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lunes, 10 de septiembre de 2012

CÓMO SURGE UNA FALSA DOCTRINA

 John Owen


“En los tiempos cuando la iniquidad aumenta, las normas generales de la piedad entre el pueblo de Dios disminuyen y se debilitan. Esta declinación empezará con unos pocos creyentes que comiencen a volverse negligentes en sus deberes cristianos, descuidados y mundanos. Estos creyentes se sienten “libres” para seguir sus deseos pecaminosos. Quizás al principio, otros creyentes les condenarán y les redargüirán, pero después de un tiempo se conformarán a su mal ejemplo. Muy pronto los verdaderamente piadosos serán la minoría y los otros la mayoría. Debemos tomar muy en serio el siguiente principio: “Un poco de levadura, leuda toda la masa” (1 Corintios 5:6 y Gálatas 5:9).

¿Qué se necesita para cambiar completamente el ambiente moral de una iglesia? Sólo se necesita que unos cuantos creyentes de una buena reputación continúen en su declinación espiritual y que la justifiquen ante los demás. Pronto una multitud seguirá su mal ejemplo. Es más fácil seguir a los muchos para hacer mal (Éxodo 23:2) que mantenernos firmes a favor de la justicia.
El mismo principio es verdad en cuanto a las enseñanzas falsas. ¿Qué se necesita para cambiar la posición doctrinal de una iglesia? Todo lo que se necesita es que unos pocos creyentes de buena reputación aprueben y justifiquen la enseñanza falsa. No pasara mucho sin que la multitud comience a seguirle. Muy pocos creyentes se percatan de cuán fuerte es la tentación para seguir el ejemplo de otros.

En cada época los creyentes deberían aprender a no poner su confianza en los hombres “piadosos”, sino en la Palabra de Dios. Si somos humildes, consideraremos seriamente las opiniones y las prácticas de aquellos que tienen una reputación de ser piadosos. Sin embargo, si sus opiniones y prácticas son contrarias a la Palabra de Dios, no debemos seguir su ejemplo.
Hay una fuerte tentación de seguir el ejemplo de personas que tienen una buena reputación. Además, estos líderes del mal pueden dar “buenas razones” para defender sus opiniones y prácticas. ¿Está usted dispuesto a pensar por sí mismo? o ¿Permitirá que otros piensen por usted? Si es así, entonces usted será muy fácilmente desviado por las conclusiones falsas de otros.
El Nuevo Testamento sin lugar a dudas, da una enseñanza muy clara con relación a la libertad que los creyentes tienen en Cristo. Tristemente, no es difícil para algunos pervertir esta enseñanza. Poco a poco, pero ciertamente, las salvaguardas de la santa ley de Dios son quitadas, y la libertad cristiana es convertida en un pretexto para el pecado. Si los creyentes fueran a ver desde el principio hasta dónde les conducirá esta enseñanza, con horror le volverían la espalda. Pudiera ser que algunos de estos maestros no se percaten al principio de las consecuencias que sus enseñanzas les traerán. Al principio, su desviación pudiera parecer pequeña e insignificante. Sin darse cuenta, los maestros y sus seguidores se desvían cada vez mas de la verdad hasta que cambian la verdad de Dios por una mentira” (Romanos 1:25).

Ejemplo de todo esto es que hoy en día hay un número creciente de cristianos “profesantes” que están dispuestos a minimizar y a aun negar la condenación bíblica de las prácticas homosexuales. Esta es una ilustración moderna de esta advertencia. Otras ilustraciones de las desviaciones de los tiempos modernos son:

•Métodos y tácticas de evangelismo que no tienen ningún apoyo bíblico. 
•La omisión en la predicación evangelística de la necesidad del arrepentimiento y la sumisión al Señorío de Cristo. 
•La disminución de las normas bíblicas para la membrecía de la Iglesia y el descuido de la disciplina. 
•La omisión o el abierto rechazo de doctrinas tan fundamentales como la predestinación; la depravación humana y la necesidad de una obra especial del Espíritu Santo para la genuina conversión. 
•La falta de una enseñanza clara sobre las evidencias de la regeneración, y las normas bíblicas para el proceso de la santificación y la mortificación del pecado, etc.” 
Aportes del libro “La Tentación” de John Owen.


La esperanza es un don glorioso!

“Cristo en vosotros la esperanza de gloria” – Colosenses 1:27

La esperanza es un don glorioso, cuyas bendiciones se encuentran en la Biblia, y una operación eficaz que sustenta y consuela a los creyentes. Por ella somos purificados,santificados y salvos. Y, además de su excelencia y eficacia, es una de las formasprincipales en que Cristo habita en nosotros: “Cristo en vosotros la esperanza degloria” (Col. 1:27). Cuando Cristo manifiesta su presencia en nosotros, nos da unainfalible esperanza de gloria; Él nos da una garantía segura de la misma y trabaja ennuestra alma para que estemos a su expectativa. La esperanza no es una expectativaincierta sobre el porvenir que esperamos; sino que es un don del evangelio y, por lotanto, quita toda inseguridad que pueda despejarnos de sus ventajas. Es un anheloardiente que proviene de la fe, confianza y seguridad, acompañado de un profundoanhelo de bienestar. Debido a un concepto equivocado, los cristianos trabajan y seesfuerzan por obtener sus beneficios; porque suponen que vivir en esperanza es unestado que existe no sólo en una vida de fe y de seguridad en esa fe, sino también enellos mismos. Piensan que tener la esperanza de ser salvos es una condición deaquellos que no tienen una fe o seguridad fundamentada. Sin embargo, esto estransformar un fruto del espíritu en un simple afecto natural. La esperanza delevangelio es fruto de la fe, confianza y seguridad. La grandeza de los asuntos de lagracia con una esperanza bien fundamentada no puede ser superada. (Rom. 5:2-5)

La razón por la cual el hombre no ejercita, ni se beneficia por, este don es porque nocontempla ni medita en las cosas que espera. El principal objetivo de la esperanza esla gloria eterna (Col. 1:27, Rom. 5:2). Su propósito característico es sustentar,consolar y alentar el alma en toda prueba, cansancio y abatimiento, con la firmeexpectativa de una pronta entrada en esa gloria que trae como consecuencia un anheloardiente por alcanzarla. Por lo tanto, a menos que nos familiaricemos con la realidadde esta gloria mediante la meditación continua en ella, será imposible que sea elobjeto de una esperanza vigorosa y activa por la cual el apóstol decía “somos salvos”.Sin esta meditación, no podemos tener evidencias de lo eterno, ni valorarlas, así comotampoco estaremos preparados mentalmente para ellas como deberíamos estarlo.

Supongamos que varias personas se involucran en un viaje hacia un país muy lejano,del cual todos perciben que es un lugar de descanso y que hay una herencia que losespera. Según esta percepción, emprenden el viaje para alcanzar lo que estápreparado para ellos. Sin embargo, algunos de ellos sólo tienen una noción general decuáles son esas cosas. No saben nada específico sobre ellas y están tan ocupados enotros asuntos que no tienen tiempo para investigarlas; o simplemente no puedenllegar a un conocimiento particular de ellas y se conforman con sus esperanzas yexpectativas generales. Sin embargo, hay quienes hacen lo posible por conocer particularmente el entorno del lugar a donde van, junto con la excelencia de laherencia y las cosas que están preparadas para ellos. El viaje se hace largo ycansador, enfrentan muchas dificultades y grandes peligros, y no hay nada que lostranquilice y anime, sólo la esperanza y la expectativa que pusieron en el país al quese dirigen. La primera clase de personas se desalentará y debilitará; sus esperanzasgenerales no podrán tranquilizarlas.
Sin embargo, aquellas personas que tengan unanoción y percepción definida de las cosas del país al que se dirigen, y de suincomparable excelencia, estarán preparados para animarse y mantenerse en pie.

Es seguro que en nuestro viaje o peregrinaje hacia la patria celestial nosencontraremos con toda clase de peligros, dificultades y pruebas. Una noción generalde las bendiciones que nos esperan no hará funcionar en nosotros una esperanza vivay espiritual. Sin embargo, cuando pensamos y meditamos en la gloria futura de lamanera en que debemos, esa esperanza que se desconoce, principalmente susbeneficios y su ejercicio, será la más activa y vigorosa y estará presente en cadasituación. Por lo tanto, es un beneficio invaluable que encontrarán aquellos que tienenuna mente espiritual.

—De The Grace and Duty of Being Spiritually Minded, John Owen, The Works of John Owen, vol. 7, pp. 321-323,reimpreso por Banner of Truth. Traducido por Sofía Fernández Baker.