Si
usted es ciudadano de cierto estado, obedezca las leyes de ese estado
para que la gente pueda saber que su fe es real, que alcanza e influye
cada área de su vida. Siempre me perturba cuando un individuo que tiene
un eslogan cristiano en el parachoques de su auto, pasa zigzagueando a los otros carros como un maniático.
El
principio de la buena ciudadanía lo sostiene además Pablo, quien dice
que cuando la iglesia escoge a un anciano, debe elegir a uno que sea
irreprensible (ver 1 Tim. 3:10).
Usted
podría preguntar: “¿Se supone que deba obedecer todas las leyes del
lugar?”. Sí, cada una de ellas. Si no está de acuerdo con ellas, eso no
cambia el tema. Obedézcalas. Ahora, si usted conoce una manera de
trabajar políticamente para cambiar leyes esta bien; pero hasta que sean
cambiadas, obedézcalas.
¿Qué estoy diciendo? Es que Dios quiere que seamos la clase de ciudadanos en el mundo que llamará la atención del mundo. Necesitamos ser diferentes. Necesitamos tener las cualidades de la sal y la luz (Mat. 5:13-16). Eso implica sometimiento, lo cual ordena claramente la Escritura.
Extraído del libro, “La voluntad de Dios” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.
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