lunes, 10 de septiembre de 2012

El escándalo de la cruz -


Cruz de CristoEn el Nuevo Testamento hay un versículo llamativo, en el que el apóstol Pablo dice que la cruz de Jesucristo es locura para el griego y piedra de tropiezo para el judío. Rápidamente uno puede entender por qué dijo esto.
Después de todo, para la mente de los griegos, la sofisticación, la filosofía y el aprendizaje eran actividades destacadas. ¿Cómo podría un crucificado hablar de conocimiento? Por otra parte, para la mente judía había un clamor y un deseo de ser libres. En su historia, habían sido atacados por numerosas potencias y con frecuencia habían sido humillados por fuerzas de ocupación. Tanto por los asirios como por los babilonios o los romanos, Jerusalén había sido repetidamente saqueada y su gente desposeída de sus hogares. ¿Qué más hubiera querido un hebreo que contar con alguien que se pusiera al frente de su causa y repeliera al enemigo? Pero… ¿cómo sería posible que un Mesías crucificado pudiera ayudar de alguna manera?
 
Para el griego, la cruz era una locura. Para el judío, era una piedra de tropiezo. ¿Qué hay en la cruz de Cristo que desafía tan rotundamente aquello que el poder disfruta tanto? La crucifixión era humillante. Era tan humillante que los romanos, que se especializaban en el arte de la tortura, aseguraban a sus ciudadanos que un romano nunca sería crucificado. Pero no solamente es humillante; también es torturante. De hecho la misma palabra “torturante” viene de dos palabras latinas: ex cruciatus, literalmente, de la cruz. La crucifixión era la palabra con la que se definía el dolor.
 
¿Esto no nos obliga a hacer una pausa en este tiempo? Piense en esto: humillación y agonía. Éste fue el sendero que Jesús eligió para alcanzarnos a usted y a mí. Usted se da cuenta de que aquello a lo que llamamos pecado, que nosotros trágicamente minimizamos, es lo que rompe la grandeza para la que fuimos creados. Trae indignidad a nuestra esencia y dolor a nuestra existencia. Nos separa de Dios.
 
Hace dos mil años, en el camino a la cruz Jesús tomó toda nuestra indignidad y nuestro supremo dolor, y nos llevó nuevamente a la dignidad de una relación con Dios y a la curación de nuestra alma. ¿Recuerda que esto fue hecho por usted, y que usted recibió este regalo de parte de Dios?
 
Si lo tiene en cuenta, ha de descubrir que aquella locura es pecado. Nuestra debilidad mayor no es un enemigo externo sino uno que ataca desde adentro. Es nuestra propia debilidad la que nos hace tropezar. Pero Jesucristo nos libera de la locura del pecado y de la debilidad de nosotros mismos.
Esta es la razón por la que Pablo dice a continuación que él predicaba a Jesucristo crucificado, que eran tanto poder de Dios como sabiduría de Dios. Venga a la cruz en estos días que nos han sido otorgados para nuestra contemplación, y descubra el poder y la sabiduría de Dios.
 
Ravi Zacharias es el fundador y el Presidente de la Junta Directiva de los Ministerios Internacionales Ravi Zacharias en Atlanta, Georgia, U.S.A.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario