Si
consideramos honestamente en nuestro interior hasta qué punto es ciego
nuestro pensamiento ante los secretos celestes de Dios, y hasta qué
punto es nuestro corazón infiel en todo, no dudaremos que la fe
sobrepasa infinitamente a todo el poder de nuestra naturaleza, y que es
un don extraordinario y precioso de Dios. Como dice San Pablo: "¿Quién
de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre
que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el
Espíritu de Dios." . Si la verdad de Dios vacila en nosotros, incluso
tratándose de cosas que nuestro ojo ve, ¿cómo va a ser firme y estable
cuando el Señor promete cosas que ni nuestro ojo ve ni nuestra
inteligencia comprende?
Vemos, pues, que la fe es una iluminación del Espíritu Santo, que esclarece nuestras inteligencias y fortalece nuestros corazones. Ella nos convence con certeza y nos da la seguridad de que la verdad de Dios es de tal modo cierta que Dios cumplirá todo lo que en su santa Palabra prometió que Él haría.
He aquí por qué al Espíritu Santo se le designa como "las arras que confirman en nuestros corazones la certidumbre de la verdad divina, y como un sello que ha sellado nuestros corazones en la espera del día del Señor . El Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu de que Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos .
Juan Calvino.

Vemos, pues, que la fe es una iluminación del Espíritu Santo, que esclarece nuestras inteligencias y fortalece nuestros corazones. Ella nos convence con certeza y nos da la seguridad de que la verdad de Dios es de tal modo cierta que Dios cumplirá todo lo que en su santa Palabra prometió que Él haría.
He aquí por qué al Espíritu Santo se le designa como "las arras que confirman en nuestros corazones la certidumbre de la verdad divina, y como un sello que ha sellado nuestros corazones en la espera del día del Señor . El Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu de que Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos .
Juan Calvino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario