lunes, 10 de septiembre de 2012

El Factor Diluvio




Herman Bavinck



Finalmente, añadido a todo esto, está el hecho que la Escritura y la tradición devirtualmente todos los pueblos narran la historia de un diluvio cataclísmico que produjo cambios inmensos en el estado total dela tierra. Según la Escritura, apareció todoun nuevo conjunto de condiciones para lahumanidad y para la tierra después del diluvio.Antes del diluvio la humanidad se distinguíapor un gran intelecto, un espírituvigorosamente emprendedor, una valentíatitánica, una expectativa de vida grandementeextendida, cuerpos físicos sumamentefuertes y una terrible maldad. Eindudablemente la naturaleza, el reino delas plantas y los animales, concordaba conesa humanidad. Pero en el diluvio perecieroncasi todas las personas, se extinguieronnumerosas especies de plantas y animales,la naturaleza fue refrenada y se inauguróuna dispensación más moderada, aquella enla que vivimos. Estos testimonios de laEscritura están siendo confirmados actualmentedesde todas las direcciones por lageología. No se han encontrado aún ningunosrestos humanos del período Terciario;y no es probable que tales restos seanalguna vez encontrados. Antes del diluviola humanidad probablemente no se habíaaún esparcido sobre la tierra. El diluvioexplica porqué no hay restos de fósileshumanos antes de ese tiempo. Los cráneosy huesos humanos encontrados aquí y alláse originaron todos en el período Cuaternario y no difieren de los nuestros. La geologíaademás enseña claramente que loshumanos fueron contemporáneos de losmamuts, el Hebreo “behemoth” (Job40:10), y que por lo tanto los mamuts seubican en el tiempo histórico. La universalidadde las formaciones diluviales compruebaque el diluvio debió haberseextendido sobre toda la tierra. Las montañas,en gran arte, se originaron en eltiempo histórico. Las causas de la Edad delHielo, si alguna vez existió, son totalmentedesconocidas y por lo tanto pueden muybien trazarse hasta el diluvium y al subsiguientedescenso de la temperatura. Es solopara cuando el diluvio, y después de él, quela tierra adquirió su forma presente.1 Hayen realidad solamente una objeción seria ala identificación del diluvium con el diluvio,y esa es el tiempo. La geología generalmentecoloca la Edad de Hielo y el diluviumvarios miles de años antes de Cristo. Perose puede señalar, en contra de esa objeción,por un lado, que la cronología de la Escrituratampoco ha sido todavía establecida deninguna manera. Uno no necesita llegar tanlejos como de Sacy, quien escribió “noexiste la cronología bíblica,” o incluso argumentarcon Voetius quien declaró: “Nopuede derivarse un cálculo exacto a partirde la Sagrada Escritura.

”2 No puededescartarse que a veces algunasgeneraciones han sido salteadas y que losnombres personales han sido usadosintencionalmente como los nombrescolectivos de los pueblos. Y, por otro lado,como dijimos antes, los cálculos de lageología son también muy inciertos paraderivar de ellos una objeción sólida contra la opinión antes citada

Si resumimos ahora lo anterior y lotomamos todo en cuenta, podemos decirque desde el momento de la creación enGénesis 1:1 hasta el diluvio la Escrituraofrece un lapso de tiempo que puede fácilmenteacomodar todos los hechos y fenómenosque la geología y la paleontologíahan traído a la luz en este siglo. Es difícil dever porqué no podrían todos estos ser ubicadosen ese marco de tiempo. En estepunto esto es todo lo que la teología tieneque hacer. No tiene que envolverse ellamisma en el asunto de lo que ha causadoestos fenómenos. ¡Que la geología expliquelos hechos! Pero, en relación con esto, laEscritura puede quizás rendir más servicioque lo que las ciencias naturales generalmentesospechan. Después de todo, laEscritura señala que la creación es una obradivina por excelencia. En el origen y formaciónde las cosas han estado en operaciónfuerzas, y han existido hasta las condicionesdel diluvio, y en ese diluvio ha ocurridouna catástrofe, tal que nunca se ha vistodesde entonces. El génesis de las cosas essiempre controlado por otras leyes ademásde aquellas de su desarrollo subsiguiente.Las leyes emitidas por la criatura no son lanorma de la creación, mucho menos la delCreador. Además, la teología estará bienrecomendada si se apega solamente a loshechos indisputables que la geología ha descubierto,y a estar vigilante contra las hipótesisy conclusiones que la geología hayaañadido a la mezcla. Por esa razón la teologíadebería abstenerse de hacer cualquierintento de igualar los así llamados períodosgeológicos con los seis días de la creación.Después de todo, no es más que una opiniónindemostrable el que estos períodos sehan desarrollado sucesivamente y en ese orden. Esto no es negar que, digamos, lasformaciones Azoicas comenzaron ya a ocurrirdesde el momento de la creación. Perola geología no puede en ninguna manerasaber si estas formaciones no ocurrierontambién después en conjunción con las formacionesPaleozoicas, y así sucesivamente,y solo conjetura sobre las causas y lamanera de su origen. Lo mismo es cierto detodos los otros períodos. Es muy probableque el así llamado período Terciario seextienda hasta el diluvio y que el diluviumy la Edad de Hielo coincidan con esta catástrofe.Además, nada se ha fijado definitivamenteen el así llamado período Paleozoicopor la ocurrencia simultánea de fósiles deplantas y animales con respecto al orden enel que se originaron estas especies. Pues lageología no sabe lo primero sobre el origende estos seres orgánicos; los encuentra perono puede penetrar el misterio de su origen.Y también debe asumir que el reino vegetalse originó antes del reino animal, por lasimple razón de que los animales viven delas plantas. Si es hasta aquí que la geologíallega al decir una palabra sobre el origen delas cosas entonces está en perfecto acuerdocon la Escritura. Primero fue la creacióninorgánica; luego vino la creación orgánica,comenzando con el reino de las plantas;luego siguió el reino animal, y este otra vezen el mismo orden, primero los animalesacuáticos, luego los terrestres, y entre ellosespecialmente los mamíferos.

Así que, como Cristianos y como teólogos,aguardamos con algo de confianza losresultados ciertos de las ciencias naturales.La teología no tiene nada que temer de lainvestigación cuidadosa y multifacética.
Solo necesita estar vigilante en contra deconcederle demasiado valor a un estudioque es aún completamente nuevo, imprecisoe incompleto, y que por lo tanto estásiendo aumentado constantemente conconjeturas y sospechas. Necesita estar precavidaen contra de dar concesiones prematuras,y de buscar acuerdo, con los asíllamados resultados científicos que pueden,en cualquier momento, ser derribados yexpuestos en su calidad de indefendiblespor una investigación más cuidadosa. Comola ciencia de las cosas divinas y eternas lateología debe ser paciente hasta que la cienciaque contradiga haya hecho un estudiomás profundo y más amplio de su caso y,como ocurre en la mayoría de los casos, secorrija a sí misma. De esa manera la teologíaconserva su dignidad y honor más efectivamenteque por ceder y adaptarseconstantemente a las opiniones de sutiempo.

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