Martyn Lloyd-Jones
Efesios 5:21
Hay un punto técnico referido a este texto al cual debemos referirnos antes de proceder con nuestra consideración del texto. Se trata de que todos concuerdan en que debe leerse: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. No es un asunto de traducción sino más bien de manuscritos. Y todos los manuscritos más recientes y mejores dicen aquí: 'en el temor de Cristo', en lugar de 'en el temor de Dios'. Por supuesto, en el análisis final el resultado es el mismo, pero esta forma del texto da un acento adicional a lo que el apóstol dice, según veremos a continuación.
Estamos aquí ante una declaración que debemos considerar muy cuidadosamente en cuanto a su ubicación correcta y su contexto. Es muy importante que procedamos con cuidado para comprender verdaderamente lo que el apóstol está diciendo. En otras palabras, por un momento debemos dedicar nuestra atención a la relación entre esto y lo que le precede. Hay quienes quieren traducir esto como si fuese un mandato separado. Ellos afirman que en esta sección el apóstol está dando una serie de exhortaciones aisladas. Pero esto no se justifica de ninguna manera. El no dijo: 'someteos unos a otros'; él dijo en cambio: 'sometiéndoos unos a otros'. De manera que no debemos considerarlo una declaración o exhortación desconectada. Otros afirman que se trata sola y únicamente de una introducción a lo que sigue, como si dijera: 'sometiéndoos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor...' y así sucesivamente con 'los hijos' y 'siervos'. De esa manera lo convierten en una especie de introducción a lo que sigue. Pero es seguro que ambas sugerencias son erróneas. La segunda está menos equivocada que la primera. Sin embargo, es patente que aquí el apóstol Pablo está continuando con lo que ya ha venido diciendo y al mismo tiempo está introduciendo lo que se propone a decir más adelante. A mí me parece que esta es la única forma correcta de interpretar esta declaración. Es una especie de eslabón entre lo que ha precedido y lo que va a seguir. En otras palabras, esto es otra ilustración de lo que ya ha establecido como principio fundamental en el versículo 18: "No os embriaguéis con vino, en el cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu". Sostengo que Pablo aún está pensando en ese tema y se está dirigiendo a hombres y mujeres llenos del Espíritu. Y ya les ha dicho ciertas cosas acerca de ellos mismos y que son inevitablemente ciertas si ellos son llenos del Espíritu. Aquí entonces tenemos otra. De manera que interpretamos esa expresión a la luz del versículo 18 con su exhortación dirigida a nosotros, a fin de seguir siendo llenos del Espíritu.
Subrayo esto, porque ninguna persona en el mundo puede hacer lo que el apóstol Pablo nos manda a hacer en este versículo, a menos que esté lleno del Espíritu. No tiene sentido ir al mundo y decir: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. No sólo es algo que el mundo no hace, sino algo que no quiere hacer, algo que el mundo no puede hacer. Esta es una exhortación que carece de sentido para todo aquel que no es lleno del Espíritu. Por eso sostengo que aquí el apóstol Pablo está desarrollando las dos ideas que tiene en mente en el versículo 18: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución". Una persona ebria no va a someterse a nadie. Sólo le importa hacerse el grande. Eso es lo que caracteriza al hombre ebrio. Carece de control, sobre todo en este aspecto. Se jacta y se gloría a sí mismo y piensa que es maravilloso. Si hemos de someternos unos a otros debemos ser totalmente distintos a aquellos que están llenos de vino, y que llegan a ese extremo de disolución. Y, por el otro lado, debemos ser llenos del Espíritu.
Sugiero que allí se encuentre la conexión principal entre los pasajes. Allí está la idea básica. Hemos de ser diferentes de lo que éramos, hemos de ser diferentes al mundo, y nuestras características esenciales han de ser totalmente diferentes a las de hombres y mujeres que todavía pertenecen a ese reino. Hemos de ser llenos del Espíritu. ¿Cómo lo demostramos? Hasta donde el apóstol lo ha estado indicando, hemos de demostrarlo mediante nuestra relación con Dios. El ha estado hablando sobre nuestra adoración, "hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Están llenos del Espíritu, dice el apóstol, y se reúnen para realizar sus cultos, sus reuniones llenas de alegría y gozo. Han de expresar todas estas cosas juntas en adoración a Dios y alabanza y culto. Pero, dice el apóstol, eso no es todo. Deben manifestar el mismo espíritu en su trato los unos con los otros, en el compañerismo que tienen los unos con los otros a nivel puramente humano y terrenal. De modo que el apóstol está subrayando su tema básico, mostrando que hombres y mujeres que son llenos del Espíritu deben demostrar esa característica en su trato los unos con los otros.
Esa es la forma de enfocar este versículo particular. Es esencial que entendamos exactamente su significado porque el apóstol va a ilustrar en tres sentidos esta verdad. El apóstol primero establece el principio y, habiendo hecho así, dice, para aplicarlo en forma particular, 'las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor... Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. .Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales'. Como hemos de ver, estas tres son ilustraciones separadas y particulares de este principio fundamental que siempre debería gobernar las relaciones entre los cristianos.
'Sometiéndoos unos a otros'. Nótese que la misma forma que el apóstol utiliza para expresarlo confirma lo que he estado diciendo acerca de la relación de este versículo con los que le preceden y siguen inmediatamente. "Por eso ustedes que están llenos del Espíritu deben cantar juntos, someterse unos a otros y comportarse como sigue en las relaciones cruciales de la vida".
Pero, ¿qué significa 'sometiéndoos unos a otros'? Una mejor traducción, quizás, podría ser: 'estando sujetos unos a otros'. En vista de la palabra que el apóstol utiliza, es obvio que su idea es algo parecido a esto: es el cuadro de los soldados en un regimiento, soldados que están en una misma línea bajo un oficial. La característica de una persona en esa posición es que en cierto sentido ya no es un individuo; ahora es un miembro del ejército y todos los soldados juntos prestan atención a las órdenes e instrucciones que les dirige el oficial. Cuando una persona se recluta, es como si renunciase a su derecho de determinar su propia vida y actividad. Eso es una parte esencial de su contrato. Cuando él se une al ejército o a la fuerza aérea o a la marina, ya deja de gobernarse y controlarse a sí mismo; en adelante debe hacer lo que se le ordena. Ya no podrá tomarse un día de descanso cuando quiera, ni tampoco podrá levantarse a cualquier hora de la mañana. Ahora es un hombre bajo autoridad y las reglas lo gobiernan. Y si tal persona comienza a actuar conforme a sus propias decisiones e independiente de otros, él es culpable de insubordinación, y por lo tanto será castigado. Esa es la imagen que utiliza el apóstol; y lo que quiere decir es más o menos lo siguiente: aquellos que están llenos del Espíritu han de comportarse voluntariamente en la misma manera en sus relaciones unos con otros. Somos miembros del mismo ejército, somos unidades del mismo gran ejército. Nosotros hemos de hacer voluntariamente lo que el soldado debe hacer 'por la fuerza'.
¿Cómo opera esto en la práctica? No es suficiente limitarse a utilizar las palabras; estas cosas deben ser aplicadas en la práctica. Como dijo nuestro Señor a sus discípulos: "Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis". ¿Qué implica esto? ¿Qué significa que tengamos que someternos y sujetarnos unos a otros? Desde el punto de vista negativo tiene ciertas implicaciones muy claras. No hemos de ser descuidados. La mayoría de los problemas en la vida y la mayoría de los conflictos se deben al hecho de que la gente no piensa. La acción impetuosa es la mayor causa de conflictos y disputas y de infelicidad en todas las esferas de la vida. Si las personas tan sólo se detuvieran a pensar antes de hablar o antes de mirar o antes de actuar, ¡cuánta diferencia harían! Pero el problema con el hombre natural es que no piensa. Tan pronto tiene una idea, la expresa; si está sintiendo algo y quiere hacerlo, lo realiza de inmediato; un impulso que llega inmediatamente es puesto por obra. Por eso, expresándolo en forma negativa, el apóstol está diciendo que el cristiano nunca debe ser una persona descuidada, debe abstenerse de este tipo de vida instintiva basada en la mera intuición. Como ya lo he venido diciendo ampliamente, el cristiano es una persona que es gobernada por la verdad, gobernada por principios; es una persona sabia. Anteriormente lo expresó así: 'sino entendido'. Y nuevamente: 'por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor'. Una persona sabia es una persona que piensa; él mira antes de saltar, piensa antes de hablar. Es una persona gobernada por los pensamientos y por el entendimiento, por la meditación y un espíritu de consideración.
Y tan pronto esa persona comienza a pensar, descubrirá otro aspecto negativo de suma importancia, es decir, que no debe ser egoísta ni egocéntrico. El verdadero problema con las personas egoístas y egocéntricos es que nunca piensan, excepto, por supuesto, acerca de ellos mismos. Pero en realidad eso significa que no piensan; en cambio, actúan como animales. Un animal siempre persigue sus propios propósitos, no piensa, sólo actúa conforme a sus instintos. Hablando en términos generales, éste es el problema con el no cristiano; él es un egoísta y un egocéntrico, porque no piensa.
O bien, recordando la palabra del apóstol y la ilustración que sugiere, permítanme expresarlo de otra manera. El cristiano, aunque siga siendo un individuo, nunca debe ser individualista. En cuanto se hace individualista, está equivocado. Este principio, esta característica de ser individualista es imposible, como ya he dicho, en un ejército. Eso es lo primero que debe ser reprimido en una persona que entra al ejército. El proceso puede ser muy doloroso; pero debe comprender que ya no puede comportarse como antes. Tal vez en casa la persona fue un niño mimado, y tan pronto quería alguna cosa la obtenía, era él quien gobernaba. Pero todo eso debe cesar. En el ejército debe someterse a otro. Sería imposible dirigir un ejército compuesto de una serie de personas individualistas. Todo eso debe ser sumergido.
Para expresar el asunto de otra manera, debemos dejar de ser agresivos. La agresividad es la antítesis misma de lo que el apóstol está diciendo: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. Una persona que sigue este camino nunca es agresiva. El ego es la raíz de todos nuestros problemas. El diablo lo supo desde el comienzo mismo cuando tentó por primera vez al hombre: ¿Dios les ha dicho que no deben comer de esto? Lógicamente lo dijo sabiendo que al hacerlo ustedes serían como dioses. Eso es ofensivo para ustedes; eso los mantiene reprimidos. No se sometan a eso, afírmense ustedes mismos". ¡La afirmación del ego! ¡Cuántos estragos han sido obrados en el mundo por causa de la afirmación del ego! Ha sido la causa de las dos guerras mundiales que hemos tenido en este siglo. Es algo que puede tener carácter nacional o individual. 'Mi país, tenga o no razón', y, en consecuencia, ¡guerras y conflictos! Pero lo mismo ocurre al nivel de las relaciones individuales; todos los problemas nacen de este horrible ego, siempre ansioso de salirse con la suya.
Otra forma más de expresarlo es decir que el cristiano nunca debe ser obstinado. Un cristiano tiene y debe tener opinión; pero nunca debe ser obstinado. ¡Qué diferencia hay entre un hombre que tiene opiniones, buenas opiniones, opiniones fuertes, y un hombre que es obstinado, pretensioso y orgulloso de sus opiniones! Nunca debemos ser obstinados porque, nuevamente, esa sería otra manifestación del ego. La persona obstinada está mucho más preocupada por el hecho de creer que por el contenido de lo que cree; siempre se está considerando a sí misma; pone sus creencias en exhibición. Pero, por supuesto, la forma de hacerlo siempre engaña al hombre. El obstinado se muestra orgulloso de sus conocimientos. Eso se debe a que realmente no entiende el tema acerca del cual sabe un poco. Si entendiera, se mantendría humilde. Pero, en realidad, no le interesa la verdad; lo que le interesa es su propia relación hacia ella, su conocimiento de ella. Personas obstinadas siempre causan conflictos.
Esto, a su vez, conduce a otro problema. Esa clase de persona siempre tiende a asumir una actitud dominante—otra manifestación del ego—y (para utilizar la expresión del apóstol Pedro) quiere 'señorear' sobre otros. Pedro escribe en 1Pedro 5:1: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros". Se está dirigiendo a los ancianos porque la obstinación es una tentación particular que asalta al hombre que llega a ser anciano. El anciano es una persona con habilidad, que posee elementos de liderazgo, motivo por el cual ha llegado a esta posición; y por el hecho de ser anciano está particularmente expuesto a este peligro. "Ruego a los ancianos que están entre vosotros... Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey". Deben conducirse de forma que no estén ejerciendo 'dominio' en la iglesia; los ancianos deben ser ejemplos a la grey. Esto es siempre la tentación, el peligro que confrontan estas personas; y cuanto más claras sean las ideas de una persona, tanto más expuesta está a esta tentación particular. Pero no deben caer en ella, dice el apóstol; ustedes deben 'someterse unos a otros'.
Este tema puede ser ilustrado casi sin fin. Quizás podamos resumir lo que hemos estado diciendo de esta manera: el cristiano nunca debe ser egoísta. He estado explicando las manifestaciones del ego; el centrarse en sí mismo siempre conduce al egoísmo. Entonces, para seguir desarrollando aun más este tema, diremos que este hombre del mundo con el cual el apóstol contrasta el cristiano es esencialmente egoísta y egocéntrico, es descuidado y desconsiderado con respecto a otros. Está tan preocupado de sí mismo que nunca tiene un minuto para otras personas. Anhela tener algo, pero nunca se le ocurre pensar que alguien más también puede desearlo. Desea mejorarse, pero la otra persona también desea mejorarse. Ahora bien, él no se da cuenta de ello; por lo tanto, por el hecho de estar tan concentrado en sí mismo y descuidado, es particularmente descuidado y desconsiderado con respecto a la posición, necesidades, deseos y bienestar de otros. Es probable aun que irá al extremo de querer despreciar a otros y de tratarlos con un aire de menosprecio. De esto hay una acertada ilustración en la primera epístola de Pablo a los corintios. El verdadero problema allí era el mal que estuve describiendo; por eso también el apóstol tuvo que escribir el capítulo 12 sobre la iglesia como cuerpo de Cristo. Aquellos que eran 'las partes más decorosas' despreciaban a aquellos que eran 'las partes menos decorosas' y estos últimos tenían celos de aquellos debido a su ostentación, a su importancia y al honor que se les rendía. De modo que allí había una carencia fundamental de la comprensión de este principio.
Una última forma en que podemos expresar esta consideración negativa es decir que la persona egocéntrica, egoísta e individualista, descuidada y vanidosa, casi siempre es simultáneamente una persona que resiente las críticas y que es impaciente con otros puntos de vista. Si yo estoy muy orgulloso de mi propia opinión, me siento profundamente insultado si alguien se atreve a cuestionarla u oponerse a ella. No importa que se oponga a la verdad, me importa el hecho de oponerse a mí. Sólo importa lo que yo creo. De manera que esta persona resiente las críticas y es impaciente con otros puntos de vista. No desea oírlos y, en realidad, se opone a ellos. Es una persona hipersensible. ¡Qué cosa más extraordinaria es este 'ego'! ¡Qué enfermedad vil es la vanidad del ego! Nótese la multitud de sus síntomas. Afecta a toda la actitud de un hombre, cada una de sus partes, sus pensamientos, su parte emocional, afectiva, sus acciones, su parte volitiva, todo ello está implicado. Mire el cuadro de esta persona: egoísta, egocéntrica, obstinada, tendiendo a dictar a los demás, hipersensibles. Y luego, ¿qué ocurre? Como siguiente paso siempre amenaza con renunciar. Siente que siempre le están dudando, que nunca le tienen confianza, no hacen lo que él dice, o no aprecian lo que él piensa. El deduce que esto es injusto y, por eso, pone su renuncia. El apóstol está escribiendo sobre la vida de la iglesia y dice: ustedes no deben ser así, ustedes van a hacer estragos de la iglesia si se comportan de esa manera, y si continuamente renuncian. Esa es entonces la forma negativa de interpretar estas palabras: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'.
¿Pero cual es el significado positivo de estas palabras? Por supuesto, es antítesis cabal de todo lo que he venido diciendo; pero más que eso. "Sed llenos del Espíritu". Esto significa que 'los ojos de vuestro entendimiento han sido iluminados' respecto de la verdad. ¿Adonde nos lleva eso? He aquí como se manifiesta esto en la práctica. Aquí hay una solución a todos nuestros problemas, problemas personales, problemas individuales, problemas de relación en el matrimonio, el trabajo, el negocio, en la profesión, problemas en el estado con las diferentes clases y grupos, razas y todo lo demás. Qué fácil nos resultaría ilustrar esto, por ejemplo, en términos de antisemitismo. Esa no es sino una ilustración de este gran principio. Ocurre que ese es un asunto político que con frecuencia está en la atención del público; sin embargo, la gente no comprende que es el principio detrás del asunto lo que importa. Si tiene razón en cuanto al principio, no solamente resolverá ese problema, sino muchos otros también.
El modo cristiano opera de la siguiente manera. Si los ojos de nuestro entendimiento han sido realmente iluminados, la primera cosa que aprendemos es la verdad en cuanto a nosotros mismos. Eso significa comprender que todos nosotros estamos sin esperanza, todos estamos perdidos, todos condenados, todos nosotros somos pecadores—cada uno de nosotros. "No hay justo, ni aun uno". Cuando una persona comprende que eso es cierto, inmediatamente deja de jactarse de sí misma. Esa persona no se jacta acerca de su moralidad, su bondad, sus buenas obras, sus buenas acciones, su conocimiento, sus estudios ni ninguna otra cosa. Si nosotros tan solo supiéramos la verdad acerca de nosotros mismos, estos problemas de relación pronto serian solucionados. Pero sólo el evangelio puede hacer esto; ninguna otra cosa. El evangelio nos reduce al mismo nivel, a cada uno de nosotros. No hay diferencia. "Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios". 'Judíos y gentiles' todos son uno; no hay una raza elevada, no hay gente superior de ninguna manera—todos son iguales. Cualquiera sea la verdad acerca de nosotros, individualmente todos somos reducidos al mismo nivel.
Pablo lo expresa de manera espléndida al escribir a los corintios (1Cor. 4:7): "Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" ¿No es maravilloso esto? Y sin embargo, cuánto demora la gente en entenderlo. He aquí una persona jactándose de su gran cerebro, de su gran mente, de su gran habilidad, y despreciando a otros. Un momento, dice Pablo, ¿de qué te enorgulleces tanto? ¿Acaso has hecho tu propio cerebro, lo has generado, tú le has dado la existencia? "¿Qué tienes que no hayas recibido? ¿qué es lo que te hace diferente a otros?" ¿Has creado tú esa diferencia? Por supuesto que no; todo lo que tienes lo has recibido; es un don de Dios. Si tú tienes una mente brillante, está bien, pero no te jactes de ella, más bien agradécele a Dios por esto. Eso te mantendrá humilde. Algunos son orgullosos de su buen aspecto; pero, ¿acaso lo han producido ellos mismos? Algunos son orgullosos de su habilidad en algunos aspectos—en música, arte, o elocuencia —pero, ¿de dónde lo obtuvieron? En el momento en que te das cuenta de que todos éstos son dones, dejarás de jactarte, dejarás de tener un orgullo necio. Pero sólo el Espíritu puede llevar a una persona a ese punto. El mundo obra exactamente lo opuesto; el mundo clasifica en diferentes grados a los hombres. El mundo tiene sus honores, sus rutilantes premios, y el mundo considera todas estas cosas; ellas significan todo. La gente se enorgullece de ello, se infla de orgullo y de su propio éxito. "Ustedes no han de ser así", afirma Pablo, "eso es ser lleno de vino en lo cual hay disolución. Pero sed llenos del Espíritu, y si son llenos del Espíritu comprenderán que cuanto tienen les ha sido dado por Dios, y que no tienen nada de que jactarse. Cualquiera sea el caso, el Espíritu les guiará a ver lo siguiente y es que con todo lo que tienen todavía son muy pobres, todavía son muy ignorantes, todavía son muy falibles y que todavía fracasan mucho". Dice el apóstol a la gente en Corinto, "Ustedes están inflados de su conocimiento, pero, ¿qué es lo que realmente saben? no son sino recién nacidos en Cristo. Yo no pude alimentarlos con carne, sino sólo leche, porque aún son bebés, y aun así están engreídos de su conocimiento". La forma de resolver estas dificultades relaciónales es conociendo la verdad acerca de nosotros mismos. Cuando comenzamos a conocer esta verdad, vemos que no somos sino bebés y que apenas estamos comenzando. Aquel que piensa tener la cabeza llena de conocimiento, al encarar esta verdad tal como se encuentra a la luz del Espíritu, siente que no sabe nada, que no es sino un principiante, un niñito y que todavía está lleno de fracasos y fallas.
Por eso el apóstol puede seguir, y dice: "¿Quién eres tú para juzgar a otro?" En efecto, nuestro Señor ya había dicho todo esto en las siguientes palabras: "No juzguéis, para que no seáis juzgados. Con la medida con que medís os será medido". Comprendan, dice nuestro Señor, que ustedes están bajo otro. Ustedes que se sienten elevados y desprecian a otros, miren hacia Dios quien mira desde arriba, y entonces comprenderán que no son nada. Por supuesto, el problema es que tendemos a pensar en centímetros en vez de kilómetros y nuestro pequeño montículo de unos trescientos metros nos parece ser una montaña maravillosa simplemente porque tanta gente está a nivel del mar. Póngalo a la luz del monte Everest, póngalo a la luz del cielo, y entonces dejará de jactarse respecto de su pequeña colina. Esa es la forma de obrar del Espíritu. El abre nuestro entendimiento.
Pero eso no es todo. El nos ayuda a comprender que juntos somos miembros de un cuerpo. Este ha sido el tema anteriormente en esta epístola. "Sometiéndoos unos a otros"— ¿por qué? Porque todos ustedes son semejantes a las distintas partes y miembros de un cuerpo. El apóstol introdujo ese concepto al final del primer capítulo, y lo ha desarrollado en 4:11-16. Además, como ya lo he mencionado, éste es el gran tema de 1Corintios 12: "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular" (v. 27). Si comprenden eso, también comprenderán que lo realmente importante no es que uno sea una parte, sino que es parte de un todo; es el todo lo que más importa y no la parte. Y nuevamente esa es una forma de resolver todos nuestros problemas. En otras palabras, esto lo llevará a considerar al cuerpo y al bienestar del cuerpo antes que su bienestar particular y personal. En efecto, la mitad de nuestros problemas actuales se deben a que somos demasiado individualistas en todo nuestro concepto de la salvación. Gracias a Dios que se trata de una salvación individual, cosa que hemos de subrayar siempre; pero no hemos de considerarlo desde un punto de vista individualista. Las personas siempre piensan en sí mismas y se consideran a sí mismas. Vienen a la iglesia de Dios para recibir algo para ellas mismas. Tratemos de obtener un concepto correcto de la iglesia, de esta cosa inmensa en la cual hemos sido puestos. No somos sino pequeñas partes y miembros y porciones; por lo tanto, pensemos en el todo y no en la parte. El hombre en el ejército no está luchando por sí mismo, está luchando por su país—ese es el argumento.
Tan pronto una persona comience a comprender todas estas cosas, estará dispuesta a pasar por alto sus derechos, sus derechos personales e individualistas. Es preciso que entienda este concepto de la iglesia como cuerpo de Cristo, y el gran privilegio de ser simplemente una pequeña parte o porción del mismo. Entonces ya no pensará primeramente en sus derechos, sino que en adelante estará interesado en el desarrollo y avance de todo el cuerpo, también de cada una de las otras partes—también de su vecino, del prójimo de aquél, y así sucesivamente. Juntos ellos ven esta gran unidad, la unidad vital orgánica del todo. La persona que llega a comprender esto ya no se preocupa por sus derechos como tales, ya no habla de ellos, ya no está velando por ellos y guardándolos; todo eso cesa. Además, está dispuesta a escuchar y está lista para aprender. Comprendiendo que no posee el monopolio de toda la verdad y que otras personas también tienen sus opiniones e ideas, siempre está dispuesta a escuchar y aprender. No rechaza las cosas en forma automática; en cambio, es paciente, es comprensiva y si alguien le dice, "pero, espere un minuto, yo creo que.", estará dispuesta a escuchar y a prestarle la atención adecuada. No le va a rechazar de plano, sino que dará a esa persona una oportunidad completa de exponer su posición. Luego la considerará lo mejor que pueda. En otras palabras, este hombre es la antítesis de aquél que he estado describiendo en términos negativos.
Pero podemos proseguir aun más. Afirmo que esa persona está dispuesta a sufrir, dispuesta a sufrir injusticias, si es necesario, por amor a la verdad, por amor a la causa, por amor al cuerpo total. Pablo lo ha expresado de una vez para siempre en su gran declaración en 1 Corintios 13: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser". Eso es lo que el apóstol nos dice aquí que practiquemos: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. No se envanezcan, no se jacten, no sean desconfiados. Líbrense del ego, llénense de amor, crean, alienten la esperanza, nunca desmayen, sean pacientes y practiquen la longanimidad. En efecto, puedo resumir todo esto expresándolo de la siguiente manera: la única persona que puede someterse a otros en el temor de Cristo es la persona que realmente es llena del Espíritu, porque la persona llena del Espíritu es una persona que muestra y exhibe el fruto del Espíritu. Y el fruto del Espíritu es 'amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza'. Si una persona es llena de estas características, no habrá dificultades con ella, no habrá problemas. Esa persona siempre estará dispuesta a someterse con prontitud, de buena gana, voluntariamente, siempre por el amor a otros y por el bien de la causa entera. La única persona que puede hacer esto es aquella que muestra el fruto del Espíritu, porque es llena del Espíritu.
Esto se demuestra en una infinidad de maneras. Permítanme darles solamente una ilustración, una ilustración muy práctica. En 1Corintios 14:29 el apóstol escribe: "Así mismo, los profetas hablen dos o tres, los demás juzguen. Y si algo le fuera revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas". ¡Qué ilustración más perfecta! El problema en Corinto era el siguiente: un hombre se ponía de pie y comenzaba a hablar. Estaba tan lleno de su tema, y sentía que sólo él lo dominaba y entonces proseguía en forma interminable. Pero había otra persona que tenía una verdad y quería hablar; sin embargo, el primero no le daba lugar. Ahora bien, dice el apóstol, eso está mal. "Pero", dice la primera persona, "yo estoy lleno del Espíritu, no puedo evitarlo, estoy tan empapado del asunto y no me puedo refrenar". Sí, puede, afirma Pablo, "los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas". Contrólese a sí mismo, y al ver que otro tiene algo para decir, y habiendo tenido usted su oportunidad, siéntese y deje que hable él. Y que esa persona haga por su parte lo mismo con la siguiente: "Asimismo los profetas hablen dos o tres y los demás juzguen". Esa es la forma, afirma el apóstol, de evitar estos problemas, 'sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'.
Esa es pues la exposición de lo que el apóstol está diciendo. Pero si yo dejara el asunto aquí, estaría haciendo algo que podría ser extremadamente peligroso. En efecto, yo estaría haciendo quizás lo más-peligroso que una persona puede hacer en este momento. He estado exponiendo lo que el apóstol está diciendo; pero recuerde lo que dije al principio, que esto debe ser tomado en su contexto, y que sólo es cierto visto a la luz de su contexto. Lo que quiero decir es que este es el tipo de texto que tanto abuso sufre en nuestros días. 'Sometiéndoos unos a otros, en el temor de Cristo', afirman ellos. "Es precisamente lo que deben hacer ustedes los evangélicos cerrados. Es lo que deben hacer ustedes los anglo católicos que suelen negarse diciendo: 'no, no podemos hacerlo, no podemos unirnos a la iglesia de Roma'. Ustedes que rehúsan someterse unos a otros son toda la causa de los problemas". "Miren a los comunistas", añaden, "miren a los enemigos del cristianismo: lo que se necesita en la actualidad es una gran iglesia mundial unida, incluyendo a los católicos romanos, a los ortodoxos del este, a los modernistas liberales, a los conservadores, en fin, a todos". En efecto, algunos van aun más allá y añaden: "todo aquél que cree en Dios, los mahometanos, los hindúes, los judíos, tráiganlos. Estos no son tiempos para subrayar creencias particulares". 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo' significa, conforme a ellos, que no se debe apartarse de esa manera, y que si se hace, se está negando su propia doctrina.
Esa es la forma en que actualmente se abusa de este texto. Ellos también dicen: ¿acaso no fue Cristo quien pronunció la gran oración del sumo sacerdote diciendo 'para que todos ellos sean uno'? Entonces, preguntan ellos, "¿por qué no se someten a esto?" Ellos creen que un texto como éste es el argumento conclusivo para el movimiento ecuménico, el argumento para eliminar todas las divisiones, diferencias y distinciones y tener una gran Iglesia mundial. Allí se ve la importancia de tomar una declaración como ésta en su contexto. ¿Imaginan que el apóstol Pablo en este versículo está predicando la paz a cualquier precio, y diciendo que un hombre debe conducirse liviana y abiertamente respecto de la verdad, y diciendo que un hombre debería ser flexible y dócil y dispuesto a comprometerse respecto de las doctrinas? ¿Acaso está enseñando aquí una falsa humildad? ¿Acaso está diciendo que la lealtad al cristianismo institucional precede a todas las demás cosas y que un hombre debe poner aparte sus opiniones y adaptarse a la línea general y decir lo que todo el mundo está diciendo? ¿Acaso las enseñanzas del apóstol siguen esos lineamientos? La respuesta es ésta: El apóstol que escribió este versículo ya había escrito los capítulos uno, dos y tres de esta epístola y en ellos había establecido doctrinas cristianas fundamentales, básicas y esenciales. Esta declaración se dirigió solamente a personas que están de acuerdo en cuanto a la doctrina. Aquí no está discutiendo la relación entre personas que sostienen doctrinas diferentes. El presupone que sus lectores se basan en 'el fundamento de los apóstoles y profetas' y que están 'en la unidad de la fe'. Al hereje no se le permitía permanecer en la iglesia; era expulsado y los creyentes no debían tener compañerismo con él.
Aplicar una afirmación comunista a la 'iglesia' tal como la encontramos en la actualidad, es interpretar equivocadamente la totalidad del Nuevo Testamento. Aquí Pablo está escribiendo a personas que están de acuerdo en cuanto a la doctrina, está hablando de la actitud con la cual aplican la doctrina común, la doctrina sobre la cual están de acuerdo. Si lo interpretan de otra forma, llegarán a la conclusión de que la Escritura contradice a la Escritura. La Escritura nos manda a "contender sinceramente por la fe". El apóstol agradece a los filipenses de que ellos estuvieron junto a él 'por la defensa y confirmación del evangelio'. Si aquella otra interpretación fuese acertada, ellos habrían estado equivocados al obrar de tal manera. Luego recordarán lo que leemos en el segundo capítulo de Gálatas acerca de lo que Pablo hizo a Pedro. Pedro no tenía tanta claridad en su entendimiento como Pablo respecto a comer con aquellos que no habían sido circuncidados. Pedro, el hombre que había sido tan prominente, estaba equivocado en su enseñanza a este respecto. ¿Y qué hizo el apóstol Pablo? ¿Se sometió a Pedro en el temor de Cristo, y dijo, "Bien, ¿y quién soy yo para discutir con Pedro? Después de todo, él fue uno del círculo íntimo de quienes estuvieron con Cristo. En la carne yo nunca estuve con Cristo; en ese tiempo era un blasfemo y un fariseo. ¿Quién soy yo para levantarme contra un hombre tan grande como Pedro? Debo permanecer callado, debo prestar atención en silencio y orar; y luego hemos de trabajar juntos en un espíritu de amistad y cooperación". ¡Qué cosa monstruosa! Pablo en cambio le dice: 'Yo le resistí en la cara'. Puesto que Pedro estaba equivocado, lo corrigió públicamente ya que todo el futuro de la iglesia estaba en peligro. Se ve lo importante que es tomar una declaración en su contexto y cuan extremadamente peligroso es extraer cualquier información fuera de su contexto. Es algo que puede llevar a la negación de la enseñanza del Nuevo Testamento. Permítanme darles un ejemplo final de esto, tomado de la segunda epístola de Juan, donde el asunto es expresado con mucha claridad: "Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: bienvenido. Porque el que le dice: bienvenido, participa en sus malas obras". Eso significa culpabilidad por asociación, de modo que no debemos asociarnos con él.
'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo' no significa que uno se acomoda a enseñanzas y doctrinas equivocadas, y que se guarda silencio cuando enseñan mentiras. No, porque ello sería una negación de todo el Nuevo Testamento. Además, sería negar algunas de las épocas y eran más gloriosas de la iglesia cristiana. ¿Cuáles son las cumbres en la historia de la iglesia? Una de ellas es: Átanoslo contra el mundo. Atanasio tuvo que mantenerse solo contra todo el mundo en cuanto a la doctrina de la Persona de Cristo. ¿Qué hacía Martín Lutero? Pues bien, he aquí un hombre que se levantó contra la gran iglesia papista y quince siglos de tradición. Ciertamente lo que la gente le decía era esto: "¿quién eres tú? ¿por qué no te sometes en el temor de Cristo?" 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. "¿Quién eres tú?" Sin embargo, él se mantuvo firme y dijo: "No puedo hacer otra cosa, por lo tanto que Dios me ayude". ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo lo había iluminado. Lutero estuvo acertado, la iglesia era la equivocada.
Dios no permita que malinterpretemos un texto como éste. Esta es una afirmación que debe ser tomada en su contexto. Pablo está escribiendo a personas que están de acuerdo en cuanto a la verdad y lo que él está diciendo es lo siguiente: "Ustedes que están de acuerdo en cuanto a la verdad, háganlo de la forma correcta; no sean obstinados; escuchen pacientemente ser indulgentes en la discusión; permitan que los otros hablen, permítanles exponer sus ideas; no censuren a los demás; no condenen a un hombre por una palabra; estén dispuestos a escuchar; tengan caridad; hagan cuanto esté a su alcance; pero cuando se trate de verdades esenciales manténganse firmes; sin embargo, háganlo siempre con corrección, en el Espíritu. Háganlo así con humildad, háganlo con caridad, háganlo con entendimiento y con esperanza. No sean ofensivos ni de mal carácter; no sean obstinados; 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'.
Allí está, a mi juicio, el significado de lo que el apóstol dice en esta declaración vital e importante. Y resta todavía la última frase, 'en el temor de Cristo'. Hemos de pasar a ella, pero sobre todas las cosas estemos seguros de comprender el contexto en el cual el apóstol hace esta declaración. Hay algunas cosas fundamentales, esenciales, sobre las cuales no debe haber interrogantes ni dudas. El cristianismo tiene un mínimo irreducible; y sobre esa base hemos de ponernos firmes. Allí no nos sometemos; allí luchamos, si es necesario, hasta la muerte. Y hemos de hacerlo del modo correcto y con el espíritu correcto. Pero cuando se tratan de asuntos sobre los cuales no puede haber certeza ni conclusiones finales, es allí cuando deben recordar esta exhortación. Los miembros de la iglesia en Corinto en general estaban de acuerdo sobre los fundamentos y los asuntos vitales, los principios fundamentales del cristianismo. El apóstol no tiene necesidad de instruirlos respecto de estos principios, sino solamente recordárselos (1Cor. 15:1-4).
¿En qué sentido debía instruirlos? Sobre la forma en que hablaban unos de los otros, sobre el hecho de que algunos comían carne ofrecida a los ídolos, mientras que otros no lo hacían, y cosas por el estilo. Ellos estaban de acuerdo en cuanto al camino de la salvación, en cuanto a la deidad de Cristo y en cuanto a la expiación. Sobre eso todos estaban de acuerdo, de otra manera no habrían estado en la iglesia. Pero uno puede estar de acuerdo respecto de esas verdades y aún dividir a la iglesia y ser culpable de divisiones respecto de otros asuntos. Y es precisamente aquí donde debemos aprender a someternos unos a otros en el temor de Cristo. Si uno carece de opiniones no es un cristiano; pero si es un obstinado, es un mal cristiano. Dios nos conceda la habilidad de trazar la distinción. No se nos dice que no tengamos opiniones, o que las vendamos por poco. Se nos dice que las tengamos y que las mantengamos, pero que no seamos obstinados. Hemos de mantenerlas como 'llenos del Espíritu', manifestando amor, gozo, paz, longanimidad, bondad, mansedumbre, fe y templanza, estos gloriosos frutos del Espíritu Santo. 'No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución', no se jacten, no sean altisonantes, no sean violentos. 'Sed llenos del Espíritu'; sostengan y prediquen y enseñen la verdad en amor, y entonces las relaciones personales serán dulces, amables, llenas de amor y el nombre de Dios será glorificado a través del mundo.
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Efesios 5:21
Hay un punto técnico referido a este texto al cual debemos referirnos antes de proceder con nuestra consideración del texto. Se trata de que todos concuerdan en que debe leerse: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. No es un asunto de traducción sino más bien de manuscritos. Y todos los manuscritos más recientes y mejores dicen aquí: 'en el temor de Cristo', en lugar de 'en el temor de Dios'. Por supuesto, en el análisis final el resultado es el mismo, pero esta forma del texto da un acento adicional a lo que el apóstol dice, según veremos a continuación.
Estamos aquí ante una declaración que debemos considerar muy cuidadosamente en cuanto a su ubicación correcta y su contexto. Es muy importante que procedamos con cuidado para comprender verdaderamente lo que el apóstol está diciendo. En otras palabras, por un momento debemos dedicar nuestra atención a la relación entre esto y lo que le precede. Hay quienes quieren traducir esto como si fuese un mandato separado. Ellos afirman que en esta sección el apóstol está dando una serie de exhortaciones aisladas. Pero esto no se justifica de ninguna manera. El no dijo: 'someteos unos a otros'; él dijo en cambio: 'sometiéndoos unos a otros'. De manera que no debemos considerarlo una declaración o exhortación desconectada. Otros afirman que se trata sola y únicamente de una introducción a lo que sigue, como si dijera: 'sometiéndoos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor...' y así sucesivamente con 'los hijos' y 'siervos'. De esa manera lo convierten en una especie de introducción a lo que sigue. Pero es seguro que ambas sugerencias son erróneas. La segunda está menos equivocada que la primera. Sin embargo, es patente que aquí el apóstol Pablo está continuando con lo que ya ha venido diciendo y al mismo tiempo está introduciendo lo que se propone a decir más adelante. A mí me parece que esta es la única forma correcta de interpretar esta declaración. Es una especie de eslabón entre lo que ha precedido y lo que va a seguir. En otras palabras, esto es otra ilustración de lo que ya ha establecido como principio fundamental en el versículo 18: "No os embriaguéis con vino, en el cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu". Sostengo que Pablo aún está pensando en ese tema y se está dirigiendo a hombres y mujeres llenos del Espíritu. Y ya les ha dicho ciertas cosas acerca de ellos mismos y que son inevitablemente ciertas si ellos son llenos del Espíritu. Aquí entonces tenemos otra. De manera que interpretamos esa expresión a la luz del versículo 18 con su exhortación dirigida a nosotros, a fin de seguir siendo llenos del Espíritu.
Subrayo esto, porque ninguna persona en el mundo puede hacer lo que el apóstol Pablo nos manda a hacer en este versículo, a menos que esté lleno del Espíritu. No tiene sentido ir al mundo y decir: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. No sólo es algo que el mundo no hace, sino algo que no quiere hacer, algo que el mundo no puede hacer. Esta es una exhortación que carece de sentido para todo aquel que no es lleno del Espíritu. Por eso sostengo que aquí el apóstol Pablo está desarrollando las dos ideas que tiene en mente en el versículo 18: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución". Una persona ebria no va a someterse a nadie. Sólo le importa hacerse el grande. Eso es lo que caracteriza al hombre ebrio. Carece de control, sobre todo en este aspecto. Se jacta y se gloría a sí mismo y piensa que es maravilloso. Si hemos de someternos unos a otros debemos ser totalmente distintos a aquellos que están llenos de vino, y que llegan a ese extremo de disolución. Y, por el otro lado, debemos ser llenos del Espíritu.
Sugiero que allí se encuentre la conexión principal entre los pasajes. Allí está la idea básica. Hemos de ser diferentes de lo que éramos, hemos de ser diferentes al mundo, y nuestras características esenciales han de ser totalmente diferentes a las de hombres y mujeres que todavía pertenecen a ese reino. Hemos de ser llenos del Espíritu. ¿Cómo lo demostramos? Hasta donde el apóstol lo ha estado indicando, hemos de demostrarlo mediante nuestra relación con Dios. El ha estado hablando sobre nuestra adoración, "hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Están llenos del Espíritu, dice el apóstol, y se reúnen para realizar sus cultos, sus reuniones llenas de alegría y gozo. Han de expresar todas estas cosas juntas en adoración a Dios y alabanza y culto. Pero, dice el apóstol, eso no es todo. Deben manifestar el mismo espíritu en su trato los unos con los otros, en el compañerismo que tienen los unos con los otros a nivel puramente humano y terrenal. De modo que el apóstol está subrayando su tema básico, mostrando que hombres y mujeres que son llenos del Espíritu deben demostrar esa característica en su trato los unos con los otros.
Esa es la forma de enfocar este versículo particular. Es esencial que entendamos exactamente su significado porque el apóstol va a ilustrar en tres sentidos esta verdad. El apóstol primero establece el principio y, habiendo hecho así, dice, para aplicarlo en forma particular, 'las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor... Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. .Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales'. Como hemos de ver, estas tres son ilustraciones separadas y particulares de este principio fundamental que siempre debería gobernar las relaciones entre los cristianos.
'Sometiéndoos unos a otros'. Nótese que la misma forma que el apóstol utiliza para expresarlo confirma lo que he estado diciendo acerca de la relación de este versículo con los que le preceden y siguen inmediatamente. "Por eso ustedes que están llenos del Espíritu deben cantar juntos, someterse unos a otros y comportarse como sigue en las relaciones cruciales de la vida".
Pero, ¿qué significa 'sometiéndoos unos a otros'? Una mejor traducción, quizás, podría ser: 'estando sujetos unos a otros'. En vista de la palabra que el apóstol utiliza, es obvio que su idea es algo parecido a esto: es el cuadro de los soldados en un regimiento, soldados que están en una misma línea bajo un oficial. La característica de una persona en esa posición es que en cierto sentido ya no es un individuo; ahora es un miembro del ejército y todos los soldados juntos prestan atención a las órdenes e instrucciones que les dirige el oficial. Cuando una persona se recluta, es como si renunciase a su derecho de determinar su propia vida y actividad. Eso es una parte esencial de su contrato. Cuando él se une al ejército o a la fuerza aérea o a la marina, ya deja de gobernarse y controlarse a sí mismo; en adelante debe hacer lo que se le ordena. Ya no podrá tomarse un día de descanso cuando quiera, ni tampoco podrá levantarse a cualquier hora de la mañana. Ahora es un hombre bajo autoridad y las reglas lo gobiernan. Y si tal persona comienza a actuar conforme a sus propias decisiones e independiente de otros, él es culpable de insubordinación, y por lo tanto será castigado. Esa es la imagen que utiliza el apóstol; y lo que quiere decir es más o menos lo siguiente: aquellos que están llenos del Espíritu han de comportarse voluntariamente en la misma manera en sus relaciones unos con otros. Somos miembros del mismo ejército, somos unidades del mismo gran ejército. Nosotros hemos de hacer voluntariamente lo que el soldado debe hacer 'por la fuerza'.
¿Cómo opera esto en la práctica? No es suficiente limitarse a utilizar las palabras; estas cosas deben ser aplicadas en la práctica. Como dijo nuestro Señor a sus discípulos: "Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis". ¿Qué implica esto? ¿Qué significa que tengamos que someternos y sujetarnos unos a otros? Desde el punto de vista negativo tiene ciertas implicaciones muy claras. No hemos de ser descuidados. La mayoría de los problemas en la vida y la mayoría de los conflictos se deben al hecho de que la gente no piensa. La acción impetuosa es la mayor causa de conflictos y disputas y de infelicidad en todas las esferas de la vida. Si las personas tan sólo se detuvieran a pensar antes de hablar o antes de mirar o antes de actuar, ¡cuánta diferencia harían! Pero el problema con el hombre natural es que no piensa. Tan pronto tiene una idea, la expresa; si está sintiendo algo y quiere hacerlo, lo realiza de inmediato; un impulso que llega inmediatamente es puesto por obra. Por eso, expresándolo en forma negativa, el apóstol está diciendo que el cristiano nunca debe ser una persona descuidada, debe abstenerse de este tipo de vida instintiva basada en la mera intuición. Como ya lo he venido diciendo ampliamente, el cristiano es una persona que es gobernada por la verdad, gobernada por principios; es una persona sabia. Anteriormente lo expresó así: 'sino entendido'. Y nuevamente: 'por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor'. Una persona sabia es una persona que piensa; él mira antes de saltar, piensa antes de hablar. Es una persona gobernada por los pensamientos y por el entendimiento, por la meditación y un espíritu de consideración.
Y tan pronto esa persona comienza a pensar, descubrirá otro aspecto negativo de suma importancia, es decir, que no debe ser egoísta ni egocéntrico. El verdadero problema con las personas egoístas y egocéntricos es que nunca piensan, excepto, por supuesto, acerca de ellos mismos. Pero en realidad eso significa que no piensan; en cambio, actúan como animales. Un animal siempre persigue sus propios propósitos, no piensa, sólo actúa conforme a sus instintos. Hablando en términos generales, éste es el problema con el no cristiano; él es un egoísta y un egocéntrico, porque no piensa.
O bien, recordando la palabra del apóstol y la ilustración que sugiere, permítanme expresarlo de otra manera. El cristiano, aunque siga siendo un individuo, nunca debe ser individualista. En cuanto se hace individualista, está equivocado. Este principio, esta característica de ser individualista es imposible, como ya he dicho, en un ejército. Eso es lo primero que debe ser reprimido en una persona que entra al ejército. El proceso puede ser muy doloroso; pero debe comprender que ya no puede comportarse como antes. Tal vez en casa la persona fue un niño mimado, y tan pronto quería alguna cosa la obtenía, era él quien gobernaba. Pero todo eso debe cesar. En el ejército debe someterse a otro. Sería imposible dirigir un ejército compuesto de una serie de personas individualistas. Todo eso debe ser sumergido.
Para expresar el asunto de otra manera, debemos dejar de ser agresivos. La agresividad es la antítesis misma de lo que el apóstol está diciendo: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. Una persona que sigue este camino nunca es agresiva. El ego es la raíz de todos nuestros problemas. El diablo lo supo desde el comienzo mismo cuando tentó por primera vez al hombre: ¿Dios les ha dicho que no deben comer de esto? Lógicamente lo dijo sabiendo que al hacerlo ustedes serían como dioses. Eso es ofensivo para ustedes; eso los mantiene reprimidos. No se sometan a eso, afírmense ustedes mismos". ¡La afirmación del ego! ¡Cuántos estragos han sido obrados en el mundo por causa de la afirmación del ego! Ha sido la causa de las dos guerras mundiales que hemos tenido en este siglo. Es algo que puede tener carácter nacional o individual. 'Mi país, tenga o no razón', y, en consecuencia, ¡guerras y conflictos! Pero lo mismo ocurre al nivel de las relaciones individuales; todos los problemas nacen de este horrible ego, siempre ansioso de salirse con la suya.
Otra forma más de expresarlo es decir que el cristiano nunca debe ser obstinado. Un cristiano tiene y debe tener opinión; pero nunca debe ser obstinado. ¡Qué diferencia hay entre un hombre que tiene opiniones, buenas opiniones, opiniones fuertes, y un hombre que es obstinado, pretensioso y orgulloso de sus opiniones! Nunca debemos ser obstinados porque, nuevamente, esa sería otra manifestación del ego. La persona obstinada está mucho más preocupada por el hecho de creer que por el contenido de lo que cree; siempre se está considerando a sí misma; pone sus creencias en exhibición. Pero, por supuesto, la forma de hacerlo siempre engaña al hombre. El obstinado se muestra orgulloso de sus conocimientos. Eso se debe a que realmente no entiende el tema acerca del cual sabe un poco. Si entendiera, se mantendría humilde. Pero, en realidad, no le interesa la verdad; lo que le interesa es su propia relación hacia ella, su conocimiento de ella. Personas obstinadas siempre causan conflictos.
Esto, a su vez, conduce a otro problema. Esa clase de persona siempre tiende a asumir una actitud dominante—otra manifestación del ego—y (para utilizar la expresión del apóstol Pedro) quiere 'señorear' sobre otros. Pedro escribe en 1Pedro 5:1: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros". Se está dirigiendo a los ancianos porque la obstinación es una tentación particular que asalta al hombre que llega a ser anciano. El anciano es una persona con habilidad, que posee elementos de liderazgo, motivo por el cual ha llegado a esta posición; y por el hecho de ser anciano está particularmente expuesto a este peligro. "Ruego a los ancianos que están entre vosotros... Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey". Deben conducirse de forma que no estén ejerciendo 'dominio' en la iglesia; los ancianos deben ser ejemplos a la grey. Esto es siempre la tentación, el peligro que confrontan estas personas; y cuanto más claras sean las ideas de una persona, tanto más expuesta está a esta tentación particular. Pero no deben caer en ella, dice el apóstol; ustedes deben 'someterse unos a otros'.
Este tema puede ser ilustrado casi sin fin. Quizás podamos resumir lo que hemos estado diciendo de esta manera: el cristiano nunca debe ser egoísta. He estado explicando las manifestaciones del ego; el centrarse en sí mismo siempre conduce al egoísmo. Entonces, para seguir desarrollando aun más este tema, diremos que este hombre del mundo con el cual el apóstol contrasta el cristiano es esencialmente egoísta y egocéntrico, es descuidado y desconsiderado con respecto a otros. Está tan preocupado de sí mismo que nunca tiene un minuto para otras personas. Anhela tener algo, pero nunca se le ocurre pensar que alguien más también puede desearlo. Desea mejorarse, pero la otra persona también desea mejorarse. Ahora bien, él no se da cuenta de ello; por lo tanto, por el hecho de estar tan concentrado en sí mismo y descuidado, es particularmente descuidado y desconsiderado con respecto a la posición, necesidades, deseos y bienestar de otros. Es probable aun que irá al extremo de querer despreciar a otros y de tratarlos con un aire de menosprecio. De esto hay una acertada ilustración en la primera epístola de Pablo a los corintios. El verdadero problema allí era el mal que estuve describiendo; por eso también el apóstol tuvo que escribir el capítulo 12 sobre la iglesia como cuerpo de Cristo. Aquellos que eran 'las partes más decorosas' despreciaban a aquellos que eran 'las partes menos decorosas' y estos últimos tenían celos de aquellos debido a su ostentación, a su importancia y al honor que se les rendía. De modo que allí había una carencia fundamental de la comprensión de este principio.
Una última forma en que podemos expresar esta consideración negativa es decir que la persona egocéntrica, egoísta e individualista, descuidada y vanidosa, casi siempre es simultáneamente una persona que resiente las críticas y que es impaciente con otros puntos de vista. Si yo estoy muy orgulloso de mi propia opinión, me siento profundamente insultado si alguien se atreve a cuestionarla u oponerse a ella. No importa que se oponga a la verdad, me importa el hecho de oponerse a mí. Sólo importa lo que yo creo. De manera que esta persona resiente las críticas y es impaciente con otros puntos de vista. No desea oírlos y, en realidad, se opone a ellos. Es una persona hipersensible. ¡Qué cosa más extraordinaria es este 'ego'! ¡Qué enfermedad vil es la vanidad del ego! Nótese la multitud de sus síntomas. Afecta a toda la actitud de un hombre, cada una de sus partes, sus pensamientos, su parte emocional, afectiva, sus acciones, su parte volitiva, todo ello está implicado. Mire el cuadro de esta persona: egoísta, egocéntrica, obstinada, tendiendo a dictar a los demás, hipersensibles. Y luego, ¿qué ocurre? Como siguiente paso siempre amenaza con renunciar. Siente que siempre le están dudando, que nunca le tienen confianza, no hacen lo que él dice, o no aprecian lo que él piensa. El deduce que esto es injusto y, por eso, pone su renuncia. El apóstol está escribiendo sobre la vida de la iglesia y dice: ustedes no deben ser así, ustedes van a hacer estragos de la iglesia si se comportan de esa manera, y si continuamente renuncian. Esa es entonces la forma negativa de interpretar estas palabras: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'.
¿Pero cual es el significado positivo de estas palabras? Por supuesto, es antítesis cabal de todo lo que he venido diciendo; pero más que eso. "Sed llenos del Espíritu". Esto significa que 'los ojos de vuestro entendimiento han sido iluminados' respecto de la verdad. ¿Adonde nos lleva eso? He aquí como se manifiesta esto en la práctica. Aquí hay una solución a todos nuestros problemas, problemas personales, problemas individuales, problemas de relación en el matrimonio, el trabajo, el negocio, en la profesión, problemas en el estado con las diferentes clases y grupos, razas y todo lo demás. Qué fácil nos resultaría ilustrar esto, por ejemplo, en términos de antisemitismo. Esa no es sino una ilustración de este gran principio. Ocurre que ese es un asunto político que con frecuencia está en la atención del público; sin embargo, la gente no comprende que es el principio detrás del asunto lo que importa. Si tiene razón en cuanto al principio, no solamente resolverá ese problema, sino muchos otros también.
El modo cristiano opera de la siguiente manera. Si los ojos de nuestro entendimiento han sido realmente iluminados, la primera cosa que aprendemos es la verdad en cuanto a nosotros mismos. Eso significa comprender que todos nosotros estamos sin esperanza, todos estamos perdidos, todos condenados, todos nosotros somos pecadores—cada uno de nosotros. "No hay justo, ni aun uno". Cuando una persona comprende que eso es cierto, inmediatamente deja de jactarse de sí misma. Esa persona no se jacta acerca de su moralidad, su bondad, sus buenas obras, sus buenas acciones, su conocimiento, sus estudios ni ninguna otra cosa. Si nosotros tan solo supiéramos la verdad acerca de nosotros mismos, estos problemas de relación pronto serian solucionados. Pero sólo el evangelio puede hacer esto; ninguna otra cosa. El evangelio nos reduce al mismo nivel, a cada uno de nosotros. No hay diferencia. "Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios". 'Judíos y gentiles' todos son uno; no hay una raza elevada, no hay gente superior de ninguna manera—todos son iguales. Cualquiera sea la verdad acerca de nosotros, individualmente todos somos reducidos al mismo nivel.
Pablo lo expresa de manera espléndida al escribir a los corintios (1Cor. 4:7): "Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" ¿No es maravilloso esto? Y sin embargo, cuánto demora la gente en entenderlo. He aquí una persona jactándose de su gran cerebro, de su gran mente, de su gran habilidad, y despreciando a otros. Un momento, dice Pablo, ¿de qué te enorgulleces tanto? ¿Acaso has hecho tu propio cerebro, lo has generado, tú le has dado la existencia? "¿Qué tienes que no hayas recibido? ¿qué es lo que te hace diferente a otros?" ¿Has creado tú esa diferencia? Por supuesto que no; todo lo que tienes lo has recibido; es un don de Dios. Si tú tienes una mente brillante, está bien, pero no te jactes de ella, más bien agradécele a Dios por esto. Eso te mantendrá humilde. Algunos son orgullosos de su buen aspecto; pero, ¿acaso lo han producido ellos mismos? Algunos son orgullosos de su habilidad en algunos aspectos—en música, arte, o elocuencia —pero, ¿de dónde lo obtuvieron? En el momento en que te das cuenta de que todos éstos son dones, dejarás de jactarte, dejarás de tener un orgullo necio. Pero sólo el Espíritu puede llevar a una persona a ese punto. El mundo obra exactamente lo opuesto; el mundo clasifica en diferentes grados a los hombres. El mundo tiene sus honores, sus rutilantes premios, y el mundo considera todas estas cosas; ellas significan todo. La gente se enorgullece de ello, se infla de orgullo y de su propio éxito. "Ustedes no han de ser así", afirma Pablo, "eso es ser lleno de vino en lo cual hay disolución. Pero sed llenos del Espíritu, y si son llenos del Espíritu comprenderán que cuanto tienen les ha sido dado por Dios, y que no tienen nada de que jactarse. Cualquiera sea el caso, el Espíritu les guiará a ver lo siguiente y es que con todo lo que tienen todavía son muy pobres, todavía son muy ignorantes, todavía son muy falibles y que todavía fracasan mucho". Dice el apóstol a la gente en Corinto, "Ustedes están inflados de su conocimiento, pero, ¿qué es lo que realmente saben? no son sino recién nacidos en Cristo. Yo no pude alimentarlos con carne, sino sólo leche, porque aún son bebés, y aun así están engreídos de su conocimiento". La forma de resolver estas dificultades relaciónales es conociendo la verdad acerca de nosotros mismos. Cuando comenzamos a conocer esta verdad, vemos que no somos sino bebés y que apenas estamos comenzando. Aquel que piensa tener la cabeza llena de conocimiento, al encarar esta verdad tal como se encuentra a la luz del Espíritu, siente que no sabe nada, que no es sino un principiante, un niñito y que todavía está lleno de fracasos y fallas.
Por eso el apóstol puede seguir, y dice: "¿Quién eres tú para juzgar a otro?" En efecto, nuestro Señor ya había dicho todo esto en las siguientes palabras: "No juzguéis, para que no seáis juzgados. Con la medida con que medís os será medido". Comprendan, dice nuestro Señor, que ustedes están bajo otro. Ustedes que se sienten elevados y desprecian a otros, miren hacia Dios quien mira desde arriba, y entonces comprenderán que no son nada. Por supuesto, el problema es que tendemos a pensar en centímetros en vez de kilómetros y nuestro pequeño montículo de unos trescientos metros nos parece ser una montaña maravillosa simplemente porque tanta gente está a nivel del mar. Póngalo a la luz del monte Everest, póngalo a la luz del cielo, y entonces dejará de jactarse respecto de su pequeña colina. Esa es la forma de obrar del Espíritu. El abre nuestro entendimiento.
Pero eso no es todo. El nos ayuda a comprender que juntos somos miembros de un cuerpo. Este ha sido el tema anteriormente en esta epístola. "Sometiéndoos unos a otros"— ¿por qué? Porque todos ustedes son semejantes a las distintas partes y miembros de un cuerpo. El apóstol introdujo ese concepto al final del primer capítulo, y lo ha desarrollado en 4:11-16. Además, como ya lo he mencionado, éste es el gran tema de 1Corintios 12: "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular" (v. 27). Si comprenden eso, también comprenderán que lo realmente importante no es que uno sea una parte, sino que es parte de un todo; es el todo lo que más importa y no la parte. Y nuevamente esa es una forma de resolver todos nuestros problemas. En otras palabras, esto lo llevará a considerar al cuerpo y al bienestar del cuerpo antes que su bienestar particular y personal. En efecto, la mitad de nuestros problemas actuales se deben a que somos demasiado individualistas en todo nuestro concepto de la salvación. Gracias a Dios que se trata de una salvación individual, cosa que hemos de subrayar siempre; pero no hemos de considerarlo desde un punto de vista individualista. Las personas siempre piensan en sí mismas y se consideran a sí mismas. Vienen a la iglesia de Dios para recibir algo para ellas mismas. Tratemos de obtener un concepto correcto de la iglesia, de esta cosa inmensa en la cual hemos sido puestos. No somos sino pequeñas partes y miembros y porciones; por lo tanto, pensemos en el todo y no en la parte. El hombre en el ejército no está luchando por sí mismo, está luchando por su país—ese es el argumento.
Tan pronto una persona comience a comprender todas estas cosas, estará dispuesta a pasar por alto sus derechos, sus derechos personales e individualistas. Es preciso que entienda este concepto de la iglesia como cuerpo de Cristo, y el gran privilegio de ser simplemente una pequeña parte o porción del mismo. Entonces ya no pensará primeramente en sus derechos, sino que en adelante estará interesado en el desarrollo y avance de todo el cuerpo, también de cada una de las otras partes—también de su vecino, del prójimo de aquél, y así sucesivamente. Juntos ellos ven esta gran unidad, la unidad vital orgánica del todo. La persona que llega a comprender esto ya no se preocupa por sus derechos como tales, ya no habla de ellos, ya no está velando por ellos y guardándolos; todo eso cesa. Además, está dispuesta a escuchar y está lista para aprender. Comprendiendo que no posee el monopolio de toda la verdad y que otras personas también tienen sus opiniones e ideas, siempre está dispuesta a escuchar y aprender. No rechaza las cosas en forma automática; en cambio, es paciente, es comprensiva y si alguien le dice, "pero, espere un minuto, yo creo que.", estará dispuesta a escuchar y a prestarle la atención adecuada. No le va a rechazar de plano, sino que dará a esa persona una oportunidad completa de exponer su posición. Luego la considerará lo mejor que pueda. En otras palabras, este hombre es la antítesis de aquél que he estado describiendo en términos negativos.
Pero podemos proseguir aun más. Afirmo que esa persona está dispuesta a sufrir, dispuesta a sufrir injusticias, si es necesario, por amor a la verdad, por amor a la causa, por amor al cuerpo total. Pablo lo ha expresado de una vez para siempre en su gran declaración en 1 Corintios 13: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser". Eso es lo que el apóstol nos dice aquí que practiquemos: 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. No se envanezcan, no se jacten, no sean desconfiados. Líbrense del ego, llénense de amor, crean, alienten la esperanza, nunca desmayen, sean pacientes y practiquen la longanimidad. En efecto, puedo resumir todo esto expresándolo de la siguiente manera: la única persona que puede someterse a otros en el temor de Cristo es la persona que realmente es llena del Espíritu, porque la persona llena del Espíritu es una persona que muestra y exhibe el fruto del Espíritu. Y el fruto del Espíritu es 'amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza'. Si una persona es llena de estas características, no habrá dificultades con ella, no habrá problemas. Esa persona siempre estará dispuesta a someterse con prontitud, de buena gana, voluntariamente, siempre por el amor a otros y por el bien de la causa entera. La única persona que puede hacer esto es aquella que muestra el fruto del Espíritu, porque es llena del Espíritu.
Esto se demuestra en una infinidad de maneras. Permítanme darles solamente una ilustración, una ilustración muy práctica. En 1Corintios 14:29 el apóstol escribe: "Así mismo, los profetas hablen dos o tres, los demás juzguen. Y si algo le fuera revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas". ¡Qué ilustración más perfecta! El problema en Corinto era el siguiente: un hombre se ponía de pie y comenzaba a hablar. Estaba tan lleno de su tema, y sentía que sólo él lo dominaba y entonces proseguía en forma interminable. Pero había otra persona que tenía una verdad y quería hablar; sin embargo, el primero no le daba lugar. Ahora bien, dice el apóstol, eso está mal. "Pero", dice la primera persona, "yo estoy lleno del Espíritu, no puedo evitarlo, estoy tan empapado del asunto y no me puedo refrenar". Sí, puede, afirma Pablo, "los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas". Contrólese a sí mismo, y al ver que otro tiene algo para decir, y habiendo tenido usted su oportunidad, siéntese y deje que hable él. Y que esa persona haga por su parte lo mismo con la siguiente: "Asimismo los profetas hablen dos o tres y los demás juzguen". Esa es la forma, afirma el apóstol, de evitar estos problemas, 'sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'.
Esa es pues la exposición de lo que el apóstol está diciendo. Pero si yo dejara el asunto aquí, estaría haciendo algo que podría ser extremadamente peligroso. En efecto, yo estaría haciendo quizás lo más-peligroso que una persona puede hacer en este momento. He estado exponiendo lo que el apóstol está diciendo; pero recuerde lo que dije al principio, que esto debe ser tomado en su contexto, y que sólo es cierto visto a la luz de su contexto. Lo que quiero decir es que este es el tipo de texto que tanto abuso sufre en nuestros días. 'Sometiéndoos unos a otros, en el temor de Cristo', afirman ellos. "Es precisamente lo que deben hacer ustedes los evangélicos cerrados. Es lo que deben hacer ustedes los anglo católicos que suelen negarse diciendo: 'no, no podemos hacerlo, no podemos unirnos a la iglesia de Roma'. Ustedes que rehúsan someterse unos a otros son toda la causa de los problemas". "Miren a los comunistas", añaden, "miren a los enemigos del cristianismo: lo que se necesita en la actualidad es una gran iglesia mundial unida, incluyendo a los católicos romanos, a los ortodoxos del este, a los modernistas liberales, a los conservadores, en fin, a todos". En efecto, algunos van aun más allá y añaden: "todo aquél que cree en Dios, los mahometanos, los hindúes, los judíos, tráiganlos. Estos no son tiempos para subrayar creencias particulares". 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo' significa, conforme a ellos, que no se debe apartarse de esa manera, y que si se hace, se está negando su propia doctrina.
Esa es la forma en que actualmente se abusa de este texto. Ellos también dicen: ¿acaso no fue Cristo quien pronunció la gran oración del sumo sacerdote diciendo 'para que todos ellos sean uno'? Entonces, preguntan ellos, "¿por qué no se someten a esto?" Ellos creen que un texto como éste es el argumento conclusivo para el movimiento ecuménico, el argumento para eliminar todas las divisiones, diferencias y distinciones y tener una gran Iglesia mundial. Allí se ve la importancia de tomar una declaración como ésta en su contexto. ¿Imaginan que el apóstol Pablo en este versículo está predicando la paz a cualquier precio, y diciendo que un hombre debe conducirse liviana y abiertamente respecto de la verdad, y diciendo que un hombre debería ser flexible y dócil y dispuesto a comprometerse respecto de las doctrinas? ¿Acaso está enseñando aquí una falsa humildad? ¿Acaso está diciendo que la lealtad al cristianismo institucional precede a todas las demás cosas y que un hombre debe poner aparte sus opiniones y adaptarse a la línea general y decir lo que todo el mundo está diciendo? ¿Acaso las enseñanzas del apóstol siguen esos lineamientos? La respuesta es ésta: El apóstol que escribió este versículo ya había escrito los capítulos uno, dos y tres de esta epístola y en ellos había establecido doctrinas cristianas fundamentales, básicas y esenciales. Esta declaración se dirigió solamente a personas que están de acuerdo en cuanto a la doctrina. Aquí no está discutiendo la relación entre personas que sostienen doctrinas diferentes. El presupone que sus lectores se basan en 'el fundamento de los apóstoles y profetas' y que están 'en la unidad de la fe'. Al hereje no se le permitía permanecer en la iglesia; era expulsado y los creyentes no debían tener compañerismo con él.
Aplicar una afirmación comunista a la 'iglesia' tal como la encontramos en la actualidad, es interpretar equivocadamente la totalidad del Nuevo Testamento. Aquí Pablo está escribiendo a personas que están de acuerdo en cuanto a la doctrina, está hablando de la actitud con la cual aplican la doctrina común, la doctrina sobre la cual están de acuerdo. Si lo interpretan de otra forma, llegarán a la conclusión de que la Escritura contradice a la Escritura. La Escritura nos manda a "contender sinceramente por la fe". El apóstol agradece a los filipenses de que ellos estuvieron junto a él 'por la defensa y confirmación del evangelio'. Si aquella otra interpretación fuese acertada, ellos habrían estado equivocados al obrar de tal manera. Luego recordarán lo que leemos en el segundo capítulo de Gálatas acerca de lo que Pablo hizo a Pedro. Pedro no tenía tanta claridad en su entendimiento como Pablo respecto a comer con aquellos que no habían sido circuncidados. Pedro, el hombre que había sido tan prominente, estaba equivocado en su enseñanza a este respecto. ¿Y qué hizo el apóstol Pablo? ¿Se sometió a Pedro en el temor de Cristo, y dijo, "Bien, ¿y quién soy yo para discutir con Pedro? Después de todo, él fue uno del círculo íntimo de quienes estuvieron con Cristo. En la carne yo nunca estuve con Cristo; en ese tiempo era un blasfemo y un fariseo. ¿Quién soy yo para levantarme contra un hombre tan grande como Pedro? Debo permanecer callado, debo prestar atención en silencio y orar; y luego hemos de trabajar juntos en un espíritu de amistad y cooperación". ¡Qué cosa monstruosa! Pablo en cambio le dice: 'Yo le resistí en la cara'. Puesto que Pedro estaba equivocado, lo corrigió públicamente ya que todo el futuro de la iglesia estaba en peligro. Se ve lo importante que es tomar una declaración en su contexto y cuan extremadamente peligroso es extraer cualquier información fuera de su contexto. Es algo que puede llevar a la negación de la enseñanza del Nuevo Testamento. Permítanme darles un ejemplo final de esto, tomado de la segunda epístola de Juan, donde el asunto es expresado con mucha claridad: "Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: bienvenido. Porque el que le dice: bienvenido, participa en sus malas obras". Eso significa culpabilidad por asociación, de modo que no debemos asociarnos con él.
'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo' no significa que uno se acomoda a enseñanzas y doctrinas equivocadas, y que se guarda silencio cuando enseñan mentiras. No, porque ello sería una negación de todo el Nuevo Testamento. Además, sería negar algunas de las épocas y eran más gloriosas de la iglesia cristiana. ¿Cuáles son las cumbres en la historia de la iglesia? Una de ellas es: Átanoslo contra el mundo. Atanasio tuvo que mantenerse solo contra todo el mundo en cuanto a la doctrina de la Persona de Cristo. ¿Qué hacía Martín Lutero? Pues bien, he aquí un hombre que se levantó contra la gran iglesia papista y quince siglos de tradición. Ciertamente lo que la gente le decía era esto: "¿quién eres tú? ¿por qué no te sometes en el temor de Cristo?" 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'. "¿Quién eres tú?" Sin embargo, él se mantuvo firme y dijo: "No puedo hacer otra cosa, por lo tanto que Dios me ayude". ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo lo había iluminado. Lutero estuvo acertado, la iglesia era la equivocada.
Dios no permita que malinterpretemos un texto como éste. Esta es una afirmación que debe ser tomada en su contexto. Pablo está escribiendo a personas que están de acuerdo en cuanto a la verdad y lo que él está diciendo es lo siguiente: "Ustedes que están de acuerdo en cuanto a la verdad, háganlo de la forma correcta; no sean obstinados; escuchen pacientemente ser indulgentes en la discusión; permitan que los otros hablen, permítanles exponer sus ideas; no censuren a los demás; no condenen a un hombre por una palabra; estén dispuestos a escuchar; tengan caridad; hagan cuanto esté a su alcance; pero cuando se trate de verdades esenciales manténganse firmes; sin embargo, háganlo siempre con corrección, en el Espíritu. Háganlo así con humildad, háganlo con caridad, háganlo con entendimiento y con esperanza. No sean ofensivos ni de mal carácter; no sean obstinados; 'Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo'.
Allí está, a mi juicio, el significado de lo que el apóstol dice en esta declaración vital e importante. Y resta todavía la última frase, 'en el temor de Cristo'. Hemos de pasar a ella, pero sobre todas las cosas estemos seguros de comprender el contexto en el cual el apóstol hace esta declaración. Hay algunas cosas fundamentales, esenciales, sobre las cuales no debe haber interrogantes ni dudas. El cristianismo tiene un mínimo irreducible; y sobre esa base hemos de ponernos firmes. Allí no nos sometemos; allí luchamos, si es necesario, hasta la muerte. Y hemos de hacerlo del modo correcto y con el espíritu correcto. Pero cuando se tratan de asuntos sobre los cuales no puede haber certeza ni conclusiones finales, es allí cuando deben recordar esta exhortación. Los miembros de la iglesia en Corinto en general estaban de acuerdo sobre los fundamentos y los asuntos vitales, los principios fundamentales del cristianismo. El apóstol no tiene necesidad de instruirlos respecto de estos principios, sino solamente recordárselos (1Cor. 15:1-4).
¿En qué sentido debía instruirlos? Sobre la forma en que hablaban unos de los otros, sobre el hecho de que algunos comían carne ofrecida a los ídolos, mientras que otros no lo hacían, y cosas por el estilo. Ellos estaban de acuerdo en cuanto al camino de la salvación, en cuanto a la deidad de Cristo y en cuanto a la expiación. Sobre eso todos estaban de acuerdo, de otra manera no habrían estado en la iglesia. Pero uno puede estar de acuerdo respecto de esas verdades y aún dividir a la iglesia y ser culpable de divisiones respecto de otros asuntos. Y es precisamente aquí donde debemos aprender a someternos unos a otros en el temor de Cristo. Si uno carece de opiniones no es un cristiano; pero si es un obstinado, es un mal cristiano. Dios nos conceda la habilidad de trazar la distinción. No se nos dice que no tengamos opiniones, o que las vendamos por poco. Se nos dice que las tengamos y que las mantengamos, pero que no seamos obstinados. Hemos de mantenerlas como 'llenos del Espíritu', manifestando amor, gozo, paz, longanimidad, bondad, mansedumbre, fe y templanza, estos gloriosos frutos del Espíritu Santo. 'No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución', no se jacten, no sean altisonantes, no sean violentos. 'Sed llenos del Espíritu'; sostengan y prediquen y enseñen la verdad en amor, y entonces las relaciones personales serán dulces, amables, llenas de amor y el nombre de Dios será glorificado a través del mundo.
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