Desechando,
pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las
detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no
adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. --1 Pedro 2:1-2
¿Cómo
crecemos espiritualmente? El apóstol Pablo dice que debemos crecer
hacia la plena estatura de Cristo mismo (Ef. 4:13). ¿Cómo ocurre eso?
Ocurre, dice Pedro, cuando deseamos la leche espiritual de la Palabra de
Dios de la misma manera que recién nacido desea la leche materna.
Siempre
hemos tenido niños alrededor de la casa de los MacArthur. Tenemos
cuatro hijos y catorce nietos. Hay una cosa muy clara con relación a los
bebitos: Ellos desean leche. Una vez tenía cargado a uno de mis nietos
cuando estaba recién nacido y tenía muchos deseos de tomar leche.
Lamentablemente deseaba alimentarse y su madre no estaba allí. Yo era
del todo inservible para él en aquel momento. Por mucho que gritara, no
había nada que yo pudiera hacer por él.
Es
que los niños esencialmente desean leche y nada más. No les interesa el
color de sus ropas. No les importa el color de la cuna. Cuando tienen
hambre, no les interesan los juguetes, ni las canciones ni ninguna otra
cosa. ¡Solo la leche! Están muy bien orientados en lo que desean.
Es
lo exclusivo y sencillo de ese deseo lo que es tan llamativo. Cuando el
niño crece y ya comienza a querer más leche, más alimento. A medida que
usted envejece, la vida se vuelve más compleja y sus deseos se vuelven
más diversos.
Pedro
está diciendo que, si quiere crecer espiritualmente, tiene que volver a
aquel sencillo apetito de un recién nacido y desear solo una cosa: La
leche espiritual de la Palabra de Dios. Ponga a un lado todo lo demás.
Deje a un lado la malicia. Deje a un lado todo lo engañoso. Deje a un
lado toda hipocresía, toda envidia de otras personas y el hablar mal de
otros. Despójese de todas esas cosas y concéntrese en una, el
alimentarse de la Biblia, desearlo tanto como un niño desea la leche.
No
es solamente la maldad lo que debemos dejar a un lado. Necesitamos
dejar también todas las cosas buenas que pudiéramos estar haciendo y que
no son las mejores. Necesitamos dejar a un lado todas las otras cosas
de las que pudiéramos estar hambrientos y que en realidad no nos ayudan a
crecer. Tenemos que cultivar el apetito por la Biblia. Cada vez que
tenga la oportunidad de beber de esa leche espiritual, sea como un niño
que llora y que anhela ser satisfecho y beba hasta saciarse. Así es como
usted crecerá.
Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.
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