y que somos capaces de
tener una relación con Dios. En el peor de los casos, la idea degenera
en un humanismo semireligioso en el que resulta innecesario proclamar la
obra de Cristo. Montados en el tren de esta inadecuada doctrina, todo
tema de doctrina es rediseñado, desde la expiación hasta la inspiración
de las Escrituras. En eclesiología hay la tendencia a desacreditar la
autoridad y el liderazgo de la iglesia. Pero el liderazgo es un regalo
de Dios y debe ser recibido en las iglesias como un don. Rechazar el
liderazgo priva a la iglesia del don de Dios, reduce drásticamente el
cuerpo y obstaculiza la vida y obra de la iglesia.
Un factor que ha llevado a muchas congregaciones locales a
adoptar un patrón de consejo de ancianos, o a evitarlo, es el incremento
de la controversia en la cultura popular sobre las distinciones basadas
en el género. Después de todo, el Nuevo Testamento es relativamente
claro en reservar el oficio de anciano a los hombres. Pero una sociedad
que ha tirado por la borda el género como la frontera divisoria del
matrimonio es una sociedad que hace tiempo perdió todo sentido del rol
de los géneros en la iglesia. Históricamente, la iglesia tomó la
enseñanza del Nuevo Testamento del pastorado de los ancianos como un
valor nominal. Pero esa posición fue abandonada lentamente en la América
del siglo XX. En 1924, la Iglesia Episcopal Metodista votó a favor para
ordenar a mujeres. Ellos fueron seguidos por el cuerpo principal de los
Presbiterianos en 1956, y por los Episcopales en 1976, y finalmente por
el principal cuerpo Luterano en 1979.
[177]
Entre los nuevos movimientos Pentecostales, Aimee Semple McPherson,
Kathryn Kuhlman y otras mujeres tienen prominentes ministerios de
enseñanza.
Entre las iglesias Bautistas, el movimiento hacia la ordenación
femenina ha sido más lento, pero sin duda que el proceso ha sido ayudado
por estructuras extrabíblicas tales como comités, concejos de iglesia y
posiciones gerenciales, las cuales, ni son un mandato ni están
mencionadas en la Escrituras, las cuales, por lo tanto, han sido más
fáciles de llenar con mujeres aun en iglesias bíblicamente conservadoras
en otros aspectos. Moverse a la pluralidad de ancianos conlleva claros
pasajes bíblicos que afirman el liderazgo masculino en la congregación.
[178]
Sobre la Cultura de la Iglesia.
No son solo los asuntos de liderazgo, membrecía y estructura
formal los influenciados por la doctrina de la iglesia, también hay
cuestiones relacionadas con la cultura de la iglesia.
Junto a la rígida estructura orgánica de la iglesia está también
una más sutil, cambiable y envolvente cultura de la iglesia. La cultura
de una iglesia se constituye o forma por la combinación de expectativas y
prácticas peculiares que no hacen de la iglesia una iglesia pero que de
hecho tipifican a una congregación en particular. Supongamos que una
congregación está caracterizada por la gentileza, un interés por la
verdad y un entusiasmo por las misiones. Estas cualidades, en verdad,
son apropiadas y consistentes con la presentación bíblica de una
iglesia, pero ellas no son requeridas específicamente a cada
congregación para que sea reconocida como una verdadera iglesia.
Dicho esto, la solidez de una iglesia se incrementa
ostensiblemente cuando la congregación cultiva una cultura de
discipulado y crecimiento, en la cual, es crecimiento espiritual
individual es la norma y no la excepción. Un indicador de crecimiento,
además, es el creciente nivel de preocupación por el estado espiritual
de los otros. Una preocupación por los otros debe incluir a los no
cristianos en el mundo (entonces un énfasis en las misiones), en el área
local de la propia congregación (un énfasis en el evangelismo) y
especialmente por los otros miembros de la congregación (un énfasis en
la disciplina de unos a otros). Una cultura de disciplina, evangelismo y
misiones será el mejor estímulo para que la iglesia sea lo que Dios
quiere de ella: un reflejo de su propio carácter.
Alineada contra esta visión radiante de la iglesia está un largo y
creciente nominalismo en muchas iglesias evangélicas actuales.
Congregación tras congregación están caracterizadas por roles de
membrecía cubiertos con “miembros” despreocupados. Aun entre aquellos
miembros que cumplen muchos de ellos viven vidas que no se diferencian
de los no creyentes que viven a su alrededor. Este nominalismo entorpece
y menoscaba el evangelismo cristiano, empuja a la iglesia y a los
creyentes hacia la desilusión, la desmotivación y la apatía, o la
división; y finalmente, deshonra a Dios.
[179]
Seguramente, si la eclesiología tiene alguna relevancia hoy, debe
atenderse esta situación. Los evangélicos han adelantado algunas
respuestas al declive actual de las iglesias. Solo consideraremos
algunas de ellas.
Desde principios del siglo XX, la aparición del Pentecostalismo
es, probablemente, el mayor desarrollo sociológico en el mundo
cristiano. Los panoramas cristianos en África y Sur América se han
transformado, y muchas iglesias establecidas en Europa y Norteamérica
han sido afectadas. Muchos de estos cristianos piensan que la respuesta a
los problemas de la iglesia reposa en redescubrir la enseñanza bíblica
del bautismo del Espíritu Santo. Muchos Pentecostales dicen que esta
experiencia (que incluye hablar en lenguas desconocidas), significa
conversión. Ellos creen que los cristianos revitalizados por este
bautismo pueden reemplazar el lamentable y torpe testimonio de
demasiados cristianos y sus congregaciones.
Otros grupos de cristianos han sugerido que la respuesta al
cristianismo nominal subyace en recuperar la dinámica de los pequeños
grupos, en los cuales no hay miembros inactivos (todos participan). Ha
sido muy recomendado mediante el uso de pequeños grupos, la iglesia de
estructura celular y el movimiento de la iglesia en las casas.
[180]
Incluso hay quienes defienden poner límites cuantitativos a las
congregaciones aduciendo que cualquier cosa más allá de cierto límite
transforma a la iglesia en simples “puntos de predicación” y debilita
tanto la habilidad del pastor para pastorear como la capacidad de los
miembros de involucrarse significativamente en ministerio unos con
otros.
Todavía hay otro grupo de cristianos que ha renunciado al local
tradicional y a la congregación heterogénea. Esta frustración o rechazo
puede observarse en la creciente filosofía que recomienda formar grandes
congregaciones en torno a una simple declaración de visión. Esto se
observa también en algunos modelos “orientados a objetivos”. El rechazo
de la heterogeneidad es más pronunciado aun en congregaciones que
establecen su misión sobre un grupo homogéneo, ya sea definido étnica,
generacional, sociodemográficamente u otra similar. El principio de
unidad homogénea subyacente detrás de este enfoque es:
Hierro atrae hierro.
Los miembros de una casta en la India, por ejemplo, tienen más
dificultad para alcanzar a individuos de otra casta. Aun así, el
principio de unidad homogénea ha reordenado la eclesiología de muchas
iglesias en nombre del evangelismo. Su lógica conclusión es el rechazo
de toda la congregación en beneficio de un subgrupo misionero
paraeclesial, aunque ellos continúan refiriéndose a sí mismos como
iglesia.
Otros que se autodefinen cristianos perciben el lamentable estado
de muchas congregaciones y concluyen que la congregación organizada,
simplemente, debe ser rechazada. Este rechazo puede ocurrir
públicamente, como ocurrió con el pronunciamiento del predicador de
radio Harold Camping quien dijo que los cristianos debían abandonar las
iglesias porque la era de la iglesia había terminado.
[181]
O puede ocurrir de modo más calmado cuando simplemente los individuos
desisten de participar en la iglesia. En ambos casos, estos
autodenominados cristianos enfatizarán algo como las enseñanzas de Jesús
sobre el corazón o las doctrinas como la justificación solo por la fe
para justificar su rechazo del rol de la congregación en la vida
cristiana. Brevemente, el nominalismo y la hipocresía se usan para
justificar la no participación en la iglesia.
Otros colocan la esperanza de recuperación de la iglesia en
recrear las emociones. Muchos autores y pastores apelan a la novedad de
la experiencia de la conversión, una experiencia histórica en tiempos de
reavivamiento y hasta de la iglesia primitiva en el libro de los Hechos
para argumentar que la mejor forma de avanzar es replicar tales
emociones. En tanto que los diagnósticos específicos varían, la mayoría
de las soluciones tienden al pragmatismo de “darles lo que desean”. El
evangelismo comienza a parecerse al marketing y la membrecía de la
iglesia comienza a parecerse al consumismo.
También hay quienes creen que los problemas en las iglesias
surgen de un enfoque equivocado (o al menos innecesario) sobre la
apropiación subjetiva de la fe por parte de los cristianos. En
respuesta, ellos abogan por reenfocarse en las ordenanzas objetivas, o
sacramentos, de la iglesia y no en las respuestas piadosas individuales.
Tales respuestas sacramentales presentan una gran variedad. Algunas
congregaciones multiservicios están ofreciendo alternativas a los
servicios de iglesias inmensas. Algunos en el movimiento de la Iglesia
Emergente se están reencontrando con las prácticas de espiritualidad de
los Pre-Reformistas (y en algunos casos pre-Cristianos) sin la total
comprensión del evangelio siempre latente en tales prácticas.
[182]
Entre los Reformados, algunos son llamados a un objetivismo en la
vida y profesión cristiana que parece que negaran cualquier rol a la
piedad personal y a la respuesta subjetiva al evangelio. En su lugar,
están proponiendo una “visión federal” construida específicamente en
oposición a lo que ellos reconocen como una problemática del pietismo
evangélico.
[183]
Más generalmente, muchos protestantes evangélicos están rechazando cada
vez más todo lo que sea específicamente evangélico o Protestante y
reemplazándolo con distintivos tales como “La Gran Tradición”.
[184]
A estas y muchas otras supuestas soluciones a los problemas
corrientes de las iglesias, los recursos deben ser tomados,
inexorablemente, de las Escrituras. Una clara comprensión del evangelio
es fundamental para una renovación genuina de las iglesias evangélicas.
Las soluciones que son tratadas como normativas pero que no tienen
sustento en la Escrituras deben ser rechazadas como la tradición moderna
que carece de la autoridad de los apóstoles. La eclesiología no puede
ser reducida al evangelismo o al auto perfeccionamiento. En la iglesia
cristiana el consumidor reinante debe ser el pecador arrepentido y es
mejor no recibir los sacramentos ordenados por Cristo que recibirlos sin
fe personal (1ª Co 11:30). Dios creó su iglesia por su Espíritu por
medio de su Palabra. Todas las otras respuestas a la carencia de
discipulado en muchas iglesias actuales agravan los problemas que
intentan resolver.
Sobre el Carácter de la Iglesia
La cultura de la iglesia, como la vida de un individuo,
simplemente refleja el carácter de la iglesia. Si la doctrina de la
iglesia enunciada en este capítulo va a ser aplicada, debe recuperarse
la práctica de la disciplina correctiva.
La recuperación de la disciplina de la iglesia requerirá verla
como parte de la membrecía de la iglesia. Debe ser enseñada en las
clases de los nuevos miembros. Debe ser tratada en sermones, testimonios
y boletines informativos. Y deben recomendarse libros sobre el tema.
Demasiada gente trata este tópico apologéticamente y actúa como si
admitiera que la práctica de disciplina es deplorable. Mientras el
pecado y sus trágicas consecuencias que requieren disciplina son, por
supuesto, lamentables el intento de disciplinar correctivamente al
pecador no arrepentido, no lo es. Cuando se hace en humildad, oración y
amor de edifica al cuerpo y se glorifica a Dios.
[185]
Hay que hacer una observación. La disciplina de la iglesia
parecerá ofensiva a unos y otros si se introduce en una congregación que
no se caracterice por una cultura de cuidado mutuo, un deseo de
involucrarse en el diario vivir unos con otros y una pasión por la
disciplina en la fe. Un pastor debe desear ser obediente a las
Escrituras, pero la congregación sentirá que el profundo involucramiento
en sus vidas requerido por la práctica de la disciplina es antinatural
si cosas como los convenios de la iglesia y las expectativas de
membrecía no se han enseñado con claridad. El primer paso hacia la
práctica de la disciplina de la iglesia en una congregación es
simplemente enseñar a la gente a orar y a cuidar los unos por los otros.
Aprender a amar y a discipular a otro (la verdadera práctica del
sacerdocio de todos los creyentes) es un prerrequisito para introducir
la disciplina correctiva. La disciplina formativa debe preceder a la
disciplina correctiva.
La disciplina de la iglesia proporciona una parte de la respuesta
necesaria al nominalismo prevaleciente en las iglesias de hoy. Los
pastores deben considerar que seguir las instrucciones bíblicas en cada
área de la vida de la iglesia (incluyendo las relativas a la membrecía y
a la disciplina) debe ser la clave para sanar lo que está fallando en
sus iglesias. Si los pastores desean que los pecadores se arrepientan,
deben darse cuenta que la disciplina es una manera bíblica de lograrlo.
Si los líderes de las iglesias desean que sus congregaciones se
caractericen por el agradecimiento de corazón y la santidad de vida,
deben reexaminar su práctica de la disciplina de la iglesia. La salud de
toda la iglesia será impulsada radicalmente en muchas congregaciones al
excomulgar a aquellos miembros que hayan cometido pecados tales como
indiferencia, divisionismo, adulterio o fornicación en lugar de honrar
su compromiso de glorificar a Dios. La acción de excluir al no
arrepentido permite a la iglesia dar u n testimonio claro del evangelio
al mundo. Finalmente, glorifica a Dios en la medida que su pueblo
muestre cada vez más su carácter de amor santo.
Sobre la Gloria de Dios
John L. Dagg concluye su introducción al
Tratado sobre el Orden de la Iglesia con esta acertada declaración:
El orden en la iglesia y los ceremoniales de religión, son
menos importantes que un nuevo corazón; y a los ojos de alguien,
cualquier laboriosa investigación de preguntas sobre ellos puede parecer
innecesaria y sin beneficio alguno. Pero sabemos, de las Santas
Escrituras, que Cristo dio instrucciones sobre estos asuntos y que
nosotros no podemos rehusarnos a obedecer. El amor muestra nuestra
obediencia; y muestra también la búsqueda de lo que es necesario para
conocer su voluntad. Vamos, por tanto, a proseguir las investigaciones
que están ante nosotros, con una oración ferviente, que el Espíritu
Santo, quien nos guía a toda verdad, pueda ayudarnos a aprender la
voluntad de aquel que amamos y adoramos supremamente. [186]
Muchos Protestantes han comenzado a pensar que debido a que la
iglesia no es esencial para el evangelio, no es importante para el
evangelio. Esta es una conclusión no bíblica, falsa y peligrosa.
Nuestras iglesias son la prueba del evangelio. En las reuniones de la
iglesia, se leen las Sagradas Escrituras. En las ordenanzas de la
iglesia, se representa el trabajo de Cristo. En la vida de la iglesia se
evidencia el carácter de Dios mismo. Una iglesia seriamente
comprometida en carácter hará lucir al evangelio como irrelevante.
La doctrina de la iglesia debido a que está atada al evangelio
mismo. La iglesia es la apariencia del evangelio. Es lo que el evangelio
muestra cuando se materializa en la vida de los creyentes. Quita la
iglesia y estás quitando la manifestación visible del evangelio en el
mundo. Los cristianos en las iglesias, entonces, son llamados a
practicar “exhibe el evangelio”, y el mundo será testigo de que el Reino
de Dios comenzó en una comunidad de gente hecha a su semejanza y
renacida por su Espíritu. Los cristianos, no individualmente, sino como
el pueblo de Dios reunido en las iglesias son la imagen más clara que ve
el mundo del Dios invisible y de cuál es su voluntad para ellos.
Jesús dijo “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si
se aman los unos a los otros” (Jn 13:35). Pablo añadió “El fin de todo
esto es que la sabiduría de Dios, en toda su diversidad, se dé a conocer
ahora, por medio de la iglesia, a los poderes y autoridades en las
regiones celestiales, conforme a su eterno propósito realizado en Cristo
Jesús nuestro Señor. (Ef 3:10-11).999
- ↑
Desde las teologías del siglo XIX de J. L. Dagg, J. P. Boyce, C. Hodge,
R. Dabney, y W. G. T. Shedd hasta la primera teología del siglo XX de
E.Y. Mullins, se ha omitido en la teología sistemática, una sección
especialmente dedicada a la eclesiología.
- ↑ Cipriano, De Ecclesiae Catholicae Unitate (Oxford: Clarendon, 1971), cap. 6.
- ↑
Robert Barrow dio en 1589 una gran definición de iglesia: “la iglesia,
como se entiende universalmente, contiene todos los que han sido, son y
serán elegidos por Dios. Considerada particularmente, como se observa en
este mundo, consiste de una compañía y compañerismo de fe y gente santa
reunida en torno a Cristo Jesús, su único rey, sacerdote y profeta,
adorándolo correctamente, siendo apacible y discretamente gobernados por
sus oficiales y leyes, manteniendo la unidad de la fe en el vínculo no
fingido de amor y paz”. A True Description out of the Word of God in the Visible Church
(Londres: 1589). Para una típica definición Bautista de la iglesia,
véase la definición dada por la Asociación Charleston: “Una iglesia
evangélica local consiste de una compañía de santos incorporados por un
convenio especial en un cuerpo diferente, reuniéndose en un lugar para
el disfrute del compañerismo los unos con los otros, teniendo a
Jesucristo como la cabeza, en todas sus instituciones, para su mutua
edificación y para la gloria de Dios por medio del Espíritu”. En A Summary of Church Discipline, ed. Mark Dever (Washington: Center for Church Reform [9 Marks Ministries], 2001), 118.
- ↑
A menos que se indique lo contrario, todas las Escrituras citadas en
este capítulo son tomadas de Nueva Versión Internacional (NVI).
- ↑
Esta distinción es fundamental para la teología y escatología del
dispensacionalismo. John F. Walvoord. The Millennial Kingdom. (Grand
Rapids: Zondervan, 1959).
- ↑ Esto debería ser similar a la forma como el autor de Hebreos
parece recordar, en Hebreos 8, la profecía de Jeremías 31 relativas a
las casas de Judá e Israel como satisfechas (o cumplidas) en la iglesia.
- ↑ Ver George Eldon Ladd, The Gospel of the Kingdom
(Grand Rapids: Eerdmans,1959), 120. Para puntos de vista opuestos ver
la tradicional posición dispensacionalista representada por Walvoord en The Millennial Kingdom, entre otras.
- ↑ Edmund Clowney, The Church (Downers Grove: Inter Varsity, 1995), 28.
- ↑ עם אלהים
- ↑ θαῤῥέωθεός
- ↑ λαόςθεός
- ↑ William Tyndale normalmente traduce ekklesia como “congregación”.
- ↑
3 veces en Mateo, 46 veces en las cartas paulinas, 23 veces en Hechos, 2
veces en Hebreos, una en 3ª Juan, una en Santiago y 20 veces en
Apocalipsis.
- ↑ La Septuaginta traduce la palabra Hebrea qahal con la palabra Griega ekklesia setenta y siete veces.
- ↑
Quizás la única excepción sea Hechos 9:31. A lo mejor a este uso único
se deba a la iglesia de Jerusalén, la cual, aunque había sido dispersada
continuaba considerándose como una unidad.
- ↑ J. Roloff, “ἐκκλησία” enNIDNTT (Grand Rapids: Eerdmans, 1990) 1:412-13.
- ↑ Hebreos 2:12 como referencia a una asamblea del Antiguo Testamento fue mencionada antes.
- ↑ Paul Minear Images of the Church in the New Testament (Filadelfia: Westminster, 1960).
- ↑ Avery Dulles, Models of Church, 2ª ed. (New York: Image, 1987).
- ↑
Otra vía familiar de categorizar las imágenes de la iglesia en el Nuevo
Testamento ha sido el uso de la estructura trinitaria del pueblo de
Dios, el Cuerpo de Cristo y la morada del Espíritu Santo.
- ↑ George Eldon Ladd, A Theology of the New Testament. Ed. Rev. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993).
- ↑ Ver por ejemplo, Felipe en Hech. 8:12 y Pablo en 19:8; 28:23.
- ↑ κοινωνέω
- ↑ Louis Berkhof, Sistematic Theology. (Grand Rapids: Eerdmans, 1938), 569.
- ↑
George Eldon Ladd, “Kingdom of God,” in EDT, 2nd ed., ed. Walter Elwell
(Grand Rapids: Baker, 2001), 611; cf. Berkhof, Systematic Theology,
568–70.
- ↑ Para mayores detalles ver Richard D. Phillips, Philip G. Ryken, Mark E. Dever, The Church: One, Holy, Catholic and Apostolic (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 2004).
- ↑ Küng, The Church, 320.
- ↑
John Calvin, Institutes of the Christian Religion, ed. J.T. McNeil,
trans. Ford Lewis Battles, LCC (Philadelphia: Westminster, 1960),
4.1.17.
- ↑ kaqolikhin
- ↑ Clowney, The Church, 76.
- ↑
Robert Reymond comenta: “Así como la verdadera semilla de Abraham son
todos aquellos que caminan en la fe de Abraham, independientemente de su
descendencia, también la iglesia apostólica es aquella que anda en la
fe de los apóstoles, independientemente del asunto de la “sucesión
ininterrumpida”. New Systematic Theology, 844.
- ↑ Donald Bloesch, The Church (Downers Grove: InterVarsity, 2002), 103.
- ↑
Para una interesante comparación entre los cuatro atributos (unidad,
santidad, universalidad y apostolicidad) y las dos señales de una
verdadera iglesia, véase, Küng, The Church, 267–69.
- ↑ neh'-fesh
- ↑ La palabra sacramento
se deriva del término latino usado para misterio; véase la Vulgata para
Efesios 1:9; 3:3; 5:32. Louis Berkhof define un sacramento como una
ordenanza (Sistematic Theology, 617).
- ↑
Se considera como principio establecido que los sacramentos tienen la
misma función que la Palabra de Dios: ofrecer y explicarnos a Cristo y
otorgarnos los tesoros de la gracia celestial. Pero ellos no avalan ni
benefician nada a menos que se reciban por fe. Calvin, Institutes, 4.14,17.
- ↑ δεῖπνον κυριακός
- ↑
Algunas organizaciones como los Cuáqueros o el Ejército de la Salvación
que se declaran seguidores de Cristo rechazan estas prácticas. Se puede
decir de muchas congregaciones evangélicas contemporáneas que en la
práctica rechazan el bautismo y La Cena del Señor si son evaluadas por
la frecuencia o comprensión de las mismas.
- ↑
El Concilio de Trento determinó que finalmente son siete los
sacramentos que los fieles católico romanos deben aceptar- Los otros
cinco con sus bases bíblicas son: confirmación (Hech. 8:17; 14:22; 19:6;
He 6:2), confesión (Stg 5:16), ordenación (1 Tim 4:14; 2 Tim 1:6),
matrimonio (Ef. 5:32), y extremaunción (Stg 5:14). Ver el parágrafo 1113
e, Cathechism of the Catholic Church, in Librería Editrice Vaticana
(Liguori: Liguori Publications, 1994). Hace mucho tiempo Calvino
rechazó estas cinco prácticas adicionales como sacramentos (Institutes
4.19). Berkouwer concluye su consideración de estos cinco sacramentos
católico romanos “extra” diciendo cortésmente “esta breve revisión de
los cinco sacramentos especiales evidencia quela teología de la iglesia
católica romana fija el número de sacramentos sobre la base de su visión
de lo que constituye una serie de actos sobrenaturales que inyectan
gracia sobrenatural en toda la vida, de principio a fin, en lugar de
ponerla sobre la indubitable base de la exégesis bíblica”. G.C.
Berkouwer, The Sacraments, trad. Hugo Bekker (Grand Rapids: Eerdmans, 1969), 36.
- ↑
La teología moderna de la iglesia católica romana habla de toda la
iglesia como un sacramento. “La Iglesia, en Cristo, está en la
naturaleza del sacramento- una señal e instrumento, es decir, de
comunión con Dios y de unidad con todos los hombres” “Dogmatic
Constitution of the Church,” en Vatican Council II, ed. Austin Flannery
(Northport, NY: Costello, 1975), 350.
- ↑ Ver Art 26 de los 39 Artículos de Religión de la Iglesia de Inglaterra.
- ↑ Ver John L. Dagg, Treatise on Church Order
(1858,repr. ,Harrinsonburg: Gano, 1982), 226-31. Daggs presenta cinco
argumentos contra la idea de tomar el lavado de los pies como la última
ordenanza de la iglesia.
- ↑
El Antiguo Testamento contiene muchos lavados ceremoniales (He 9:10).
Pablo usó la imagen del bautismo para explicarle a la gente la inmersión
de Israel dentro de la ley de Dios (1ª Co 10:1-2). Juan el Bautista
distinguió su bautizo del de Jesús (Jn 1:24-27, 33; Lc •:3). Pablo,
además, explicó la diferencia entre los dos bautismos en Éfeso (Hech
19:1-6). Jesús enseñó que sus discípulos serían bautizados con el
Espíritu Santo (Hech 1:5). Jesús se refirió metafóricamente a su propia
muerte como un bautizo (Lc 12:50). Y entre los cristianos de Corinto
existía la práctica del bautismo por la muerte. Para más detalles del
trasfondo histórico del bautismo en el primer siglo, véase, George r.
Baesley-Murray, Baptism in the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1962), 1-92.
- ↑ βαπτίζω
- ↑
Tomás de Aquino escribió: “En el sacramento del Bautismo, el agua se
usa para el lavado del cuerpo, por medio del cual, se simboliza el
lavado interior de los pecados. Ahora, el lavado pude ser hecho no solo
por inmersión sino también por aspersión o derrame. Y, en consecuencia,
aunque es más seguro el bautismo por inmersión, por ser el uso más
común, puede ser conferido igualmente por aspersión o derrame conforme a
Ez 36:25 “Los rociaré con agua pura…” Esto especialmente en casos de
urgencia o cuando el grupo a bautizar es numeroso como se presenta en
Hechos 2 y 4, donde leemos que un día tres mil creyeron y otro día cinco
mil: o se les dio a todos ellos un pequeño suministro de agua, o
mediante la debilidad del ministro quien no pudo llevar el candidato al
Bautismo, o por blandenguería del candidato, aquellas vidas deben haber
sido puestas en peligro por la inmersión. Debemos por tanto concluir que
la inmersión no es necesaria para el bautismo”. Summa Theologica (CD ROM, AGES Software, 1997). Juan Calvino, escribió en Institutes
que aunque reconocía la antigüedad de la inmersión, la misma no era
necesaria para validar el bautismo: “Si la persona que está siendo
bautizada debe ser totalmente sumergida, si una vez o tres veces, si se
rocía con agua o si se le derrama agua encima; esos detalles, no tienen
importancia. Debe ser opcional a las iglesias de acuerdo a la diversidad
de países. Es evidente que la palabra bautizo significa “inmersión” y
que el rito de la inmersión fue observado por la iglesia primitiva. Institutes, 4.15.19
- ↑ βαπτίζω
- ↑ Así por ejemplo, en el capítulo 7 de La Didache
(fechada a finales del primer siglo o comienzos del segundo), se lee:
“Ahora en lo que respecta al bautizo, después de haber revisado todas
esas cosas, bautiza así: “en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo” en agua que corra. Pero si no tienes agua que corra
bautiza en otra agua, y si no tienes agua fría bautiza con agua
caliente, y si no tienes agua de ningún tipo entonces derrama agua sobre
su cabeza tres veces “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo”. The Didache en The Apostolic Fathers, 2nd ed., trans. J. B. Lightfoot and J. R. Harmer (1891; repr., Grand Rapids: Baker, 1992), 258–59. La Didache,
por supuesto, no es Escritura pero es léxicamente significativo que a
tan temprana fecha del cristianismo los cristianos griegos se refirieran
al derrame de agua como bautismo.
- ↑
Una de las más recientes defensas de derrame como bautismo argumenta
que Romanos 6:3-6; Hebreos 9: 10-19; Tito 3:5-6; y Ez 36:25-27.
Demuestran que el bautizo significa el derramamiento del Espíritu Santo
en conexión con la persona cristiana lavada de sus pecados como parte de
su unión con Cristo, ninguno de los cuales requiere inmersión y
cualquiera de ellas puede haber tenido un significado mayor que derrame.
Joseph Pipa en The Case for Covenantal Infant Baptism, ed. Gregg Strawbridge (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 2003), 112–26.
- ↑ Millard Erickson, Christian Theology, 1113–14; cf. Robert Saucy, The Church in God’s Program (Chicago: Moody, 1972), 209.
- ↑ evpi; tw/` ojnovmati jIhsou` Cristou` eij~ a[fesin tw`n aJmartiw`n uJmw`n.
- ↑ Berkhof, Systematic Theology, 632. Compare sus comentarios sobre los recipientes adecuados para la Cena del Señor en la pág. 657.
- ↑ Calvin, Institutes, 4.15.13.
- ↑ Ver, Catechism of the Catholic Church, 319, 323. También Hechos 2:38; 22:16; 1ª Pedro 3:21.
- ↑
Paul K. Jewett, Infant Baptism and the Covenant of Grace (Grand Rapids:
Eerdmans, 1978), 228; cf. Fred Malone, The Baptism of Disciples Alone: A
Covenantal Argument for Credobaptism versus Paedobaptism (Cape Coral,
FL: Founders, 2003).
- ↑ Ver Éxodo 12; cf. Éxodo 24:8. Vea también D. A. Carson, Matthew, EBC (Grand Rapids: Zondervan, 1984), 528–32 sobre este asunto. Carson concluye que la Cena del Señor fue una comida de Pascua.
- ↑ Carson, Matthew, 536.
- ↑
Las primeras indicaciones acerca de la Cena del Señor se encuentran a
fines del siglo I y principios del II en The Didache, Clement’s Letter
to the Corinthians, Ignatius’s Letter to the Smyrneans.
- ↑ Berkhof, Systematic Theology, 657.
- ↑
La sinagoga de los hombres libres en Hechos 6:9, los Fariseos y los
Saduceos, varias cortes, parlamentos y gremios. En el Antiguo Testamento
hubo miembros de cofradías (como los 30 hombres de David) y los
profetas.
- ↑
Para la enseñanza de las tareas de los miembros de la iglesia por
Benjamin Keach, Benjamin Griffith, the Charleston Association, Samuel
Jones, W. B. Johnson, Joseph S. Baker, and Eleazer Savage, vea Mark
Dever, ed., Polity, 65–69, 103–5, 125–26, 148–51, 221–22, 276–79,
510–11.
- ↑ Erickson, Theology, 1058.
- ↑ Samuel Jones, Treatise of Church Discipline in Polity, ed. Mark Dever (1805; repr.), 150; cf.2 Co 12:20; 1 Tim 5:13; 6:4; Stg 4:11.
- ↑ Similar a la forma como los apóstoles fueron estimados como delegados de Cristo. Lc 10:16; 1ª Co 16:10.
- ↑ La palabra usada para honor en 1ª Tim 5:17 tiene una clara connotación financiera. Vea, además, Hech 6:4, 1ª Co 9: 7-14, Gál 6:6.
- ↑ Vemos esto por inferencia de Gál 1:8, 2ª Tim 4:3 y Judas 3-4.
- ↑ Mateo 18:17. Observa el involucramiento de toda la iglesia como corte de juicio y como ejecutora de la sentencia.
- ↑
Un buen ejemplo de esto se encuentra en la narración de Hechos 15.
Comentando Hechos 15:4, Jurgen Roloff “toda la asamblea congregacional
de Jerusalén era su propio cuerpo gobernante, distinto al cuerpo
gobernante de apóstoles y ancianos quienes eran los líderes de la
Iglesia”. Los decretos apostólicos debían ser ratificados por la
plenaria de la congregación.
- ↑
Esta naturaleza voluntaria de las relaciones entre las congregaciones
cristianas, sin embargo, no significa que las decisiones respecto a las
relaciones de una congregación con otra son simplemente materias
indiferentes.
- ↑
Históricamente los cristianos han hablado de dos aspectos del llamado
al ministerio de tiempo completo, el interno y el externo. El llamado
externo es provisto por una iglesia individual, la cual confirma los
dones individuales. El llamado interno se refiere a la sensación
subjetiva de responsabilidad por y el deseo de ministrar la Palabra de
Dios. Para mayores detalles, vea Charles Bridges, The Christian Ministry
(1830; repr. Edinburgh: Banner of Truth, 1980), 94–102; ver también,
Basil Manly Jr., A Call to the Ministry (Philadelphia: American Baptist
Publication Society, [no date cited]).
- ↑
Citado por Alexander Grossart in Works of Richard Sibbes, ed. Alexander
Grossart (1862–1864; repr., Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1979),
294.
- ↑ προΐστημι
- ↑ ἡγέομαι; Hebreos 13:17,24.
- ↑ Vea Mark Dever, A Display of God’s Glory (Washington, DC: 9Marks Ministries, 2001), 5–30.
- ↑ Gracias a Buddy Gray, Pastor de Birmingham, Alabama por resaltarme esto en el texto.
- ↑ πρέσβυς
- ↑ πρεσβύτερος
- ↑ ἐπισκοπή
- ↑ ποιμαίνω
- ↑ ποιμήν
- ↑ ἐπίσκοπος
- ↑
R.B.C.Howell, pastor de First Baptist Church, Nashville, Tennessee:”Los
únicos oficios señalados por Dios para predicar, administrar las
ordenanzas y que han permanecido inalterables hasta el presente son el
de pastor, anciano y obispo. R.B.C.Howell, “Ministerial Ordination,” in
The Baptist Preacher, ed. Henry Keeling (Richmond: H. K. Ellyson, 1847),
137.
- ↑ Para esta última calificación vea 1 P. 5:2.
- ↑
Sería extraño que cualquier calificación para anciano impidiese
(posiblemente) al mismo Pablo o a Nuestro Señor Jesucristo ejercer el
oficio de anciano.
- ↑
Mucho material útil ha sido publicado por el Concejo sobre Hombría y
Femineidad Bíblica. Vea John Piper and Wayne Grudem, eds., Recovering Biblical Manhood and Womanhood (Wheaton: Crossway, 1991, rev. 2006); Wayne Grudem and Dennis Rainey, eds., Pastoral Leadership for Manhood and Womanhood (Wheaton: Crossway, 2002); J. Lyon Duncan and Susan Hunt, Women’s Ministry in the Local Church (Wheaton: Crossway, 2006); Wayne Grudem, Countering the Claims of Evangelical Feminism (Colorado Springs: Multnomah, 2006); Wayne Grudem, Evangelical Feminism and Biblical Truth (Colorado Springs: Multnomah, 2004); and Wayne Grudem, Evangelical Feminism: A New Path to Liberalism? (Wheaton: Crossway, 2006). Vea también www.cbmw.org.
- ↑
Ejemplos de “gobernantes” de las sinagogas mencionadas en el Nuevo
Testamento son Jairo en Marcos 5:22 (gobernantes plurales), Hechos 13:15
(plural) y Crispo (singular) en Hechos 18:8.
- ↑ κατά πόλις
- ↑
Hechos 11:30; 15:2,4,6,22–23; 16:4; 21:18. Mientras que una pluralidad
de líderes se relaciona con una sola congregación, en el Nuevo
Testamento, nunca se dice que muchas congregaciones son parte de una
sola iglesia local. La idea que allí puede haber un obispo o presbítero
con autoridad sobre varias congregaciones es la esencia de la percepción
del gobierno de la iglesia tanto para los Episcopales como para los
Presbiterianos. Esto es lo opuesto al Congregacionalismo, que interpreta
que cada asamblea donde se ha predicado y practicado el bautismo y la
Cena del Señor, debe tener su propio liderazgo independiente. Una
iglesia local que tenga muchos servicios (cultos de adoración) o muchas
sedes plantea serias dudas sobre la comprensión eclesiológica
tradicional de las congregaciones. Aun aceptando tales innovaciones, hay
que ser muy cuidadoso. W-B-Johnson, el primer presidente de la
Convención Bautista del Sur, proporciona una típica observación al
respecto: “El término iglesia indica una iglesia, un cuerpo del pueblo
de Dios, reuniéndose en un lugar, y no muchas congregaciones formando
una iglesia”. W. B. Johnson, “The Gospel Developed,” in Polity, ed. Mark
Dever, 171.
- ↑
El erudito anglicano y pionero de misiones Roland Allen, llega a la
misma conclusión: “San Pablo no se conformaba con nombrar un Anciano
para cada Iglesia. En cada lugar el ordenaba a varios. Esto aseguraba
que la plena autoridad no iba a estar concentrada en las manos de un
hombre”. Roland Allen, Missionary Methods: St. Paul’s or Ours (London:
Robert Scott, 1912), 138–39.
- ↑ Gordon J. Wenham, The Book of Leviticus, NICOT (Grand Rapids: Eerdmans, 1979), 19–20.
- ↑
“entreguen a este hombre a Satanás para destrucción de su naturaleza
pecaminosa* a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor” (1ª
Co 5:5).
- ↑
Tradicionalmente los cristianos han distinguido entre ofensas públicas y
privadas. Ofensas públicas son las que trata Pablo en 1ª Co 5 donde no
hubo amonestaciones privadas que precedieran a la amonestación pública.
Ofensas privadas son las que plantea Jesús en Mateo 18 donde las
amonestaciones privadas precedieron a la amonestación pública.
- ↑
“Ten cuidado de la ambición de simples números: un cuerpo pequeño de
bien instruidos y ansiosos discípulos es de mayor valor para la causa de
Cristo que una multitud heterogénea indistinguible en espíritu y vida
del mundo”. H. Harvey, The Pastor: His Duties and Qualifications (Philadelphia: American Baptist Publication Society, 1879), 66.
- ↑
David Peterson, Engaging with God (Downers Grove: InterVarsity, 1992),
20. Cf. D. A. Carson’s much longer definition, in D. A. Carson, ed.,
Worship by the Book (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 30.
- ↑ J. Ligon Duncan, “Foundations for Biblically Directed Worship,” in Give Praise to God: A Vision for Reforming Worship, ed. P. G. Ryken, D. W. H. Thomas, and J. L. Duncan III (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 2003), 65.
- ↑ (1ª Tim 4:13, compare con el ministerio de Esdras de la lectura pública de la ley de Dios en Nehemías 8).
- ↑
Ex 20:2-4; Deut 5:6-10. Estos mandamientos fueron violados muchas veces
a lo largo del Antiguo Testamento (Le. 10:1–3; Deut 4:2; 12:ƒ32; 1º Sam
15:22; 2º Sam 6; Jer 19:5; 32:35). Todas estas historias (Nadab y
Abihu, Saúl y Uzías, muestran que la sana intención es insuficiente por
sí misma para la correcta adoración.
- ↑ Para más información sobre el principio regulativo ver los dos primeros capítulos en Ryken, Thomas, and Duncan, Give Praise to God, and D. A. Carson’s introduction to his Worship by the Book.
- ↑
Didache 14:1 (see Apostolic Constitutions 7:30:1); Ignatius, Magnesians
9:1; Gospel of Peter 35, 50. See R. J. Bauckham, “The Lord’s Day” and
“Sabbath and Sunday in the Post-Apostolic Church,” in D. A. Carson, ed.,
From Sabbath to Lord’s Day: A Biblical, Historical and Theological
Investigation (Grand Rapids: Zondervan, 1982), 221–98.
- ↑ Romanos 12:1
- ↑ 1ª Corintios tiene todos estos temas.
- ↑
Hechos 1:8. Pastores y teólogos Protestantes como Jonathan Edwards y C
.H. Spurgeon, se han referido de modo general a la “espiritualidad de la
iglesia”. Para estos autores esta frase es más o menos equivalente a la
pureza y santidad de la iglesia. Pero a la frase también se le ha dado
un uso más técnico en el contexto de conversaciones sobre políticas
institucionales y compromisos, particularmente entre Presbiterianos
sureños como J .H. Thornwell y R.L. Dabney, Aquí, la frase
“espiritualidad de la iglesia” se refiere a la necesidad de mantener el
propio interés de la iglesia centrado en su foco y rezar la mundanería.
La iglesia no debe interesarse en los asuntos de estado dicen los
abogados de la espiritualidad de la iglesia. Y Debe resguardar su propia
pureza mediante sus propias autoridades, en lugar de estar solicitando
protección al estado (vea James Bannerman, The Church of Christ, [1869;
repr., Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1974], 1:148–59, and R. L.
Dabney, Lectures in Theology, 4th ed. [Richmond: Presbyterian Committee
of Publication, 1890], 873–87). Después de todo, los abogados de la
“espiritualidad de la iglesia” señalan una conexión entre la
independencia de la autoridad de la iglesia respecto al estado puesto
que los asuntos de interés de la iglesia son diferentes de los asuntos
que interesan al estado. “La iglesia está para enseñarle a los hombres
el camino al cielo y para ayudarlos a ir hacia allá. El estado está para
proteger a cada ciudadano en el disfrute de los derechos temporales. La
iglesia no tiene potestad sobre las penas y castigos civiles porque
Jesús no les dio ninguna y porque no tiene relevancia cualquier cosa
usada para producir su propósito: un vigoroso creyente de la verdad
salvífica (Ver John 18:36; 2 Cor. 10:4).” Dabney, Lectures in Theology,
874–75. Dos proponentes claves de la doctrina fueron Stuart Robinson,
The Church of God (Philadelphia: Joseph M. Wilson, 1858), esp. 84–93, y
Thomas E. Peck, Notes on Ecclesiology (Richmond: Presbyterian Committee
of Publication, 1893), esp. 119–55. Para los que crean que esto es solo
la visión de una doctrina sureña, Charles Hodge comentó en 1861, en la
asamblea general de la Iglesia Presbiteriana: “La doctrina de nuestra
iglesia sobre esta materia es que el estado no tiene autoridad sobre
asuntos puramente espirituales y que la iglesia no tiene autoridad en
asuntos puramente seculares o civiles. Que sus provincias en algunos
casos se sobreponen unas a otras… es sin duda verdad … pero son
instituciones diferentes. “The General Assembly,” Biblical Repertory and
Princeton Review, 33 (1861): 557. J. H. Thornwell, Collected Writings
of James Henley Thornwell (1875; repr., Edinburgh: Banner of Truth
Trust, 1974), 4:448–51; B. M. Palmer, Life and Letters of James Henley
Thornwell (1875; repr., Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1974), 501.
Similar a las ideas de “esfera de soberanía” deAbraham Kuyper, la
espiritualidad de la iglesia en este uso más refinado se circunscribe a
todas las cosas que están directamente relacionadas con el evangelio.
Otros asuntos (tales como los relativos a la educación, políticas y
ministerios de misericordia para aquellos que están más allá de la
membrecía de la iglesia), son pertinentes a todos los cristianos pero la
iglesia en sí misma no es la estructura adecuada para dirigir tales
tópicos. Ellos tienen relación con los cristianos en escuelas,
gobernaciones y otras estructuras de la sociedad. De hecho, si tales
asuntos vienen a ser el foco de la iglesia, ellos pueden potencialmente
distraer y apartar a la iglesia de su principal y única responsabilidad,
la de encarnar y proclamar el evangelio. La iglesia está comprometida
con la tarea de proclamar todo el evangelio de Dios, y por tanto, el
consejo de Dios tal como conlleva la responsabilidad de todas las
personas e instituciones. Mientras la iglesia no exime de
responsabilidad a otras instituciones como el estado y la familia,
tampoco define cuales deben ser las funciones de tales instituciones…
Para decirlo claramente, la iglesia no encaja con la política. Los
miembros deben hacerlo, pero en su condición de ciudadanos del estado,
no como miembros de la iglesia”. John Murray, “The Relation of Church
and State,” en Collected Writings of John Murray (Edinburgh: Banner of
Truth Trust, 1976), 1:255. Un útil resumen de la discusión en el siglo
XIX es Daryl G. Hart, Recovering Mother Kirk (Grand Rapids: Baker,
2003), 51–65; cf. Preston D. Graham Jr., A Kingdom Not of This World:
Stuart Robinson’s Struggle to Distinguish the Sacred from the Secular
during the Civil War (Macon, GA: Mercer University Press, 2002). Para un
tratamiento contemporáneo de al menos las implicaciones de esto, ver
Brian Habig and Les Newsom, The Enduring Community: Embracing the
Priority of the Church (Jackson, MS: Reformed University Press, 2001).
- ↑ Ver, por ejemplo, el razonamiento del Señor para las plagas en Éxodo 9-12.
- ↑
Bridges, Christian Ministry, 1 La majestuosa declaración de. J. L.
Reynolds sobre el Reino de Dios: “Cuando Cristo exclamó, en la sala de
juicio de Pilatos, las sobresalientes palabras “Yo soy un rey”, el
pronunció un juicio cargado de inexpresable dignidad y poder. Sus
enemigos debieron ridiculizar sus pretensiones y expresar su burla sobre
tal afirmación, al presentarlo con una corona de espinas, una túnica
púrpura con cañuelas, y clavarlo en la cruz, pero a los ojos de las
inteligencias no colapsadas, el era un rey. Un alto poder presidió esa
ceremonia burlona y la convirtió en una coronación real. La corona de
espinas fue ciertamente la diadema del imperio; la túnica púrpura fue el
signo de realeza; la frágil cañuela era el símbolo del poder ilimitado y
la cruz el trono de dominio que nunca terminará”. J. L. Reynolds,
“Church Polity, of the Kingdom of Christ,” in Polity, ed. Dever, 298.
- ↑
Esta iglesia es llamada invisible porque ella es esencialmente
espiritual y su esencia espiritual no puede ser discernida por el ojo
físico; y porque es imposible determinar de modo inequívoco quien
pertenece a ella y quien no”. Berkhof, Systematic Theology, 566–67. Cf.
Westminster Confession, chapter 25.
- ↑
Calvin, Institutes, 4.1.7; cf. Benjamin Keach’s catechism, Questions
105–06, reprinted in Tom J. Nettles, Teaching Truth, Training Hearts
(Amityville: Calvary, 1998).
- ↑
Sobre Hechos 9:31ver los comentarios de F. F. Bruce’s, en Bruce, Acts,
NICNT (Grand Rapids: Eerdmans, 1983), 208–9; cf. A. H. Strong,
Systematic Theology (Valley Forge: Judson, 1907), 891.
- ↑ Nota del Traductor: No encontré una mejor expresión para traducir el original Landmarkism.
- ↑
Se puede tener alguna idea de la seriedad de la controversia observando
que Basil Manly Jr. En “Abstract of Principles” (1859) obvia cualquier
referencia a la iglesia universal, algo indiscutible entre los Bautistas
dos o tres décadas antes.
- ↑ Tal lenguaje se encuentra en Aquinas y Wycliffe.
- ↑ Vea el clásico tratamiento puritano de la naturaleza militante de la vida de la iglesia en William Gurnall, The Christian in Complete Armor (1662–1665; repr., Edinburgh: Banner of Truth, 1964).
- ↑ Vea Berkhof, Systematic Theology, 565.
- ↑ Clowney, The Church, 101.
- ↑ Calvin, Institutes, 4.2.3. También en 1536 edition in 2.29.
- ↑
Cabe destacar que las verdaderas iglesias se pueden dividir entre las
regulares, es decir, que están, de acuerdo a los preceptos (regula)
y las que son irregulares (que no lo están). De tal manera que algunas
iglesias Protestantes pueden reconocerse mutuamente como verdaderas
iglesias pero irregulares (dependiendo de sus diferencias).
- ↑
La Reforma, comprensiblemente, condujo a cambios en las estructuras
físicas de la iglesia: cambios arquitectónicos, cambios en el servicio
(más tiempo para el canto congregacional, para el sermón) y cambios en
el rol del ministro. Cambió de ser un sacerdote que ofrecía sacrificios a
ser un Ministro de la Palabra y un pastor del pueblo.
- ↑ John Calvin, en su prefacio a Psychopannychia, in Selected Works of John Calvin: Tracts and Letters, vol. 3, ed. and trans. Henry Beveridge and Jules Bonnet (1851; repr., Grand Rapids: Baker, 1983), 416.
- ↑
Cf. “For the New Testament unity is in order to preserve the faith, not
something which can exist irrespective of doctrinal purity.” Iain
Murray, Evangelicalism Divided (Edinburgh: Banner of Truth Trust, 2000), 140.
- ↑ Las Iglesias Ortodoxas de Oriente son aún menos uniformes en el establecimiento de un número específico de sacramentos.
- ↑ Rufus Jones, “Introduction,” to George Fox: An Autobiography, ed. R. Jones (London: Headley Bros., 1904), 22.
- ↑ Vea H. Dorgan, “Foot-Washing, Baptist Practice of,” in Dictionary of Baptists in America, ed. Bill J. Leonard (Downers Grove: InterVarsity, 1994), 119–20.
- ↑ William Wall (1647–1728), The History of Infant Baptism (London: J. Downing et al., 1705); Joachim Jeremias, Infant Baptism in the First Four Centuries, trans. David Cairns (London: SCM Press, 1960); Kurt Aland, Did the Early Church Baptize Infants? trans. G. R. Beasley-Murray (London: SCM Press, 1961); Joachim Jeremias, The Origins of Infant Baptism: A Further Reply to Kurt Aland
(Naperville: A. R. Allenson, 1963). Aland sostiene la interesante
posición que los infantes deben ser bautizados, aunque afirma que no
existe evidencia del bautismo de infantes antes del siglo III.
- ↑ Jewett, Infant Baptism, 21.
- ↑ Ver Origen’s Homilies on Luke, chap. 14; Homilies on Leviticus, chap. 8; Commentary on Romans, chap. 5.
- ↑ Nota del Traductor. Literalmente “del trabajo que se ha trabajado” y con el significado específico de “por el mismo hecho de la acción que se ha realizado”.
Se refiere a que el sacramento funciona por el simple hecho de haber
sido administrado, es decir, concede gracia por sí mismo.
- ↑
Aun aquí, David Wright sugiere que el bautismo de infantes puede no
haber sido una norma hasta el siglo VI. Vea D. F. Wright, “At What Ages
Were People Baptized in the Early Centuries?” Studia Patristica,
ed. E. A. Livingstone (Leuven: Peeters, 1997), 30:389–94. Para una
revisión de evidencias a las fechas más tempranas del bautismo de
infantes, vea Jewett, Infant Baptism, 13–43. Cf. Peter Leithart, “Infant Baptism in History: An Unfinished Tragicomedy,” in Strawbridge, ed., Covenantal Infant Baptism, 246–61.
- ↑ Ver William Estep, The Anabaptist Story (Nashville: Broadman, 1963).
- ↑ Un tipo de censura eclesiástica. Nota del Traductor.
- ↑
Las reformas magisteriales fueron aquellas en las que las iglesias
políticamente establecidas fueron reformadas por autoridades políticas
(los Luteranos, los Anglicanos, los Calvinistas).
- ↑
Este fue el caso de los Anabaptistas y Bautistas a lo largo de los
siglos XVI y XVII quienes debieron desautorizar públicamente el
anarquismo muchas veces.
- ↑
Al discutir con teólogos luteranos contemporáneos sobre los postulados
históricos de Lutero acerca de la necesidad y el poder salvador del
bautismo y como compagina esto con la salvación solo por fe, le han
respondido al autor, que podemos tener salvación sin bautismo pero no
podemos tener salvación sin fe.
- ↑ Ver John Theodore Mueller, Christian Dogmatics (St. Louis: Concordia, 1955), 494–95.
- ↑ See Calvin, Institutes, 4.14.6.
- ↑
The Belgic Confession (article 33) says that baptism and the Lord’s
Supper “are visible signs and seals of an invisible thing, by means
whereof God works in us by the power of the Holy Spirit.” Cf. Charles
Hodge, Systematic Theology (1871; repr., Grand Rapids: Eerdmans, 1952), 3:582.
- ↑ Grudem, Systematic Theology, 980–81.
- ↑ Laterano, iglesia de San Juan Laterano en Roma; la iglesia catedral del papa. Nota del Traductor.
- ↑ Aquinas, Summa Theologica, part 3, questions 75–77.
- ↑ Joseph Pohle, The Sacraments: A Dogmatic Treatise, ed. Arthur Preuss (St. Louis: B. Herder, 1942), 2:25.
- ↑ Ver Mueller, Christian Dogmatics, 510.
- ↑ Cf. Augsburg Confession, article 10.
- ↑ E.g., Mueller, Christian Dogmatics, 509–20.
- ↑ Calvin, Institutes, 4.17.9–12. Cf. Berkhof, Systematic Theology,
653–54. Calvin received serious criticism on this point from later
Reformed theologians like William Cunningham, Charles Hodge, and Robert
Lewis Dabney.
- ↑ Erickson, Christian Theology, 1127.
- ↑ Westminster Confession, 29.7.
- ↑ Cf. Strong, Systematic Theology,
538–43. Charles Hodge sviól pequeñas diferencias entre Zwinglio y
Calvino sobre este punto. See Hodge, Systematic Theology, 3:626–31. El
Autor concuerda con Hodge.
- ↑ In fact, Wayne Grudem represents these two views together as the view of “The Rest of Protestantism” in his Systematic Theology, 995–96. Cf. Ligon Duncan, “True Communion with Christ: Calvin, Westminster and Consensus on the Lord’s Supper,” in The Westminster Confession into the 21st Century (Rosshire, Scotland: Christian Focus, 2003), 2:429–75; W. G. T. Shedd, Dogmatic Theology, 3rd ed., ed. Alan W. Gomes (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 2003), 814. So, too, Lutheran theologian Mueller, Christian Dogmatics,
509. “Calvin’s doctrine was nothing but a polished form of Zwingli’s
crude teaching, couched in phrases approaching the Lutheran terminology
as closely as possible.” F. Bente, cited in Mueller, Christian Dogmatics, 514.
- ↑
Spurgeon echoes emphases of the Second London Confession (1689), which
says in chapter 30, paragraph 7: “Worthy receivers, outwardly partaking
of the visible Elements in this Ordinance, do then also inwardly by
faith, really and indeed, yet not carnally, and corporally, but
spiritually receive, and feed upon Christ crucified and all the benefits
of his death: the Body and Blood of Christ, being then not corporally,
or carnally, but spiritually present to the faith of Believers, in that
Ordinance, as the Elements themselves are to their outward senses.” In
this, the Baptist ministers adopted the language entirely of the
Westminster Confession (from 1646) in chapter 29, paragraph 7, except
for changing the word “sacrament” to “ordinance,” and omitting the
description of how the body of Christ is not corporally present “in,
with, or under the bread and wine.”
- ↑
See Peter Naylor, Calvinism, Communion and the Baptists: A Study of
English Calvinistic Baptists from the Late 1600s to the Early 1800s, in Studies in Baptist History and Thought
(Carlisle, U.K.: Paternoster, 2003). The classic defense of the
Southern Baptist position was penned in 1846 by R. B. C. Howell, at the
time the pastor of Second Baptist church, Richmond, Virginia, later the
pastor of First Baptist, Nashville, Tennessee. Howell articulated a
non-Landmarkist position of close communion that is still instructive
for Baptists today wondering why they should exclude from membership or
participation in the Lord’s Supper paedo-Baptists. See Howell’s The Terms of Communion at the Lord’s Table
(Philadelphia: American Baptist Publication Society, 1846). There is a
vast literature of nineteenth-century Baptist works on proper terms for
admission to the Lord’s table that would be a fruitful field of study
for Christians today wanting to understand church membership better.
- ↑
Escribiendo en 112 D.C., Plinio refiere que los cristianos establecían
pactos morales entre sí. Tales convenios también fueron practicados por
los seguidores de Juan Huss. Vea Charles W. Deweese, Baptist Church Covenants (Nashville: Broadman, 1990), 19–23.
- ↑ Ibid., viii.
- ↑ Ver Daniel L. Akin, “An Expositional Analysis of the Schleitheim Confession,” CTR 2 (1998): 345–70.
- ↑
Deweese sugiere un conjunto de factores que han hacho declinar decline
el uso de los convenios eclesiales entre los Bautistas en América. Vea Baptist Church Covenants, 88–91.
- ↑ Colecciones Standard de Confesiones Bautistas han sido recopiladas por W. J. McGlothlin, Baptist Confessions of Faith (Philadelphia: American Baptist Publication Society, 1911) y William L. Lumpkin, Baptist Confessions of Faith (Valley Forge, PA: Judson Press, 1959). Para una defensa del uso de confesiones entre los Bautistas, vea Reynolds, Church Polity, 334–42.
- ↑
Ver, por ejemplo, the Second London Confession (1689), the New
Hampshire Confession (1833), y The Baptist Faith and Message (1925,
1963, 2000).
- ↑ Reynolds, Church Polity, 340.
- ↑
Un buen ejemplo de esto puede ser la autoridad que Ignacio tenía como
obispo. El declaraba que esa autoridad pertenecía legítimamente al
obispo.
- ↑
Para una excepción a esta postura general, vea Robert Reymond, “The
Presbytery-Led Church: Presbyterian Church Government,” en Chad Brand
and R. Stanton Norman, eds., Perspectives on Church Government: Five Views of Church Polity (Nashville: Broadman & Holman, 2004), 87–138.
- ↑ Para ejemplo de un tratamiento popular moderno, vea D. Martyn Lloyd-Jones, The Church and the Last Things, vol. 3, Great Doctrines of the Bible (Wheaton: Crossway, 1998), 13–18.
- ↑
Ver, también, la Confesión de Escocia (1560), Art. 18: “La predicación
verdadera de la Palabra de Dios... la sana administración de las
sacramentos de Cristo Jesús. . . . disciplina Eclesiástica sabiamente
administrada.”
- ↑ Clowney, Church,
101. En este libro Clowney presenta un buen resumen de las señales de
la iglesia consideradas bíblicamente, históricamente, y en el contexto
de temas de la iglesia versus paraiglesias; vea 99–115. Vea también John
Hammett, Biblical Foundations for Baptist Churches: A Contemporary Ecclesiology (Grand Rapids: Kregel, 2005).
- ↑ Greg Wills, Democratic Religion: Freedom, Authority and Church Discipline in the Baptist South, 1785–1900 (New York: Oxford University Press, 1997), 22.
- ↑ Ibid., 119.
- ↑
Ibid. 9. Cf. “La disciplina de la iglesia presupone una estricta
dicotomía entre las normas de la sociedad y el Reino de Dios. La mayoría
de los evangélicos limpian de impurezas la sociedad, los menos abogan
por la urgencia de una disciplina que separe la iglesia del mundo” (p.
10). “El activismo es la virtud dominante de la piedad Bautista en el
siglo XX” (p. 133). Para más detalles, vea Stephen Haines, “Southern
Baptist Church Discipline, 1880–1939,” BHH 20 (1985): 14–27.
- ↑ Dagg, Church Order, 274.
- ↑ E.g., Josef Nordenhaug, “Baptists and Regenerate Church Membership,” R&E 60, no. 2 (1963): 135–48. James Leo Garrett Jr., Baptist Church Discipline (Nashville: Broadman, 1962).
- ↑ H. E. Dana, Manual of Ecclesiology (Kansas City, KS: Central Seminary Press, 1944), 244.
- ↑ Las implicaciones parecen evidentes en las palabras de Pablo en 2ª Corintios 2:6-7.
- ↑ Vea, por ejemplo, Brand and Norman, Perspectives on Church Government.
- ↑
Una calificación obvia de esta afirmación es que los tiempos del
principio y fin de la iglesia pueden muy bien venir con excepcionales
circunstancias que llamen a medidas temporales, en las cuales, uno o
varios de estos aspectos del liderazgo no se haya materializado aun.
- ↑
Las controversias entre los términos de admisión a comunión entre los
Bautistas del siglo XIX proporcionan un rico recurso para más enseñanzas
bíblicas sobre estos temas. Por ejemplo, vea R. B. C. Howell, Terms of Communion.
- ↑
Por una razón, si esto fuese ampliamente comprendido entre los
miembros, las congregaciones serían capaces de considerar cuidadosamente
la delicada de la relación entre los niños de los miembros de la
iglesia.
- ↑ Para más detalles, vea Mark Dever, Nine Marks of a Healthy Church, 2nd ed. (Wheaton: Crossway, 2004); also Mark Dever, A Display of God’s Glory, and Mark Dever, “Regaining Meaningful Church Membership” in The Integrity of the Local Church in a Seeker-Sensitive World, ed. Thomas White,Jason Lee, and Jason Duesing (Grand Rapids: Kregel, forthcoming 2007).
- ↑
Mucho trabajo histórico popr hacer en esta área, pero los siguientes
hechos son elocuentes. Considere los distinguidos ministros Bautistas de
los siglos XVIII y XIX. John Gill nació en un hogar Bautista y fue
bautizado a la edad de diecinueve años en 1716 (tres semanas antes de
cumplir veinte años). Samuel Medley nació en un hogar Bautista y fue
bautizado a la edad de veintidos años en Deciembre de 1760. Richard
Furman nació en un hogar no-cristiano y fue bautizado a la edad de
diecisiete años en 1772. John Dagg fue bautizado a la edad de dieciocho
años en la primavera de 1812. J. Newton Brown fue bautizado en Hudson,
New York, a los catorce años de edad en 1817. J. M. Pendleton fue
bautizado cerca de Pembroke, Kentucky a la edad de dieciocho años en
1829. P. H. Mell nació en un sólido hogar Bautista y fue bautizado a la
edad de dieciocho años en 1832 (de acuerdo a la biografía hecha por su
hijo). J. R. Graves nació en un hogar Bautista y fue bautizado a la edad
de quince años en 1835 (O. L. Hailey, J. R. Graves: Life, Times, Teachings [Nashville: n.p., 1929]).
- ↑ Ver Dennis Gunderson, Your Child’s Profession of Faith (Amityville: Calvary, 1994) and Jim Elliff, Childhood Conversions (Parkville: Christian Communicators Worldwide, 1997).
- ↑ Ver “Adults Baptized in Southern Baptist Churches, 1993” RR (Winter 1995).
- ↑ Eugene Kennedy and Sara Charles, Authority: The Most Misunderstood Idea in America (New York, Free Press, 1997), 1.
- ↑
Para un excelente tratamiento de esta doctrina, vea Timothy George,
“The Priesthood of All Believers and the Quest for Theological
Integrity,” CTR 3 (1989): 283–94.
- ↑ Ver Mark Noll, A History of Christianity in the United States and Canada (Grand Rapids: Eerdmans, 1992), 513.
- ↑ Vea Grudem and Rainey, Pastoral Leadership.
Debe observarse que el liderazgo auténticamente bíblico es consensual,
no coercitivo, y está relacionado con la guía y el servicio, no “como
señorío” sobre otros de manera orgullosa. Debe recordarse que en la
mayoría de las congregaciones predominan las mujeres en número , por
tanto las mujeres pueden organizarse como mujeres (junto con hombres a
los que les agrade estar con ellas) en cualquier tiempo y cambio de las
prácticas de la iglesia, si estuviesen convencidos que las posiciones
sostenidas en este capítulo y que han sido práctica tradicional de los
cristianos, estuvieses equivocadas.
- ↑
Evaluando el estado de las Iglesias a mediados del siglo XIX, John L.
Dagg escribió, “Mucho de lo que ha has existido, y que ahora existe,
entre los que se declaran seguidores de Cristo, no puede ser contemplado
por alguien que de verdad lo ame, sin una profunda tristeza”. Church
Order, 11. Siglo y medio después, John Piper refleja el inquietante
estado de muchas Iglesias actuales en Counted Righteous in Christ (Wheaton: Crossway, 2002), 22–23.
- ↑ Mark Dever, “The Priesthood of All Believers: Reconsidering Every Member Ministry,” in The Compromised Church, ed. John H. Armstrong (Wheaton: Crossway, 1998), 85–116.
- ↑
Debe señalarse con asombro que este anciano radio predicador anunció
que la edad de la Iglesia era reemplazada por “la era de la radio.” Vea
J. Ligon Duncan and Mark Talbot, Should We Leave Our Churches? A Biblical Response to Harold Camping (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 2004).
- ↑ Para una discusión de la iglesia emergente, vea D. A. Carson, Becoming Conversant with the Emerging Church (Grand Rapids: Zondervan, 2005).
- ↑
Vea, por ejemplo, las obras de Douglas Wilson. Ver también The Auburn
Avenue Theology Pros and Cons: Debating the Federal Vision, a Knox
Theological Seminary Colloquium on the Federal Vision (Ft. Lauderdale:
Knox Theological Seminary, 2004).
- ↑
Sobre los intentos de La Gran Tradición de recapturar la esencia de la
unidad cristiana antes del cisma de la Edad Media y el Renacimiento, vea
InterVarsity’s Ancient Christians Commentary series, Touchstone Magazine,
y las frecuentes alusiones en Richard John Neuhaus’s First Things.
Tristemente, muchos de los llamados Protestantes que abogaron por la
Gran Tradición tomaron la posición Católico Romana en los debates de la
era de la Reforma sobre la apostolicidad de ciertas prácticas y
doctrinas.
- ↑ Para buenas instrucciones prácticas sobre la ejecución de la disciplina de la iglesia, vea Jay Adams, Handbook of Church Discipline (Grand Rapids: Ministry Resources Library, 1986) and Dever, Polity.
- ↑ Dagg, Treatise on Church Order, 14.