Edwin H. Palmer
Otra forma de describir la depravación total es llamarla incapacidad total, de hecho, muchos prefieren ese término al de depravación total, ya que éste conduce a pensar que el hombre es todo lo malo que puede ser: El término incapacidad total, sin embargo, tiene el defecto de ser demasiado negativo. Sugiere que la condición pecadora del hombre es una carencia más bien que una característica positiva. Pero el término es muy útil para hacer entender el hecho de la incapacidad del hombre para hacer, entender, e incluso desear el bien. Examinemos esta triple incapacidad del hombre.
1. El hombre no puede hacer el bien. La confesión Belga es muy bíblica cuando afirma la “incapacidad” del hombre natural “para hacer lo que es verdaderamente bueno”. Los Cánones de Dort son también bíblicos cuando confiesan que “todos los hombres son… incapaces del bien que salva”
Al hablar de la total incapacidad moral del no regenerado para hacer el bien, Jesús en cierta ocasión pregunto: “¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” Su respuesta fue: “todo árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” Mt. 7.17-18).
En otras palabras, el no regenerado no puede hacer lo que es verdaderamente bueno.
Pablo en cierta ocasión dijo, escribiendo en una forma semejante: “Nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor sino por el Espíritu Santo” (1Co. 12.3).
En otra ocasión Jesús dio el secreto de la vida cristiana: la unión con Cristo (Jn. 15). Utilizó la metáfora de la vid y los pámpanos. Al hablar de la incapacidad para hacer buenas obras, dijo: “como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, sino permanecéis en mí… Separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15.4-5). Esto es incapacidad total.
Con afirmaciones igualmente amplios, Pablo niega la incapacidad del no cristiano para hacer el bien cuando escribe: “La mente carnal (es decir, no regenerada) es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de dios, ni tampoco puede; y los que viven según la carne (es decir los no regenerados) no pueden agradar a Dios” (Ro. 8.7-8). Lea de nuevo esta descripción triple de la depravación total o incapacidad total: el no cristiano es enemigo de Dios, y le resulta imposible hacer el bien y agradar a Dios.
2. El hombre no puede entender el bien. El hombre no sólo es incapaz de hacer el bien por si mismo; ni siquiera puede entender el bien. Esta ciego como Cíclope, con su único ojo quemado. Lidia por ejemplo, oyó a Pablo predicar a Cristo a orillas del río en Filipos. Sólo después de que el Señor abrió su corazón pudo comprender lo que Pablo decía (Hch. 16.14). Hasta ese momento su comprensión estaba entenebrecida, para emplear la descripción que Pablo hace de los gentiles en Efeso (Ef. 4.18). O, para emplear otra ilustración paulina, el velo que tenía sobre el corazón le impedía ver la verdad (2 Co. 3.12-18). Pero cuando dios actuó en su corazón espiritual, pudo responder a la predicación de Pablo.
Durante el ministerio de Jesús, los judíos lo rechazaron. “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron (Jn. 1.11). El problema no estuvo en la presentación de la verdad. La verdad estaba allí. Jesús era el hijo de dios encarnado. La luz brillo en la oscuridad, pero la oscuridad no pudo comprenderla.
El Hijo realizó milagros y predicó a los judíos, pero éstos blasfemaron de Él. En cierta ocasión Jesús preguntó: “¿Por qué no entendéis mi lenguaje?” Él mismo dio la respuesta: “porque no podéis escuchar mi palabra”
(Jn. 8.43). Sin duda que los judíos oían a Jesús con sus oídos físicos. Pero
Jesús hablaba acerca de sus oídos espirituales. Como dijo en otra ocasión, “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis y no percibiréis”
(Mt. 13.14). Esto explica por qué algunos teólogos y estudiosos de la Biblia pueden dedicar la mayor parte de la vida a estudiar la Biblia y sin embargo rechazan a Jesucristo como su Dios, Señor y Salvador. La causa del rechazo no está en el testimonio claro de la palabra de Dios. Antes bien, está en la ceguera, tinieblas y dureza de su corazón. Si el hombre no está regenerado, no puede entender.
Uno de los pasajes más claros que enseñan la incapacidad del hombre natural para entender las cosas de Dios es 1 Corintios 1 y 2. Pablo dice que la palabra de la cruz (es decir, el mensaje central del cristianismo) es locura para los que se pierden (1 Co. 1.18). Con su propia “sabiduría” no llegan a conocer a Dios (v.21). Si pudieran conocer a Dios con su sabiduría natural, entonces muchos sabios serían cristianos. Pero no ocurre así. La razón de que mentes brillantes no acepten el cristianismo es que todas las mentes son ciegas, a no ser que estén regeneradas. Porque como afirma pablo, el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender; porque se han de discernir espiritualmente” (2.14). En otras palabras, sin el Espíritu Santo uno no puede entender las cosas de Dios.
3. El hombre no puede desear hacer el bien. El no cristiano no sólo es incapaz de hacer nada que sea verdaderamente bueno, no solo es incapaz de entender el bien, sino, peor todavía, ni siquiera puede desear el bien. Una cosa es tener un objetivo bueno y no poder alcanzarlo. Esta incapacidad de alcanzar un objetivo bueno es parte de la depravación del hombre. Otra cosa es tener un objetivo bueno, pero no poder siquiera entender lo que es ese objetivo. Esta falta de comprensión también es parte de la depravación del hombre. Pero el colmo de la depravación total es que el hombre natural ni siquiera desea un objetivo bueno. No le preocupa en lo más mínimo. Esta última afirmación no es exacta. Sí le preocupa: odia el bien y la fuente del mismo, a saber, Dios. Esta falta de deseo de Dios es a la vez el abismo y el epítome de la depravación total del hombre natural.
Esta incapacidad de desear el bien, y especialmente a Jesucristo, la expresa Jesús mismo con vigor en otra de sus frases definitivas expresadas en forma negativa (Mt.7.18; Jn. 3.3; 8.43; y 15.4-5).
Dijo “ninguno pude venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn. 6.44). Poco después repitió el mismo pensamiento con palabras diferentes: “Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Jn. 6.65). He aquí la depravación total: el hombre no puede escoger a Jesús. Ni siquiera puede dar el primer paso para acudir a Jesús, a no ser que el Padre lo atraiga. Y esta depravación es universal. “ninguno” puede venir; dice Jesús. No sólo algunos no pueden, sino que nadie puede. Esta es incapacidad universal y total.
La prueba más poderosa de que el hombre no puede ni desear el bien se encuentra en las ilustraciones bíblicas que hablan del efecto de la acción inicial del espíritu santo: corazón de carne, nacimiento, creación y resurrección. Estas expresiones demuestran con claridad que un niño puede entender la incapacidad moral total del hombre.
Por ejemplo, en el Antiguo testamento se describe al no regenerado como poseedor de un corazón que esta hecho de piedra (Ez. 11.19). El corazón de piedra no tiene vida. Está muerto no puede hacer nada. Esta es la incapacidad total. Pero Dios dice que regenerará a su pueblo. Pondrá un Espíritu nuevo en ellos, y entonces tendrá un corazón de carne, que está vivo. Entonces poseerán la capacidad de seguir a Dios.
Jesús utilizó la analogía del nacimiento: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3.3). El bebe nunca desea o decide nacer. Nunca contribuye ni en un ápice a su propio nacimiento. En todo el proceso, desde la concepción hasta el nacimiento, está completamente pasivo y es completamente incapaz de controlar su propio nacimiento. De forma semejante, el no creyente no puede dar un solo paso hacia su nuevo nacimiento. Lo debe generar el espíritu santo. Los arminianos enseñan el concepto antinatural de que alguien que espiritualmente no es puede desear nacer, puede creer en Cristo y entonces nacer de nuevo. Pero un “no ser” no existe y por consiguiente no puede tener deseos de ir a Cristo.
Pablo usa la ilustración de la creación. Dijo que si alguien está en Cristo es una criatura nueva (2Co. 5:17, Ga. 6.15). Lo que no existe-la nada-nunca se puede producir a sí mismo. El concepto mismo de creación implica necesariamente pasividad e incapacidad totales por parte del objeto que va ser creado. Lo que es cierto en el terreno físico lo es también en el espiritual: las personal son totalmente incapaces de hacerse a sí mismas criaturas nuevas en Cristo.
Pablo también utilizó la analogía de la resurrección cuando en Efesios 2.1 escribió, “Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” En el versículo 5 dice: “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Col. 2.13).
Algunos buenos cristianos interpretan estos versículos en el sentido de que el hombre está herido o enfermo, pero no muerto, porque dicen que el hombre sigue teniendo la capacidad de pedir la ayuda de Dios para su salvación. El hombre tiene poder para creer o no creer. No está realmente muerto; porque si lo estuviera, no podría pedir ayuda. Sólo está enfermo. Sí lleno de pecado, enfermo con el pecado, pero aun así puede pedir al doctor que lo ayude. Pero el calvinista sostiene la enseñanza clara de la Biblia y dice: “No, está muerto. Ni siquiera puede abrir la boca. Ni siquiera tiene deseo alguno de llamar al doctor para que lo ayude. Está muerto.”
El arminiano compara al no regenerado con alguien que se arroja por la ventana de un segundo piso, se rompe tres costillas, y una pierna, pero sigue viviendo. El hombre sabe que está gravemente herido y por tanto necesita un doctor. De hecho, puede pedir ayuda de algún transeúnte o arrastrarse hasta el teléfono para llamar al doctor. Desea sanar.
El calvinista, sin embargo, compararía al hombre con alguien que salta del último piso de un rascacielos y se aplasta en la calle. Incluso si quedara algo sano en él después de llegar al suelo, no sabría que necesita ayuda, y mucho menos la podría pedir. El hombre está muerto –sin vida- y ni siquiera puede desear sanar.
O, para utilizar otro ejemplo: La postura que da al hombre algo de crédito por su salvación al otorgarle la capacidad de creer, describe al hombre como ahogándose. Éste agita la cabeza dentro del agua y mueve vertiginosamente los brazos, tratando de mantenerse a flote. Si alguien no lo ayuda, morirá. Quizá ya se le han medio llenado de agua los pulmones; incluso puede haber perdido el conocimiento por unos momentos, pero sigue teniendo suficiente presencia de ánimo y capacidad para moverse y gritar para que lo salven. Si llama al salvavidas, éste lo salvara.
La descripción bíblica, sin embargo, es la de un hombre que está en el fondo del océano, a más de mil metros de profundidad. El peso de agua es de seis toneladas por centímetro cuadrado. Ha estado ahí durante mil años y los tiburones han devorado su corazón..En otras palabras, el hombre está totalmente muerto y es totalmente incapaz de pedir a nadie que lo salve. Para que se salve tiene que ocurrir un milagro. Alguien tiene que sacarlo de la superficie y devolverle la vida, y entonces podrá pedir al salvavidas que lo rescate.
Esta es la descripción del pecador. Está muerto en sus pecados y transgresiones (EF.12.1, 5). No desea sanar. Está muerto.
Cuando Cristo le grito a Lázaro que saliera del sepulcro, éste no tenía vida como para oír, incorporarse, y salir. No había en él ni un hálito de vida. Para poder oír a Jesús quien lo instaba a salir, éste tuvo que devolverle la vida. Jesús lo resucitó y entonces Lázaro pudo responder.
Estas ilustraciones ponen de manifiesto el punto básico de la discrepancia entre los arminianos y los calvinistas, lo que Martín Lutero afirmó que era el eje en torno al cual giró toda la reforma.* El arminiano y nos referimos a él con cordialidad aunque no es bíblico en este punto cree que Cristo murió por el pecado y que nadie puede contribuir a lo más mínimo a pagar por sus propios pecados. Hasta aquí todo está bien. “Jesús pagó por todo, todo se lo debo a él”.
* La esclavitud de la voluntad, por Martín Lutero. El título de este libro es otra buena descripción de la depravación completa y de la incapacidad total. La voluntad no es libre: está en esclavitud, sometida al diablo. Es “como un animal que se encuentra entre dos jinetes. Si lo monta Dios, quiere lo que Dios quiere y va donde Dios desea…Si lo monta Satanás, quiere lo que quiere Satanás y va donde Satanás desea. Tampoco puede escoger al jinete; son los mismos jinetes los que luchan para decidir quién lo va a conseguir.” Este excelente libro de Lutero contra las ideas no bíblicas de Erasmo muestra lo buen calvinista que era Lutero.
Pero la entraña del problema está en que el arminiano va todavía más lejos y afirma que el no salvo puede, pude por su propia fuerza y con ayuda del espíritu Santo, pedir a Jesús que lo salve. Y una vez que lo pide, entonces nace de nuevo.
El “calvinista” bíblico, sin embargo dice no. El arminiano ha empezado la casa por el tejado. El hombre está muerto en sus pecados y delitos, no sólo enfermo o herido, pero todavía con vida. No, el no salvo, el no regenerado, está espiritualmente muerto (Ef.2) Es incapaz de pedir ayuda a no ser que Dios cambie su corazón de piedra por un corazón de carne y lo haga vivir espiritualmente (Ef.2.5). Entonces, una vez que ha nacido de nuevo, puede por primera vez acudir a Jesús para expresar pesar por sus pecados y pedirle que lo salve.
La pregunta es: ¿Es Dios el autor sólo de la redención o también de la fe? ¿Pone Dios de parte suya el sacrificio vicario de Cristo, y el hombre su fe? ¿O es la fe también don de Dios (Ef.2.8)? ¿Depende la salvación parcialmente de Dios (dar a Cristo en la cruz) o totalmente de Dios (dar a Cristo para que muera por nosotros además de darnos la fe)?
¿Se queda el hombre con un poquito de la gloria-la incapacidad de creer? ¿O pertenece toda la gloria a Dios? La enseñanza de la depravación total es que Dios es merecedor de toda la gloria y el hombre no es digno ni de una mínima parte de ella.
Conclusión_______________________________________________
De la enseñanza bíblica acerca de la depravación total del hombre se puede sacar tres lecciones.
- 1. La depravación total explica los problemas de nuestro mundo
El odio congénito hacia Dios y al hombre constituye la raíz de las violencias estudiantiles, de las protestas sangrientas, de las anarquías, de las huelgas egoístas, del tráfico de drogas, de los crímenes y del caos general hacia el cual se encamina el mundo.
Sin querer ser simplistas ni ingenuos, se puede afirmar que la sociedad no resolverá estos problemas básicos hasta que las personas nazcan de nuevo y se vuelvan a Jesucristo. Porque la Biblia nos dice que el hombre no está vivo espiritualmente, y la consecuencia es “que no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Ro. 3.12-18). Y todo empeorará antes de mejorar, según las profecías de la Biblia. En los últimos tiempos, Satanás quedará en libertad por un tiempo, y parecerá como si las fuerzas del mal se hubieran desencadenado.
Esto no significa que la conversión del mundo entero resolvería todos los problemas. Porque los cristianos nacidos de nuevo siguen siendo pecadores, aunque básicamente han sido cambiados. El mundo necesita más que la conversión: necesita que los cristianos apliquen los principios cristianos a la política, al trabajo, a la economía y a la sociedad general.
Pero esta enseñanza de la depravación total debe poner sobre aviso al cristiano para que no se sorprenda ante la mentalidad destructora rebelde, anárquica y llena de odio del mundo presente; y nos debería indicar la necesidad que se tiene del evangelio para resolver estos problemas.
- 2. El conocimiento de la depravación total debería también
Situación terrible a no ser que Dios nos ayude
Cuando alguien se entera por la Biblia de la enormidad de su pecado, debería querer acudir a Dios para pedirle, “Ayúdame, Jesús, Soy malo y pecador. He obrado mal. No soy bueno. Sálvame Jesús.” Cuando lo hace, se sigue una tercera verdad.
- 3. El conocimiento de la depravación total le enseñará al hombre
(Fil. 2:12.13)
Sabrá que Jesús no sólo murió por sus pecados, sino que Dios incluso puso en su corazón la capacidad de creer en Jesús. Entonces exclamará, “¿Hasta dónde llega la bondad de Dios?” No sólo envía a Cristo para que cargue con el castigo que a mí me correspondía, sino que incluso hace que yo, quien en realidad no amo a Jesús, desee amarlo y creer en él. ¡Qué Dios tan bueno!

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