Martyn Lloyd-Jones
Efesios 5:18
Como hemos visto, aquí el apóstol establece uno de aquellos principios esenciales y vitales, en relación no sólo con nuestro entendimiento de la fe cristiana, sino en realidad con toda nuestra vida como cristianos en este mundo. Está recordando a los efesios, y a todos los cristianos, que en realidad sólo existe una forma en que la vida cristiana puede ser vivida. En efecto, afirma que hay una sola forma mediante la cual existe la posibilidad de resolver los problemas que agitan la vida de la sociedad y que la sumergen en tan trágico desorden.
El apóstol comienza con esta declaración general: ustedes deben ser llenos no de vino, sino del Espíritu Santo, si quieren resolver ciertos problemas que están encarando. ¿Cuáles son estos problemas? Uno de los primeros problemas es convivir unos con otros. Por eso en el versículo 21 dice: "Someteos unos a otros en el temor de Dios". No es fácil llevarse bien los unos con los otros. El mundo se caracteriza por divisiones, choques, y cada uno desea ser el primero, cada uno desea ser importante. Por supuesto, esa es la causa principal de todos los problemas y dificultades que en la actualidad confrontan al mundo. Ahora bien, el apóstol afirma que en realidad sólo existe una solución a ese problema, es decir que hombres y mujeres sean llenos del Espíritu Santo de Dios. Solamente si están llenos del Espíritu Santo de Dios, podrán y querrán someterse unos a otros en el temor de Dios.
Luego continúa con otro gran problema, el problema de los esposos y las esposas. Aquí tenemos uno de los problemas modernos de gran profundidad. Trate de calcular cuánta miseria y cuánta infelicidad hay en el mundo actual debido a conflictos entre esposos y esposas. Cuánta tristeza causa esto a hombres, mujeres y niños. Piense en el alcance mundial de esto y como afecta a todas las naciones, tanto a las más avanzadas como a las menos avanzadas. ¿Cómo puede ser resuelto este problema? ¿Cómo se puede encarar este problema? La respuesta del apóstol es que existe una sola forma es decir, que hombres y mujeres sean llenos del Espíritu Santo. Solamente los esposos y las esposas que están llenos del Espíritu tendrán un concepto real de lo que debe ser un esposo y una esposa, y de cual debe ser la relación entre ellos. Esta es la única forma de tener paz y unidad y concordia en lugar de desunión, peleas y separación, y todas las cosas que resultan de estos males. He aquí la solución del apóstol para este problema.
Después de esto Pablo procede al último problema que presenta ante los efesios, es decir, la relación entre amos y siervos. ¡Cuan familiarizados estamos con este problema en términos de huelgas, paros y todas aquellas cosas que interrumpen el trabajo de la sociedad, poniendo en peligro la paz de este y de otros países! ¡Amos y siervos (o, patrones y obreros)! Mi punto de vista es que el apóstol está estableciendo en este versículo un gran principio universal. La forma de encarar todos estos problemas, afirma, es estar lleno del Espíritu. Esta forma particular es la única manera de encararlos.
Este es el principio que se enseña en todas partes de la Biblia. Esta es la única forma que permitirá resolver el problema mayor de la guerra, puesto que la guerra es, en escala mayor, todo aquello que he venido bosquejando. Debido a que muchas personas no pueden verlo de esta manera, malgastan tanto de su tiempo, de su aliento y de su energía; no logran entender que la guerra, después de todo, no es sino una disputa entre dos personas, una disputa magnificada, una disputa entre dos personas de la misma familia o del mismo país, una disputa entre marido y mujer, entre padres e hijos, patrones y obreros. La guerra es lo que implica cualquiera de estas situaciones en forma multiplicada y magnificada. La guerra no es algo especial y diferente, no es un problema único; la guerra no es sino un problema de las relaciones humanas en gran escala. Afirmo pues que aquí estamos cara a cara con el principio más vital que se enseña a lo largo de toda la Biblia; y aquí también está el argumento según el cual no hay solución para estos problemas, sino en la solución provista por el Espíritu Santo de Dios.
En otras palabras, el apóstol está tratando de mostrar a estos efesios el carácter único que tienen como pueblo cristiano; como argumento afirma que por el hecho de ser cristianos y por el hecho de no ser ya lo que eran antes, ahora les es posible vivir de una manera verdaderamente feliz. Realmente está diciendo esto: "Ahora, por el hecho de ser cristianos, no debería haber disputas ni dificultades entre esposos y esposas en medio de ustedes". El apóstol puede apelar de una manera especial a ellos, de una manera que no puede hacerlo con ninguna otra persona. Y lo mismo ocurre con referencia a padres e hijos, y patrones y obreros. Y ya que para un cristiano es posible ser lleno del Espíritu, el apóstol escribe tal como lo hace. "Gracias a Dios", afirma Pablo, "por lo menos en lo que a nosotros concierne, existe una solución". Luego continúa diciendo: "Entonces, pues, pónganlo en práctica, hagan uso de ello".
Todo aquel que viene al Nuevo Testamento con una mente abierta y sin prejuicios tendrá que reconocer que ésta es la enseñanza contenida en él. Pero, por supuesto, todos sabemos que esto no es lo que se practica en la actualidad. Lo que se enseña en el nombre del cristianismo y de la iglesia cristiana, con frecuencia es algo totalmente distinto. La idea que prevalece en la actualidad es que la así llamada 'ética cristiana', la enseñanza cristiana, debe ser extractada de la Biblia y presentada y predicada y enseñada a todo el mundo, y que debe ser dirigida tanto a los estados como a los individuos. Se enseña que esta ética cristiana es algo que toda persona puede aplicar y poner en práctica; que el estado puede hacerlo y que todo el mundo puede hacerlo. Esa es la noción y la idea del mundo moderno. Y así es que tenemos dignatarios eclesiásticos afirmando que un líder como Nikita Krushchev ha hecho una declaración sumamente cristiana. Esa es la forma de malinterpretar y pervertir el evangelio en la actualidad.
La sencilla respuesta a esto es que ninguna persona puede hablar como cristiano a menos que sea cristiano. Sin embargo, un concepto contrario se ha hecho popular. Simplemente tome la ética cristiana y enséñela, enséñela, como afirmo, a cualquier persona, puesto que cualquier persona es capaz de apreciarla y entenderla y aplicarla y ponerla en práctica. Ahora bien, deseo demostrar que de esta manera estamos encarando una enseñanza que consiste en una completa perversión de la doctrina del Nuevo Testamento. En efecto, yo no vacilaría en decir aun más: esa clase de enseñanza constituye el mayor peligro a la auténtica fe cristiana; en sus últimas consecuencias, ella es la negación final de los principios fundamentales del evangelio cristiano. Lo digo porque, en sus últimas consecuencias, este punto de vista enseña que el propósito del cristianismo es reformar al mundo, y que si bien los hombres pueden negar las grandes doctrinas de la fe, no obstante pueden poner en práctica esta ética cristiana. Podemos librarnos de las guerras, podemos librarnos de los armamentos, podemos librarnos de todos estos grandes problemas simplemente aplicando la ética cristiana; y ese es el propósito fundamental, afirman ellos, del evangelio cristiano. Ese es entonces el mensaje predicado desde miles de pulpitos en el día domingo. El cristianismo es representado como una mera enseñanza que puede ser aplicada por las autoridades políticas y sociales; en consecuencia, se predican sermones sobre asuntos políticos y sociales, referidos a como evitar la guerra y como librarnos de todos nuestros armamentos, a fin de vivir en perfecta felicidad los unos con los otros. Ese es el concepto que muchas personas tienen respecto del contenido del-mensaje cristiano.
Quiero demostrar que esa es una enseñanza totalmente equivocada desde todo punto de vista concebible. Desde el punto de vista teológico y desde la perspectiva de las doctrinas del Nuevo Testamento, es una enseñanza totalmente equivocada; además es una enseñanza totalmente opuesta a la práctica de la iglesia primitiva. En tercer lugar, esta enseñanza fracasa totalmente cuando es puesta en práctica, produciendo un resultado directamente opuesto al que sus adeptos buscan.
Echemos un vistazo a los puntos dos y tres, antes de volver al punto uno que es el de verdadera importancia. Todo esto, repito, es opuesto a la práctica del Nuevo Testamento. Tome el libro de los Hechos de los Apóstoles, ¿Encuentra que allí los apóstoles estaban predicando sobre asuntos del estado? ¿Acaso ocupaban todo el tiempo predicando sobre los problemas de la esclavitud? O ¿invertían ellos su tiempo en aprobar resoluciones y enviarlas al gobierno romano y al emperador en Roma? Eso es lo que la iglesia moderna está haciendo. El tiempo se dedica a los puntos políticos y sociales, y tenemos la impresión que si no predicamos constantemente contra armamentos y bombas y guerras y sobre temas raciales, realmente no somos cristianos. Ciertamente esa es la impresión que uno recibe de los diarios, de las comunicaciones masivas y de la televisión. Esto, se nos dice, es el cristianismo: y, entonces, debemos estar constantemente presentando objeciones, protestando y hablando contra ciertas cosas y apelando a los gobiernos ejerciendo presión sobre ellos. Pero yo les invito solemnemente a someter todo esto a la prueba del Nuevo Testamento. ¿Encuentra usted alguna cosa más lejos de lo que nos ofrece el libro de los Hechos de los Apóstoles? No fue esa la práctica de la iglesia primitiva y nunca fue la práctica en épocas de avivamiento y resurgimiento. Ello es una contradicción de la práctica de la auténtica iglesia. Y no solamente eso, también afirmo que esa enseñanza fracasa totalmente cuando es puesta en práctica. En la historia de este país ha habido tiempos y épocas cuando el mensaje cristiano ha tenido, sin duda, una gran influencia general. Quiero decir que fueron los tiempos cuando la enseñanza cristiana afectó la vida de la comunidad entera. ¿Cuándo fue esto? La respuesta es, muy sencilla, que eso siempre ocurrió cuando hubo un número grande de personas cristianas. El mundo sólo presta atención a la voz cristiana cuando es una voz poderosa. Por supuesto, el mundo tiene interés en la política y en números, y cuando el número de los cristianos que podían votar era grande, los estadistas y políticos les prestaban atención. Ellos podían afectar el resultado de una elección, de manera que debían prestarles atención. Se veían obligados a hacer ciertas concesiones al punto de vista de los cristianos y de la iglesia.
En otras palabras, la enseñanza cristiana ha afectado mayormente la vida general de la sociedad en las épocas que seguían inmediatamente después de los grandes avivamientos religiosos. De manera que si la iglesia está ansiosa de que su enseñanza afecte la vida de la sociedad, el camino más rápido y corto no es el de predicar sobre política o sobre asuntos sociales, o de estar constantemente protestando contra esto y aquello; el camino más corto consiste en producir un gran número de cristianos. ¿Y cómo se logra eso? Mediante la predicación del evangelio puro, mediante la presentación de un evangelio capaz de convertir a la gente. Una predicación contra las guerras y las bombas no convierte a nadie. De modo que esta enseñanza se contradice por sus propios resultados. Un gran número de nuestras iglesias están vacías hoy día porque tantos predicadores no han predicado sino sermones sobre política y asuntos sociales. No han estado predicando el evangelio, no han estado llevando a la conversión a hombres y mujeres. En consecuencia, el número de los cristianos es cada vez más reducido y los poderes del mundo suelen no hacernos caso y darse el lujo de olvidarnos totalmente. De modo que también desde ese punto de vista, esta perversión de la enseñanza del Nuevo Testamento es total y completamente equivocada.
Pero vayamos ahora a lo más importante de todo. Veamos cómo este argumento es una negación completa de la verdadera enseñanza del Nuevo Testamento. Considérelo de esta manera. Su primer error consiste en que divorcia a la ética cristiana de la doctrina cristiana. Estoy mencionando esto con frecuencia porque uno lo escucha constantemente. Hace apenas una semana, una persona me estaba comentando un problema. En cierto sentido era un problema puramente médico; el buen amigo dijo que se le había sugerido cierto tipo de tratamiento. El se sentía muy ansioso por saber si el doctor que le había sugerido dicho tratamiento era cristiano, de manera que le preguntó por su actitud respecto de estas cosas. La respuesta del doctor fue: "Por supuesto, yo creo en la ética cristiana; pero, lo lamento, no aceptaría lo que usted considera doctrina".
Ciertamente, esta es una actitud común, que uno puede aceptar la ética cristiana pero no creer en el nacimiento virginal, ni en las dos naturalezas de la persona de Cristo, ni en los milagros, ni en la muerte expiatoria y sacrificial, ni en la resurrección física, ni en la persona del Espíritu Santo. Estas personas afirman no estar interesadas 'en estas doctrinas y dogmas', sino solamente en la ética, en la enseñanza de Cristo, el Sermón del Monte. "Eso es lo que queremos", afirman, "eso es lo que debemos enseñar a las personas; vivamos de esa manera y así no tendremos más guerras y todos estaremos bien".
No hay nada, repito, tan no cristiano que el hablar de esta manera y pensar que uno pueda tomar la ética y despreciar la doctrina. ¿Por qué afirmo esto? La respuesta se encuentra en el Nuevo Testamento mismo. Considere el método del apóstol tal como se demuestra en esta misma epístola que estarnos estudiando. ¿En qué consiste? Los primeros tres capítulos están totalmente dedicados a la doctrina; y recién después de haber establecido la doctrina, comienza él a tratar su aplicación práctica. En otras palabras, en cierto sentido el apóstol está diciendo en todas partes que no posee ninguna ética separada de la doctrina. En ninguna parte del Nuevo Testamento encontrará enseñanzas éticas, excepto en el contexto de la doctrina. No es sino en la segunda mitad de las epístolas donde se encuentran las enseñanzas éticas y éstas siempre son introducidas por las palabras 'por eso'. 'Por eso...', a la luz de todo lo que he venido diciendo... Pero sin ese 'por eso' no hay ninguna ética.
En otras palabras, el presupuesto básico del apóstol es este: "Ahora bien", dice el apóstol, "voy a hablarles de algunos asuntos muy prácticos. Voy a hablarles acerca de como convivir unos con otros, esposos y esposas, hijos y padres, amos y siervos". Y entonces añade: "Me agrada mucho hacer esto porque ustedes son lo que son, porque ustedes ya no son como los otros gentiles, ustedes ya no son lo que solían ser; porque ahora esto se ha hecho posible para ustedes". Ese es un presupuesto básico. El apóstol no estaba escribiendo un tratado para el estado o para la gente en general; esto no era un documento que sería enviado al emperador romano y a su gobierno en Roma. No, él está escribiendo a una iglesia, a un mundo de iglesias; se está dirigiendo a personas cristianas. Es por eso que escribe con plena confianza.
Lo que el apóstol hace aquí es lo que hace cada uno de los escritores del Nuevo Testamento; es precisamente lo que hizo nuestro bendito Señor. Tómese todo lo que en la actualidad se habla acerca del Sermón del Monte como una especie de documento social, como la forma de introducir y legislar en el mundo el reino de Dios, como una forma de reformar a la sociedad. Lo que se necesita es el Sermón del Monte, afirman ellos; ofrezca la otra mejilla en vez de construir armamentos, dé un gran ejemplo moral y todo estará bien. Pero si lee el Sermón del Monte, lo que encontrará es que el Señor dice que ese tipo de vida sólo es posible para cierto tipo de personas. ¿Para qué tipo de personas? Para la persona que él describe en las Bienaventuranzas. "Bienaventurados los pobres en espíritu"; ellos serán las únicas personas que probablemente presenten la otra mejilla. Pero hay otras personas que quizás pretendan hacer lo mismo con el fin de lograr sus propios nefastos propósitos; pero nunca se verá que alguien presente la otra mejilla en un sentido bíblico, a menos que esa persona sea 'pobre en espíritu', a menos que 'llore', que sea 'manso' y que 'tenga hambre y sed de justicia', a menos que sea un 'pacificador' y sea 'puro de corazón'.
El Señor aclara esto perfectamente. Es en vano pedir este tipo de conducta, a menos que una persona ya posea el Espíritu Santo. Si yo pudiera ponerlo de esta manera, diría: no puede vivir la vida del reino de Dios, hasta no haber entrado al reino de Dios. No puede compartir la vida del reino de Dios, sin ser un ciudadano de ese reino. De manera que es un error hablar de personas fuera del reino y decir que viven la vida del reino; eso es una contradicción de toda la enseñanza del Nuevo Testamento. No hay otra negación mayor de la fe cristiana que precisamente esto.
Permítanme expresarlo de otra manera. Esta moderna enseñanza es una negación completa de la doctrina bíblica del pecado y de la depravación del corazón humano en su estado natural. En realidad, esa es la esencia de todo el problema. El verdadero problema de toda esta enseñanza tan popular en la actualidad es que no conoce y no reconoce la verdad acerca del hombre tal como es, tal como es en consecuencia de la caída, tal como es a causa del pecado. O, si yo pudiera ponerlo de otra manera todavía, diría que la tragedia mayor de esta vana manera de hablar es su optimismo fatal. Esto es lo que me impresiona y me alarma en ello. Cómo una persona que alguna vez ha leído la Biblia puede tener el optimismo que tienen estos predicadores no bíblicos es algo que excede mi entendimiento. En la actualidad (1959), realmente creen que una afirmación hecha por el señor Krushchev expone la maravillosa posibilidad de que por fin estamos, ahora en el siglo XX, a punto de abolir la guerra. Creen que todos los armamentos serán destruidos; realmente creen que esto va a ocurrir. ¡Qué optimismo extraordinario! Este es un optimismo extraño aun para personas que han leído algo acerca del curso de la historia humana; pero que una persona que alguna vez haya leído la Biblia pueda creer en este tipo de cosas, es algo que trasciende totalmente mi entendimiento.
Por eso, si acepta la enseñanza bíblica referida al 'hombre en pecado', verá que el hombre es una criatura controlada principalmente por pasiones y deseos. "Ah, pero", dirá alguien, "ése es un punto de vista pesimista". Pero éste es un tema que no se puede resolver mediante simples epítetos; se trata de encarar los hechos y de ser realistas. De acuerdo a la Biblia, el hombre es una criatura llena de pasiones y deseos; el hombre no es gobernado por su mente o por su razón; desde que el hombre cayó por primera vez en el pecado, nunca ha sido este el caso. En el segundo capítulo de esta epístola, el apóstol lo establece con toda claridad: Dice el apóstol, 'Estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (Ef. 2:1-3). Desde el comienzo hasta el fin, ésta es la enseñanza de la Biblia. Según esta enseñanza el hombre es egoísta, es una criatura centrada en sí misma. Lo que a mí me resulta tan difícil comprender es cómo alguien que tenga los ojos abiertos crea posible discutir esta proposición. ¿Por qué hay tantos problemas en el mundo? ¿Por qué resulta difícil vivir con otros? "Y, bueno", dice alguno, "es porque aquella otra persona es tan difícil". Es cierto, pero aquella otra persona está diciendo exactamente lo mismo acerca de usted; y la realidad del asunto es que los dos tienen razón. Todos nosotros somos personas difíciles; y todos nosotros somos difíciles porque todos nosotros somos egoístas, porque todos nosotros prestamos atención a algo elemental dentro de nosotros que desea las cosas para nosotros mismos. Todos nosotros somos injustos, todos somos perversos, todos somos capaces de terribles deshonestidades, maldades y mentiras—cada uno de nosotros. ¿Discute esto usted?
Así es el hombre por naturaleza, así es el hombre como resultado de lo que se relata en el tercer capítulo de Génesis. En el mismo instante en que el hombre prestó atención al enemigo, el enemigo de Dios, en ese instante se rindió ante su poder; y desde entonces la vida ha sido una vida de enemistad y lucha. Ya se ve en los hijos de Adán y Eva, Caín y Abel. Allí lo tiene. Y Caín todavía vive, esa naturaleza suya todavía vive en cada uno de nosotros, por herencia. Sus manifestaciones son diversas, pero allí está en cada uno de nosotros. "¿De dónde vienen las guerras entre ustedes?", pregunta la epístola de Santiago; y él mismo responde a su pregunta diciendo, "de vuestras pasiones las cuales combaten en vuestros miembros" (Stg. 4:1). ¿Por qué ha de sorprenderse la gente de que una nación mire con deseos de conquista hacia otra nación? ¿Por qué ha de sorprenderse la gente ante lo que la China está haciendo actualmente a la India (1959)? ¿Por qué han de sorprenderse ante lo que las naciones agresivas hacen a las naciones más débiles? Desde el comienzo de la historia de la humanidad ha sido lo mismo. ¿Por qué hemos de sorprendernos ante esto, cuando sabemos muy bien lo que ocurre a nivel personal? ¿Por qué hemos de pensar que un cuerpo de personas sea diferente a los individuos que lo componen? Actúan de la misma manera porque no están compuestos sino por individuos. Un estado no es sino un gran número de personas individuales, y mientras haya avaricia en los individuos, también habrá avaricia en el estado. No hay nada extraño en esto; en realidad es algo que deberíamos esperar.
Sin embargo, es lamentable y trágicamente claro que esta realidad se olvida totalmente en la actualidad. La idea que prevalece en nuestros días es que el hombre está fundamentalmente correcto, tanto en su naturaleza como en su concepto acerca de sí mismo, y que sus problemas se deben al hecho de ser una víctima de las circunstancias. Se dice, "Claro, somos herederos de estas antiguas tradiciones. Si solamente escapáramos y nos libráramos de todas ellas, todo estaría en orden". Ellos creen que el hombre desea hacerlo y que el hombre es capaz de hacerlo.
No me corresponde a mí entrar en el reino de la política—ya he estado lamentando el hecho de que la iglesia lo hace en demasía—pero permítanme expresarlo de la siguiente manera: de acuerdo a mi punto de vista, la esencia de la enseñanza bíblica es que uno realmente no puede confiar en nadie que no sea cristiano. ¿Le suena esto extraño? Esto es una típica enseñanza bíblica. De lo contrario, ¿por qué cierran su puerta con llave de noche? ¿Por qué es que tenemos un cuerpo de policías? Es porque saben perfectamente bien que en la naturaleza humana está ese elemento depredador, egoísta, injusto y perverso y que por lo tanto debemos protegernos a nosotros mismos. La sabiduría del mundo mismo le enseña que esta suposición es justificada para enfrentar toda la vida con sus problemas. El mundo nos enseña que todo hombre es mentiroso y que cada hombre busca lo suyo. ¿Acaso es esto un punto de vista pesimista? Es un punto de vista realista.
No solamente se comprueba esto por la sociedad tal como existe en nuestros días, sino que toda la historia lo enseña. ¿Acaso la segunda guerra mundial no se debió en gran manera a que la gente no comprendió verdades como ésta? La gente creyó a un hombre obviamente mentiroso como Hitler, cuando decía que quería la paz y que daría prueba de ello. A él se le creyó. Esto es prácticamente increíble. Pero mi tesis es que la gente comete errores tan colosales por el hecho de no comprender el evangelio. El evangelio nos enseña que el hombre en pecado es un ser sumamente malo, y que nada le detendrá si conviene a sus propósitos. Aparecerá como 'ángel de luz' y dirá, 'elimínense todos los armamentos', etcétera, etcétera. Yo solamente afirmo que a menos que lo hayan examinado, no solamente lo que es y lo que dice de palabras, sino todo lo que es y todo lo que es capaz de hacer en lo profundo de su ser, si haciendo todo esto, todavía le cree, entonces es un necio.
¿Qué significa esto?, pregunta alguno. ¿Significa que uno está abogando por la guerra y los armamentos? Nada por el estilo; pero sí significa que no se confía en las meras palabras de los hombres, porque el hombre en el pecado es un mentiroso que dirá cualquier mentira siempre y cuando crea que le ayudará a alcanzar sus metas y propósitos. Significa que la ley, y el poder para implementarlo, son esenciales.
'Esposos y esposas'; ¿cuál es la causa de todos los problemas modernos en esta esfera? Cuando leo los diarios concluyo que en gran medida es el resultado de votos solemnes no cumplidos, de mentiras y pretextos, y de hombres que dicen no haber hecho lo que han hecho o que dicen haber hecho lo que no han hecho. El hombre mentirá con tal de satisfacer sus propios apetitos y deseos. Y sin embargo, según la enseñanza que está en boga hoy día, no tenemos sino que ir a la gente con la ética cristiana para que ellos la pongan en práctica; según la enseñanza moderna la gente le prestará atención y estará dispuesta a creerle. Y no solamente eso, también se enseña que el hombre moderno realmente es capaz de ponerla en práctica. Creer que el hombre, tal como es, pueda practicar la ética cristiana es el colmo de los errores. Conforme a esta enseñanza los hombres así como son estarían dispuestos a 'someterse unos a otros en el temor de Dios', que maridos y esposas e hijos y padres estarían dispuestos a hacer esto como cosa natural. Solamente tendría que decirles, "¿Acaso no ve que se está comportando de forma equivocada? Si solamente hiciera esto o aquello todo estaría bien. Vengan, decidamos hacerlo de esa manera". Y la gente cree que entonces todo el mundo dirá, "¡Excelente! estamos de acuerdo con esto; vamos y hagámoslo así".
A esto yo respondo: si ellos creen que son capaces de hacerlo, mi única pregunta es ésta: ¿Por qué han demorado tanto en poner en práctica su creencia? Debemos recordar que este tipo de enseñanza se ha venido impartiendo durante muchos siglos. Mucho antes de la venida de Cristo, los filósofos griegos impartieron enseñanzas sobre posibles utopías. Luego tenemos allí el Sermón del Monte; durante casi dos mil años ha estado expuesto al mundo. Si un ejemplo moral fuese suficiente, ¿por qué no siguen a Cristo? La simple respuesta es que no pueden hacerlo y que no quieren hacerlo. El hombre está paralizado por el pecado; el mal es la fuerza más poderosa de su naturaleza.
No hace falta dedicar más tiempo a este tema; por lo menos, no hace falta para aquellos que conocen la enseñanza de Romanos 7. Pues lo que Pablo enseña allí es que la santa ley de Dios que él dio a través de ángeles a Moisés, en vez de salvar a los hombres, los hizo peores. Escuchen sus palabras: "El pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia" (vv. 5, 8). "La ley de Dios que es santa y justa y buena me llevó a pecados cada vez peores, me mató, me derrotó". ¿Por qué? No es que algo esté mal con la ley, afirma él, sino por causa de este 'pecado que mora en mí'; "el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que, por el mandamiento, el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso". Y a pesar de todo esto, lo que se predica regularmente es nada más que ética cristiana, y se exhorta a las naciones y gobiernos a ponerlas en práctica. Se nos dice, 'si solamente todos hiciéramos esto, la guerra se habría eliminado y todo estaría bien.
Es porque los hombres creen en esta falacia peligrosa, que el hombre en pecado está presto a responder al ejemplo moral. Ya conocen el argumento. Se dice: que esta nación, que una sola nación destruya todos sus armamentos, y las demás naciones mirarán asombradas y dirán "¡Qué cosa maravillosa! Todos debemos decidirnos a hacer lo mismo. ¡Ellos lo creen! ¡Ellos creen que realmente ocurrirá! Quizás recuerden cómo, antes de la segunda guerra mundial, estalló una guerra entre Japón y China. En esa ocasión un representante de la iglesia propuso ir al campo de batalla y pararse entre los dos ejércitos, creyendo que al verlo ambos bandos dirían: "Esto es algo tan maravilloso que no podemos seguir peleando". El creía que el hombre en pecado puede ser conmovido de tal manera por un ejemplo moral que, como resultado, dirá, "Oh, cuan equivocado he estado; debo renunciar a todo esto. Desde ahora voy a vivir esta vida nueva y maravillosa". Si ello fuese cierto, el Hijo de Dios nunca habría venido a este mundo; su venida habría sido innecesaria. Las enseñanzas divinas y el ejemplo de los hombres habrían sido suficientes.
De esta manera llego a mi último punto. Lo que, en sus últimas consecuencias, está mal con semejante enseñanza es que es una completa negación de la doctrina bíblica del Espíritu Santo. El apóstol Pablo no dice a la gente: 'Sometiéndoos unos a otros'—'esposos y esposas', sometiendo unos a otros de la forma indicada y en el espíritu correcto; tampoco lo pide de los 'hijos y padres' o 'siervos y amos' sin antes decirles a todos, 'Sed llenos del Espíritu'. El apóstol afirma que semejante conducta es totalmente imposible sin esa condición esencial y preliminar. Pero la gente de nuestros días no cree en el Espíritu Santo; no cree en la persona del Espíritu Santo. Hablan del 'espíritu cristiano' y del 'espíritu de hermandad y buena voluntad' y cosas por el estilo. Esto no es cristianismo; esto es moralidad, esto es enseñanza pagana.
Aquí tenemos una doctrina sobre la tercera persona en la bendita Santa Trinidad, el Espíritu Santo de Dios. La enseñanza de la Biblia afirma que sin él no hay esperanza para el hombre. ¿Qué hace el Espíritu Santo? La primera cosa que hace es 'convencer al mundo de pecado, de justicia, y de juicio'. El mundo no cree en el pecado, y necesita ser convencido al respecto. El Espíritu Santo es enviado para esa misión. A pesar de que el cristianismo ha sido predicado durante aproximadamente dos mil años, el mundo aún no cree en el pecado, no cree en la justicia, no cree en el juicio. El mundo sólo cree en sí mismo, en el hombre, en el poder del hombre y en la bondad del hombre. Esto es exactamente lo opuesto a la enseñanza de Cristo. ¿Qué más hace el Espíritu Santo? ¿Por qué fue enviado? Permítanme recordarles acerca de esta bendita enseñanza. Después de convencernos de nuestros pecados, y después de revelarnos la salvación que es en Cristo 'a través de su sangre', ¿qué más hace él? Nos da nueva vida, regeneración. Esta es la enseñanza de nuestro Señor dirigida a Nicodemo. Escúchenlo. En realidad lo que está diciendo a Nicodemo es esto: "Deja de hablar, deja de hacer preguntas. De cierto, de cierto, te digo a menos que un hombre sea nacido del Espíritu, no puede ver el reino de Dios; tú debes nacer de nuevo, tú debes nacer del Espíritu" (Jn. 3:3-8). No puedo hablar acerca de mi reino contigo, dijo nuestro Señor a aquel hombre excelente, religioso y moral que era Nicodemo; no puedo hablar acerca de él contigo porque así como estás no hay forma en que puedas entenderlo. "No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". Estás tratando de comprender, pero no puedes. Debes nacer de nuevo antes de poder entrar a este reino; entonces comenzarás a entender. Y sin embargo, los hombres todavía abogan por la enseñanza de la ética cristiana a los estados ateos, sin Dios, y a hombres y mujeres que no han nacido de nuevo, quienes no son cristianos.
Semejante conducta es la negación de toda la base del cristianismo. El Espíritu Santo es enviado a regenerar a los hombres, a darles una nueva naturaleza, una nueva mente, una nueva perspectiva y a hacer nuevas todas las cosas. Sin ello no hay esperanza. Del mismo modo, el Espíritu Santo es enviado para promover nuestra santificación. 'Sed llenos del Espíritu'. Sólo aquellos que son controlados por el Espíritu Santo de Dios pueden vivir en paz unos con otros. Esta es la solución a los problemas matrimoniales, a los problemas del hogar, a los problemas industriales. Una vez que los hombres son gobernados y llenos del Espíritu, ellos comprenden, ellos alcanzan a ver el mal que habita en ellos, ellos se refrenan y se controlan a sí mismos, ellos 'crecen en gracia en el conocimiento del Señor', y entonces la amistad y la concordia llegan a ser posibles. Pero sólo en la medida en que somos 'llenos del Espíritu'. Sin el Espíritu esto es imposible. De modo que el Espíritu Sanito ha sido enviado con el propósito de promover nuestra santificación y de controlarnos y de hacernos capaces de vivir la vida que Dios quiere que vivamos.
Finalmente, el Espíritu Santo es enviado para producir avivamiento y el despertar religioso. Al comienzo ya he indicado que los períodos de la historia cuando la ética cristiana tuvo su mayor influencia sobre la vida de la sociedad en este país han sido aquellos períodos que siguieron a los avivamientos; la explicación es que en esas épocas miles de personas llegaron a ser cristianas. La era victoriana, y los beneficios que significó para tantos, debe ser explicada en términos del avivamiento evangélico de hace doscientos años. En aquel entonces la iglesia fue tenida en cuenta porque tantas personas eran cristianas y porque en tantas capillas e iglesias se predicaba este mensaje y porque tantos creyeron en él. Las propias cifras produjeron la 'conciencia de disconformidad' y los hombres de estado tuvieron que prestar atención. En tiempos de avivamiento el Espíritu Santo es enviado con tal poder que grandes números de personas se convierten al mismo tiempo. Cuando el Espíritu Santo es derramado, miles de personas pueden ser convertidas en un solo día. Todo el estado de la sociedad puede ser cambiado, se cierran las casas públicas, y cosas por el estilo. Las personas comienzan a cambiar su modo de pensar y realmente comienzan a tratar de aplicar estos principios a la totalidad de la vida. Sin los números nunca se puede influenciar a los políticos y parlamentarios. Por otra parte, se ve que mientras un creciente número de predicadores han estado predicando sobre política y asuntos sociales, el principal resultado ha sido que las iglesias fueran quedando vacías. La vida de la sociedad ha ido de mal en peor y la posición se hace cada vez más desesperanzada.
Existe una sola forma de vivir la vida cristiana verdadera. Esto es, ser 'lleno del Espíritu'. Apelar a la gente a fin de que sea mejor es un desperdicio de aliento, también es un desperdicio de aliento apelar a la gente en términos de días de conmemoración, los horrores de la guerra y cosas como estas. Tal vez se emocionen un poco y sean mejores durante el resto del día, tal vez les dure incluso durante el día siguiente. Pero las buenas resoluciones pronto se desvanecerán como el rocío de la mañana, así como cada año se desvanecen con una regularidad constante las resoluciones para el año nuevo.
El hombre es incapaz de hacerlo. El hombre necesita una nueva naturaleza. Necesita ser transformado; y solamente el Espíritu de Dios puede hacer esto. El hombre necesita ser 'lleno del Espíritu'. Entonces, y solo entonces, podrá el hombre hacer todas estas cosas.
Cristianos, en tiempos como éstos, nuestra misión principal es aclarar a todos aquellos con quienes estemos en contacto lo que el cristianismo en realidad es. El concepto que prevalece en la actualidad, el concepto popular, es una negación de la fe cristiana. Instruyamos a hombres y mujeres. Pero sobre todas las cosas, sigamos insistiendo en oración pidiendo un avivamiento, un despertar, un derramamiento poderoso del Espíritu de Dios; pidamos que la verdad sea autenticada, que grandes masas de personas puedan ser conducidas a la vida y a la fe, y que puedan proceder a demostrarlo a través de la práctica, y de esa manera influenciar la vida general de la sociedad. 'Sed llenos del Espíritu', llenos del Espíritu del Dios viviente.

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