Juan Stam
Martín
Lutero dijo una vez que preferiría ser gobernado por un turco competente que
por un cristiano incompetente. Hoy podríamos decir que para gobernar, mejor un
ateo honesto que un protestante corrupto (los hay), mediocre o confundido
(también los hay, y muchos). Ser "cristiano" y ser estadista y buen
gobernante no siempre coinciden.
¿Qué
significa ser "un diputado cristiano"? No basta con sólo ser miembro
de una iglesia protestante, o hasta pastor. Un verdadero cristiano es un
discípulo, un seguidor de Jesucristo hasta las últimas consecuencias. Ser realmente
cristiano en el terreno político significa luchar a favor de la visión bíblica
de justicia, igualdad, amor y vida digna para todos. Significa luchar contra el
prejuicio, la corrupción y la violencia, en todas sus formas. ¿Habrá uno solo
de nuestros políticos "evangélicos" que esté comprometido con ese
proyecto cristiano? Por eso prefiero hablar de "partidos
protestantes" en vez de cristianos o evangélicos. Por sus frutos los
conoceréis, dijo Jesús, y no por su retórica ni su afiliación eclesiástica. En
su comportamiento político estos partidos están muy lejos de poder llamarse
cristianos o evangélicos.
He conocido
diferentes partidos protestantes de Centroamérica, y ninguno ha tenido una
teología bíblica y cristiana de la tarea política. Parecen ignorar el
significado político de la teología de la creación, el mensaje bíblico del Año
de Jubileo, y la ética social de los profetas hebreos, de Juan el Bautista y de
Jesús. Aun entre los que se llaman "pentecostales", pocos toman en
serio el modelo pentecostal de vida comunitaria, donde tenían todas las cosas
en común y "nadie decía ser suyo propio nada de lo que tenía". El
mensaje político de la Biblia es sumamente profundo y radical, pero en cuanto a
estos partidos, no tiene nada que ver. Por eso, tampoco ofrecen algún programa
integral o alguna alternativa al oficialismo del momento, porque no son
suficientemente cristianos, evangélicos y bíblicos. Su fracaso peor es su
fracaso teológico.
Algo muy
peculiar de estos partidos es que ignoran por completo la clásica doctrina
evangélica de separación de iglesia y estado. Su error es doble: malentienden la
relación entre fe y política y malentienden también la relación entre la
iglesia y el estado. En Costa Rica, esto nos ha llevado a la increíble anomalía
de un partido protestante que defiende a capa y espada el estado confesional
católico de la nación. Esas son contradicciones del tamaño de cualquier megaiglesia.
En
realidad, la agenda de estos partidos es muy limitada. En primer lugar está
defender los intereses de sus iglesias, por lo que tienden a ser muy sumisos a
las autoridades nacionales en el poder. En segundo lugar están ciertos temas
sexuales, sobre todo aborto y homosexualidad, manejados muy superficialmente y
con un fanatismo que ayuda a consolidar su bloque electoral protestante. El
primer objetivo es una especie de egoísmo colectivo que no justifica su
presencia en el gobierno, y para el segundo objetivo hay otros que promueven
vigorosamente esas causas sin necesidad de partidos y diputados protestantes.
En realidad
estos no son partidos cristianos ni evangélicos, sino partidos sectaristas. Sus
diputados quedan electos porque hay una población protestante suficientemente
grande para votar monolíticamente por ellos. Pero si un cristiano o una
cristiana tiene una visión para el país y quiere servir a la patria, debe
lanzarse de candidato en uno de los partidos nacionales y competir electoralmente
con los demás aspirantes. Con los diputados protestantes que hemos tenido, lo más
seguro es que ni llegan a postularse, mucho menos quedarían electos. Y qué
bueno sería que tuviéramos auténticos cristianas y cristianas, competentes y
bien informados, presentes como levadura y semilla en los clásicos partidos del
país.
Es claro
que nuestros países necesitan urgentemente una voz profética y un aporte
cristiano a la política. Pero no lo van a recibir de estos partidos sectarios
seudo-evangélicos. Estos partidos son un anti-testimonio.
En resumir,
para responder a nuestra pregunta:
¿Para qué sirven los partidos políticos
protestantes?
La respuesta es fácil. Sirven para elegir
diputados protestantes.
¿Y para qué sirven esos diputados protestantes?
¡Qué pregunta más difícil!
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