lunes, 10 de septiembre de 2012

Comentario de 1 TIMOTEO 4:11-16


1 TIMOTEO 4:11-16

11. Esto  manda y  enseña.
12. Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

13.    Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.
14.   No  descuides el don  que hay en ti,  que te fue  dado  mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.
15.   Practica  estas  cosas.  Ocúpate en  ellas,  para  que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.
16.   Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.


11. . Pabló enseña que la doctrina es de tal naturaleza, que los hombres no deben cansarse de ella, aunque la oigan todos los días. Hay, sin duda, otras cosas que deben enseñarse; pero él pone énfasis en el demostrativo esto; porque con ello nos quiere decir que no son cosas insignificantes, en las cuales hay que fijarse sólo de pasada y brevemente; sino que, por el contrario, merecen ser repetidas cada día, porque jamás podrán inculcarse en demasía. Por lo tanto, un pastor prudente debe considerar cuáles cosas son necesarias principalmente, para que les preste atención. Tampoco hay razón para temer que ello se haga tedioso; porque cualquiera que sea de Dios escuchará gustosa y asiduamente aquellas cosas que necesitan repetirse con frecuencia.

12. Ninguno tenga en poco tu juventud. Pablo dice esto tanto en relación a otros, como a Timoteo. En cuanto a otros, él no desea que la edad de Timoteo le impida esa reverencia que merece, a condición de que, en otros respectos, se comporte como es pronto de un ministro de Jesucristo. Y, al propio tiempo, instruye a Timoteo a suplir por la seriedad de su conducta lo que le falta en edad. Como si dijera: "Ten cuidado de que, mediante la seriedad de tu comportamiento, te procures tan grande reverencia que tu edad juvenil, que, en otros respectos, lo expone a uno al menosprecio, no te reste nada de tu autoridad". De aquí aprendemos que Timoteo era todavía joven, aunque ocupaba un puesto de distinguida excelencia entre muchos pastores; y que es un penoso error calcular, por el número de años, cuánto se le debe a una persona.

Sino sé ejemplo de los creyentes.1 En seguida le informa de cuáles son los verdaderos ornamentos: no las marcas externas, como el báculo del obispo, el anillo, la capa, y bagatelas semejantes, o matracas de niños; sino integridad en la doctrina y santidad de vida. Cuando dice: en palabra y conducta, el significado es lo mismo que si dijera: "por palabras y acciones", y, por consiguiente, por la vida entera.
Las cosas que siguen forman parte de una conducta piadosa: amor, espíritu, fe, pureza. Por la palabra espíritu, yo entiendo ardiente celo por Dios, si es que no se piensa en interpretarlo en forma más general, a lo cual yo no pongo objeción. La pureza no se contrasta sencillamente con la suciedad, sino que denota limpieza integral de la vida. De aquí aprendemos que aquellos que actúan de manera tonta y absurda, que se quejan de que no se les tributa honor, mientras que nada tienen en sí que sea digno de aplauso, se exponen ellos mismos, por el contrario, al menosprecio, tanto por su ignorancia, como por su detestable ejemplo de vida, o por la ligereza de vida u otras abominaciones. La única forma de alcanzar el respeto es por las virtudes excelentes, para protegernos contra el menosprecio.

13. Ocúpate en la lectura. Pablo conocía la aplicación ("Ten mucho cuidado en vivir una vida santa y sin mácula. Que tu preocupación sea dar un buen ejemplo a aquellos a quienes vayas a enseñar, un ejemplo de sobriedad, templanza, justicia, y un debido control de la lengua. Que no se diga que tú predicas lo que no practicas; porque puedes estar seguro de que los pecadores perversos que no oigan un buen consejo se esforzarán por aferrarse ellos mismos al pecado mediante un mal ejemplo. Los ejemplos algunas veces hacen bien, particularmente cuando los preceptos tienen poca fuerza. El instructor sabio y feliz es aquel que puede decir con sinceridad, hasta cierto grado, como el Apóstol, cuando se dirige en forma solemne a sus oyentes: «Haz aquellas cosas que de mí has aprendido, recibido y oído». Una religión así de sincera es la que debe practicar todo aquel que dispensa el pan de vida." Abraham Taylor.), de Timoteo, y sin embargo le recomienda ser diligente en la lectura de las Santas Escrituras. ¿Cómo podrán los pastores enseñar a otros si ellos mismos no están deseosos de aprender? Y si a un hombre tan importante se le aconseja estudiar a fin de que progrese día tras día, ¿cuánto más necesitamos nosotros de ese consejo? ¡Ay de aquellos perezosos que no escudriñan los oráculos del Espíritu Santo día y noche, (Nuestro autor pudo haber tenido ante sus ojos el consejo del poeta: "Vos exemplaria Graeca Nocturna  vérsate  manu,  vérsate  diurna." "Examina los ejemplos de los griegos de día y de noche." Siempre  ha  sido  un  rasgo prominente  en  el  carácter  de  un buen hombre, que "su delicia sea en la ley del Señor, y que en su ley medite de día y de noche" (Sal 1:2). ¡Cuánto más nosotros debemos esperar razonablemente que el siervo de Cristo, que habla a la gente en nombre de su Maestro, y que su deber es "enseñarles lo que está escrito en la Escritura de verdad" (Dan. 10:21), lea devota y asiduamente los oráculos de Dios!  (N.  del E.), a fin de aprender de ellos la forma de desempeñar su oficio!

Entretanto que voy. Esta referencia al tiempo añade importancia adicional a la exhortación; porque, aunque Pablo esperaba ir pronto, con todo, no deseaba que entretanto Timoteo permaneciera ocioso aun por breve tiempo; ¡cuánto más debemos mirar nosotros hacia adelante solícitamente a toda nuestra vida!
La exhortación y la enseñanza. Para que no pensara que una lectura descuidada era suficiente, Pablo, al propio tiempo, demuestra que debe ser explicada con miras utilitarias, cuando le manda poner diligente atención en "la enseñanza y la exhortación"; porque, indudablemente, la Escritura Sagrada es la fuente de toda sabiduría, de la cual los pastores deben sacar todo lo que ponen delante de su rebaño.

14. No descuides el don que hay en ti. El Apóstol exhorta a Timoteo a emplear, para la edificación de la Iglesia, la gracia con la cual había sido dotado. Dios no desea que los talentos —que Él ha otorgado a cualquier persona— se pierdan, o sean escondidos debajo de la tierra sin provecho (Mt. 25:18,25).
Descuidar un don es guardarlo descuidadamente e inactivo por la pereza, de modo que, habiéndose enmohecido, se desgasta sin producir ningún resultado. Consideremos, pues, cada uno de nosotros, qué clase de don poseemos, para utilizarlo diligentemente.

Afirma que la gracia le fue otorgada por la profecía. ¿Cómo fue esto? Fue porque, como ya hemos dicho, el Espíritu Santo señaló a Timoteo por revelación, para Que fuese admitido dentro del rango de los pastores; porque no sólo había sido escogido por la decisión de los hombres, en forma ordinaria, sino que previamente había sido nombrado por el Espíritu Santo.

Con la imposición de las manos del prebisterio. Pablo dice que el don fue conferido "con la imposición de manos". Como de esta ceremonia, y de su origen y significado, ya he dado previamente una breve explicación, el resto podrá aprenderse de la Institución de la Religión Cristiana (IV, iv).

Los que piensan que el presbiterio se emplea aquí como un nombre colectivo, para "el colegio de presbíteros o ancianos", creo yo que están acertados en su opinión; aunque, después de considerar todo el asunto, reconozco que un significado diferente no es inaplicable, es decir: el presbiterio o presbiterado es el nombre de un oficio. Pablo coloca la ceremonia para el mismo acto de la ordenación; y, por consiguiente, el significado es que Timoteo —habiendo sido llamado al ministerio por la voz de los profetas, y después solemnemente ordenado— fue, al propio tiempo, investido de la gracia del Espíritu Santo para el desempeño de su oficio. De aquí inferimos que ésta no fue una ceremonia inútil, porque Dios, por su Espíritu, efectuó esa consagración, la cual los hombres expresaban simbólicamente "mediante la imposición de manos".

15. Practica estas cosas.    Cuanto más  grande sea  la dificultad en desempeñar fielmente el misterio de la Iglesia, más seriamente debe dedicarse el pastor a ello, y con todas sus fuerzas; y eso no sólo por un breve tiempo, sino con perseverancia inagotable. ("Sino  perseverando  hasta  el  fin.")
Pablo, pues, recuerda a Timoteo que este trabajo no deja lugar para la indolencia, o para descuidar sus labores, sino que demanda la mayor laboriosidad y constante aplicación.

Para que tu aprovechamiento sea manifiesto. Añadiendo estas palabras le enseña que debe laborar a este fin, para que por su instrumentalidad la edificación de la Iglesia pueda avanzar más y más, y que los resultados correspondientes puedan ser visibles; porque no es el trabajo de un solo día, y, por consiguiente, debe esforzarse por progresar cada día. Algunos refieren esto a Timoteo, para que aventaje más y más; pero yo prefiero interpretarlo como refiriéndose al efecto de su ministerio.
Los vocablos griegos en pasin, pueden traducirse indistintamente a todos los hombres, o en todas las cosas. En esta forma incluye un doble significado; ya sea, "para que todos vean el progreso resultante de sus labores", o "que en todos los respectos, o en toda forma posible (lo cual es lo mismo), puedan ser visibles". Yo prefiero lo último.

16. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina. Hay dos cosas de las cuales un buen pastor debe tener cuidado: ser diligente para enseñar, y guardarse puro a sí mismo. ("Y  guardarse  puro  de  todos  los  vicios.")

No es bastante si él amolda su vida a todo lo que es bueno y recomendable, y se abstiene de dar un mal ejemplo, si de igual manera no añade a una vida santa la continua diligencia en la enseñanza; y por otra parte, la doctrina será de poco valor, si no existe la correspondiente bondad y santidad de vida. Con buena razón, pues, Pablo apremia a Timoteo a "tener cuidado", tanto de sí mismo como de la doctrina, para el provecho general de la Iglesia. Por otra parte, recomienda constancia, para que no se enfade; porque hay muchas cosas que pasan con frecuencia, que pueden desviarnos de lo recto si no asentamos nuestro pie para resistir firmemente.

Pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren. No es por demás que estimulemos a nuestros pastores a que sean solícitos, porque ellos saben que su propia salvación, y también la de los otros, depende de la dedicación y perseverancia con que ellos se dediquen a su oficio. Y como a la doctrina que edifica sólidamente se le presta poca atención, Pablo dice que debe considerarse lo que es provechoso. O como si dijera: "Que los hombres deseosos de gloria se alimenten de sus propias ambiciones, y que ellos mismos se alaben su ingeniosidad; pero a ti, en cambio, que te sea suficiente el dedicarte a tu propia salvación y a la de los demás."

Ahora bien, esta exhortación se aplica a toda la Iglesia en general, para que no se escandalice de la sencillez que al mismo tiempo vivifica las almas y las preserva sanas. Ni tampoco debe extrañarse de que Pablo atribuya a Timoteo la obra de salvar la Iglesia; porque, ciertamente, todo lo que se gana para Dios es salvado, y es por la predicación del Evangelio que somos unidos a Cristo. Y así como también la infidelidad o el descuido del pastor es desastroso para la Iglesia, así la causa de la salvación es justamente atribuida a su fidelidad y diligencia. Es cierto que sólo Dios es quien salva; y ni siquiera un ápice de Su gloria puede legalmente atribuirse al hombre. Pues Dios no comparte ninguna porción de Su gloria cuando Él se vale de la instrumentalidad de los hombres para otorgar la salvación.

Nuestra salvación, por lo tanto, es exclusivamente una dádiva de Dios, porque sólo de Él procede, y por Su solo poder es realizada; y por consiguiente, a Él solo, como el Autor, debe atribuirse. Mas no por eso deberá excluirse e! ministerio de los hombres, ni todo esto interfiere en ninguna forma con la saludable tendencia de ese gobierno sobre el cual, como Pablo demuestra, se basa la prosperidad de la Iglesia (Ef. 4:11). Además, ésta es completamente la obra de Dios, porque es Él quien forma los buenos pastores, y los guía por su Espíritu, y bendice sus labores, para que no sean infructuosas.

Si en esta forma un buen pastor constituye la salvación de sus oyentes, que los hombres malos y negligentes sepan que su destrucción debe atribuirse a aquellos que tienen cargo de ellos; porque, así como la salvación del rebaño es la corona del pastor, así también de los pastores descuidados se requerirá todo lo que se pierda. Otra vez se dice que un pastor se salva a sí mismo cuando, desempeñando fielmente el oficio que se íe ha encomendado, obedece a su llamamiento; no sólo porque evita esa terrible venganza que el Señor anuncia por medio de Ezequiel: "Su sangre yo la demandaré de tu mano" (Ez. 33:8), sino porque es usual hablar de los creyentes corno obrando su salvación cuando caminan y perseveran en dicha salvación. De esta forma de expresión ya hemos hablado en nuestra exposición de la Epístola a los Filipenses (2:12).


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